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¿Y ahora qué?

Complicado será olvidar este 2020, un año totalmente atípico, un año triste de nuestras vidas donde muchos de los planes que teníamos se nos han ido al traste y ese, sinceramente, es el problema menor: los planes que no hemos podido hacer. Porque otros han perdido padres, madres, hermanos, amigos… además sin poder despedirse de ellos, complicado encontrar en una sociedad como la nuestra algo más triste.

Ahora vuelve la nueva normalidad, una normalidad que no es tal. Nos tenemos que acostumbrar a abrazar entre lágrimas y mascarillas en el mejor de los casos, aunque lo recomendable es ni tocarnos cuando nos hemos criado en un clima de dar besos y abrazos, volveremos a sitios donde llevamos tiempo sin ir y donde quizás ya no hay gente que sí estaba antes de todo esto y es cuando nos toca asimilar lo que hemos perdido. Seguiremos con el miedo, un tremendo miedo a no contagiar, a que no haya rebrotes y a no volver a dar un paso atrás.

Porque dar un paso atrás significaría el volver a perder seres queridos, a perder empleos, a perder la libertad, a perder las ilusiones y a volver a ser fuertes mentalmente, algo a lo que no sé a día de hoy lo preparados que estamos.

A mí me ha tocado perder gente que conocía, a vivir con miedo, a no ver a nadie pero sigo sintiéndome afortunado. Me ha costado el no ver a mi balonmano, a no ver a mi fútbol, a no ver a ningún deportista conquense competir. Me va a costar no poder disfrutar de las fiestas de El Pedernoso ni de las Carrascosa de Haro, fiestas que estoy deseando que lleguen nada más terminar las anteriores para reencontrarme con tanta gente querida.

Ahora solo espero el poder seguir viendo esa gente, con o sin música, con o sin una cerveza en la mano, con o sin un baño en la piscina… Toca la nueva normalidad esperando que no sea un paso atrás en todo y, para eso debemos, ser conscientes que esto no ha terminado.

Se nos va a hacer difícil el no abrazar cuando veamos a los seres queridos que llevamos tanto tiempo sin ver, a mí casi imposible, no os voy a engañar… Pero tomemos todas las precauciones que podamos, sabemos lo que puede pasar y los rebrotes están en la vuelta de la esquina.

Disfrutemos de la nueva normalidad, pero con la cabeza puesta en la anormalidad vivida, en lo que hemos sufrido y padecido. Tenemos claro que necesitamos libertad, que necesitamos vivir, que la vida es corta y que todo pasa demasiado rápido, pero que podemos perder mucho más si pensamos que la COVID-19 ha terminado para siempre…

¿Y ahora qué? Pues no lo sé.

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