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Domingo de Ramos… diferente

Es Domingo de Ramos… y San Andrés está vacía. Como lo más profundo de nuestros corazones. No suenan los toques en la puerta y no se estrecha el Peso, pero sí la garganta y los balcones. El primer redoble de tambor se ha quedado en el último, cuando cerró la Semana Santa en la misma plaza para no abrirse hasta nueva orden.

Fotografía: Juan Alberto Lillo

El trote alegre de la Borriquilla se ha convertido en un caminar amargo colmado de nostalgia y Esperanza en el futuro. Los recuerdos entre palmas y ramos son nuestra particular bendición de un presente que parece que nunca dejará de ser oscuro. Los niños no cantan en la Puerta de Valencia ni en San Esteban se agolpan las gentes ni el murmullo. Para la entrada triunfal de Jesús y su madre en esta Cuenca que siempre espera su arrullo.

Fotografía: Juan Alberto Lillo

Han venido curvas, pero no del Escardillo. En su espectacular despliegue de fe, pasión y cultura, se ha hecho sinuoso el camino. Más empinada la cuesta arriba y las horquillas están mudas, ¡con lo que hablan ese día!, los armarios cerrados, las túnicas colgadas, la ciudad… entristecida.

Porque los Oblatos no se agitan sin las imágenes vueltas hacia su estampa. Porque no llueven pétalos de gozo al entrar las imágenes a la Plaza. Porque sería hoy la dicha y sin embargo, ya está Cuenca crucificada.

Fotografía: Juan Alberto Lillo

Pero no temáis conquenses. Que todo llega y todo pasa. Y aunque no haya procesiones, siempre es Semana Santa. Si cerramos los ojos, escuchamos el ondeo de las ramas. Y aunque al hacerlo lloremos, no todas las lágrimas son amargas.

Fotografía: Juan Alberto Lillo

Estuvimos, estamos y estaremos. Con la Borriquilla y la Virgen de la Esperanza. Aunque el banzo quede lejos, y no haya nada sobre las andas, hay lo que no puede arrebatarse, lo que vive en lo profundo del alma. No hay pandemia que arranque aquello que más se ama.

Fotografía: Juan Alberto Lillo

Entraremos en Jerusalén a lomos de nuestros sueños. Moveremos con fervor nuestra palma. La que va siempre con nosotros, la que se ejerce con el espíritu, la que no sucumbe ante nada. Domingo de Ramos en Cuenca, sea como sea, empieza la Semana Santa.

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