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La odisea de Pedro Cifuentes. Segunda parte

Pedro Cifuentes. Al fondo, su aventura. Las fotos de este reportaje han sido cedidas por él mismo
Pedro Cifuentes. Al fondo, su aventura. Las fotos de este reportaje han sido cedidas por él mismo

Segunda entrega, de una serie de 3, sobre la aventura emprendida del alpinista conquense Pedro Cifuentes, primera persona en lograr la Travesía Integral de las Torres del Paine. Sumérgete en su desafío y gana premios.

Como novedad, nuestros lectores podrán optar a un póster firmado por el propio Pedro Cifuentes. Basta con entrar en el blog de Pedro Cifuentes
y dejar un comentario respondiendo a la siguiente pregunta. Todos los que comentaron en la primera entrega obtendrán el póster. Además, si comentas en las tres entregas entrarás en el sorteo de un regalo muy especial por parte de Pedro Cifuentes.

«¿Qué entretenimiento te llevarías a una aventura de este estilo?»

Sigue leyendo este reportaje para saber qué necesitó Pedro Cifuentes en la suya. Antes de la siguiente entrega anunciaremos el ganador.

«VÁMONOS PARA LAS TORRES, ¿NO?»

Llegar a la Patagonia, aunque complicado, podría hacerlo cualquier persona. La aventura de Pedro Cifuentes, aunque colosal, todavía no había comenzado y simplemente se situaba a los pies de su sueño, pero la parte más difícil y complicada aún estaba por llegar.

En el campamento japonés, coincidió con varias personas. Este año precisamente ha sido el que mayor afluencia ha tenido. Allí, estaba una persona que estaba ligada con Pedro Cifuentes indirectamente. Se trataba del americano Steve Schneider, que en 2002 realizó un encadenamiento a la Torre Central, pero lo que Pedro quería hacer lo superaba en ambición. También había algunos amigos de Pedro, que le dieron ánimos para que lograra su gesta, despidiéndose de él para por lo menos 30 días, lo que en principio estaba pensado que durara la aventura.

Por supuesto, los porteadores Ángela, Guarén y Juanjo acompañaban al alpinista conquense, que tras afrontar el ritual del mate pensó que ya estaba preparado para afrontar el reto. «Vámonos para las Torres, ¿no?» barruntaba Pedro en su interior.

En ese momento, Ángela y Juanjo, por temas laborales, debían marcharse. Así pues, se quedaron solos Guarén y Pedro, teniendo que transportar el material. «Del campamento japonés nos fuimos al campamento de altura que está justo antes de la morrena de subida» comenta Pedro, que sabe que ahí comienzan los peligros. Hay que superar una morrena, que con las condiciones climatológicas puede suponer una trampa mortal. «Si en la morrena llueve o nieva no puedes seguir andando porque resbala mucho. De hecho en 2010 cuando fuimos Adrián Ayllón y yo casi nos matamos» recuerda Cifuentes. Por suerte, esta vez el tiempo acompañó y realizaron el porteo sin demasiados problemas. «Guaren y yo nos subimos todo el material para arriba. Un porteo que era una paliza. La gente suele subir sin mucho peso y tardan una hora y media subiendo solo con el material de escalada, pero yo llevé unos 70 kilos a 35 entre Guarén y yo». Una barbaridad.

Pedro con los porteadores Ángela y Juanjo
Pedro con los porteadores Ángela y Juanjo

«¡DESEANDO EMPEZAR!»

Tocó pasar la primera noche fuera del campamento japonés. Junto a Guarén, Pedro ya soñaba con iniciar la escalada y comenzar su aventura. Sabía que en el momento que comenzara no iba a haber vuelta atrás y que cualquier fallo supondría la retirada. Allí se acordaba de Rolando Garibotti, un alpinista profesional que ya había pensado en realizar la misma odisea que iba a realizar Pedro, pero el argentino (aunque nacido en Italia) no lo logró en las e ó 4 ocasiones que lo intentó. Tampoco Cifuentes en los dos años anteriores.

Pero el alpinista conquense está hecho de otra pasta. En este 2013, se había preparado a conciencia. El fracaso no entraba en su vocabulario y el desistir no está en su filosofía. «Voy con todas las consecuencias y así voy liberado. Cuando me pongo a escalar es una liberación. Para mí es un descanso» afirma rotundamente. Por eso, estar en la Patagonia a escasos momentos de iniciar la escalada es un sueño para él. Tiene claro a lo que va. «Yo el día que me voy de mi casa, tengo mi testamento hecho. Tengo claro que voy y si me mato pues me he muerto. Eso no me agarrota, sino al contrario, me motiva. Yo voy liberado de las cosas materiales. La gente se aferra a lo material, se hacen esclavos de ello y eso no lo quiero en mi vida. La sociedad de hoy en día se aferra a lo material y por eso hay muchos miedos».

Suena duro, pero consecuente. «Si tu haces una actividad muy fuerte y no has arriesgado y es muy fácil algo falla» dice Pedro. Un mensaje claro de cómo se toma su vida y por qué es capaz de plantearse semejante reto sin ni siquiera pestañear. Y un ejemplo de que quizás esta sociedad otorga valor a cosas livianas.

A 13000 kilómetros de su hogar, en un lugar extremo como es la Patagonía y ante un reto que duraría en torno a un mes, cualquier persona estaría atenazada. Pedro no. «¡Deseando empezar!» nos resume el alpinista conquense, ante las sensaciones que tiene aquel 12 de enero.

Pedro y Guarén
Pedro y Guarén

«VENGO A TRABAJAR Y NO A PASARLO BIEN»

Un día después, Pedro Cifuentes se las vería con la primera pared de la Torre Sur. «El día acompañó. Cuando llegamos a la pared, me metí a escalar directamente. Cogí 4 litros de nieve antes de ponerme a escalar, 2 para beber y 2 de reserva». Por aquel entonces, ya se encontraba solo, debido a que Guarén emprendió la vuelta y dejaba a Pedro frente a su destino, dispuesto a darlo todo para culminarlo. El 13 de enero comenzaba oficialmente la Primera Travesía Integral a las Torres del Paine, lo cual significaba que también iban a ir llegando los problemas de verdad.

El primero de ellos es el porteo del material. Al realizar la aventura en solitario se hace muy costoso transportarlo. «Como fui en solitario tuve que llevar todo el material, atar la cuerda abajo y empezar a escalar» cuenta Pedro, que nos recuerda que siempre tiene que realizar 4 viajes para poder llevarlo de un lado a otro. Pero en principio, Patagonia ayudaba a nuestro aventurero. «Cuando llegué a la primera reunión todo muy bien porque estaba muy seco. En expediciones anteriores tuve que ir limpiando hielo de toda la vía para asegurarme. Este año no había e iba por ahí como corriendo» afirma Cifuentes, que confiaba en avanzar un largo trecho el primer día.

Pero no iba a ser así. «El primer problema lo tuve al izar el petate del primer largo que casi no podía moverlo de lo que pesaba. Un largo me duró 3 o 4 horas» afirma, un tiempo muy superior a lo que el estimaba. De hecho, aquel primer día confiaba en realizar diez largos, pero tan solo pudo realizar la mitad. «Ese día solo pude hacer 3 largos, más fijar otros dos, entre el peso, haciendo composición de la vía, aclimatándome…» recuerda Pedro. «Quería avanzar mucho y lo único que hacía era cansarme más».

La emoción había embargado a Pedro Cifuentes. El buen tiempo que acompañaba su expedición le hizo pensar que podía avanzar más rápido. «El primer día iba con el ansia, me pudo el ansia más que la cabeza. No te puedes desfondar el primer día, estoy solo allí»

La frustración acompañó la noche. «Me acosté en la hamaca frustrado por no haber podido hacer más largos. Quería hacer 10 y solo hice 3 fijando dos más. Pensaba que no iba tan rápido o que no estaba bien físicamente, pero luego pensé que el primer día es el que más peso llevas. La sensación de por la noche fue decepción de joder donde voy con la cantidad de metros que quedan y arrastrando todo este puto peso». Aquel desengaño cambió el chip de nuestro protagonista. en vez de cansarse escalando y desmotivarse por no alcanzar sus metas fijadas cada día, se lo tomó como un trabajo. «Los días siguientes cambié el chip. Esto es un trabajo y yo vengo aquí a trabajar y no a pasarlo bien. Me puse todos los días como norma comer, beber y descansar».

Un cambio sustancial en su planteamiento. Ahora tocaba pensar en tiempo, no en distancia.

Pedro Cifuentes recogiendo nieve para su aprovisionamiento
Pedro Cifuentes recogiendo nieve para su aprovisionamiento

«ESO NO LO HA HECHO NADIE EN EL MUNDO»

Ese primer día demostraba las ganas que tenía Pedro Cifuentes de cumplir su sueño. Pero no había sido fiel a sus principios. Su meticulosidad quedó en un segundo plano superado por los impulsos, algo no habitual en su forma de proceder. «Se juntó todo, las ganas de hacerlo rápido, el tiempo…». Hay una ley de todos los alpinistas que dice que cuanto menos tiempo estés en la pared, menos tiempo estás expuesto a los riesgos. Por lo que su nuevo planteamiento de pensar en horas y no en distancias recorridas se ajustaba mejor. Con sus descansos, su tiempo para dormir y descansar y sus horas escalando. Más rutinario, pero más seguro.

Nunca está de más recordar que la montaña no tiene miramientos. «Si hay desprendimientos y te rompes una pierna o un brazo estás muerto porque estás tú solo» recuerda Pedro. «Allí solo tengo un teléfono móvil y un botiquín» – continúa- «y es muy difícil montar un equipo de rescate. Y si lo montan de que llega lo tienes difícil, estás jodido». Un helicóptero se encargaría de buscarle, pero apenas despega 5 ó 6 veces al año, por las inclemencias meteorológicas.

En su segundo día embarcado sobre las Torres del Paine, Pedro avanzó bastantes metros. «Al día siguiente llegué al hombro y me llega la noticia de que viene malo. A mí me vino muy bien porque habían sido dos días de mucho trabajo, sobre todo el primer día, que me agotó física y psicológicamente. Ahí me quedé un día entero descansando que me sentó muy bien para pensar» afirma.

Aquel primer día de descanso lo aprovechó para recuperarse, pero también para plasmar sus impresiones en su cuaderno. Pedro Cifuentes siempre acompaña sus expediciones con una bitácora, en la cual resume sus sensaciones, pinta o simplemente transcribe la distancia recorrida. «Yo llevo un cuaderno de bitácora, como un diario de a bordo. Es de gran ayuda». Es una de las formas que tiene de evadirse de la montaña.

Pasado el día de descanso, el 16 de enero se dispone a afrontar la cumbre a la primera Torre, la Norte. El día estaba mejor, aunque aún hacía un tiempo inestable, pero la experiencia acumulada fue su guía. «El 16 amaneció regular pero yo conocía bien esa parte y estaba motivado por lo que fui hacia la cumbre de la Torre Norte. Yo sabía que arriba en la cumbre secundaria podía estar de puta madre porque ya la conocía por lo que me fui para arriba aún con el mal tiempo» cuenta Pedro.

Esa cumbre secundaria estuvo habitada por Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón en el 2010, cuando pasaron 3 días sobre ella. Por aquel entonces, recuerda con cariño, llevaban una olla expréss en la que cocinaron unas lentejas. Quizás se traten de las personas que han comido lentejas en mayor altitud. «LLegamos a la cumbre secundario y hago noche. Tenía muy buenos recuerdos de la primera expedición que estuvimos allí tres noches por un temporal. Lo pasamos genial allí, porque nos hicimos lentejas con jamón y chorizo. Eso no lo ha hecho nadie en el mundo, unas lentejas arriba no te lo puedes imaginar lo que es».

Finalmente, alcanza la cumbre principal el 17 de enero. En tan solo 5 días, llevaba realizada una de las tres Torres. «La cumbre principal la alcancé el día 17 que también hizo malo, pero quería llegar a la principal porque la conocía muy bien y la bajada son 2 rapels y luego subo la vía ‘Cuenca es única’ que la conozco muy bien [NdA: Esa vía la abrió él junto a Adrián Ayllón]. LLegar a una cumbre en cinco días era un logro con todo lo que llevaba. Me aportó mucho psicológicamente para encarar la Torre Central. Ya me había quitado 1 de 3. La Torre Norte no es la más alta pero en metros totales sí es la más larga»

Pedro Cifuentes en la cima de la Torre Central.
Pedro Cifuentes en la cima de la Torre Central.

«MI AMIGO GORRI»

Con la cumbre Norte alcanzada, es buen momento para hablar de la otra parte de la escalada. Pedro cambió el chip y permanecía 8 horas escalando pero ¿y las demás?. El alpinista conquense se llevó un MP4, donde tenía canciones y películas que le dan fuerzas para motivarse. «Algunas noches veía algunas películas en el mp4. LLevé películas de acción como Rambo, Rocky, Gladiator… para motivarme». Él mismo nos recuerda que en su aventura se siente ligado con la primera película de Rambo, llamada Acorralado. «Es la película que más me motiva y que allí me daba fuerzas. Allí también estaba yo acorralado» cuenta Pedro, haciendo un símil entre su aventura y la película de Sylvester Stallone.

Pero también necesita escuchar música. «Cuando voy escalando siempre me pongo música. Las canciones me recuerdan a Cuenca, a mis amigos… Cada canción te lleva a un sitio diferente y en cierta manera te estás evadiendo». Es su manera de estar en otros sitios a pesar de encontrarse en La Patagonia. Es fácil ver en su MP4 a José Luis Perales, por ejemplo. Casi siempre lleva música española, pero hay un grupo que escucha con especial cariño, a pesar de no ser españoles. «Llevaba casi todo música española. También llevo los Modern Talking en honor a mi amigo Gorri, que se mató hace tiempo y lo escuchaba. Cuando estoy escalando y me suena una canción me acuerdo de él y me motivo para hacerlo por él» reflexiona Pedro, quien se emociona cuando habla de su amigo.

Aunque el MP4 le acompañe en todo momento, no siempre le da uso. «Cuando viene un largo que es muy difícil, no puedo ponerme música porque tengo que estar concentrado al 100% y la vía requiere mucha concentración» afirma el alpinista conquense.

«LA MONTAÑA RUSA»

Seguimos en la Torre Norte. A Pedro le avisan de que hace bueno y lo tiene claro. «Rapidito que hay que seguir» piensa Cifuentes, que no quiere desaprovechar ningún momento de buen tiempo. Así que apenas ha hecho cumbre sigue su camino, encarando la bajada hacia la Torre Central, dispuesto a avanzar los metros que sean posibles. «Empecé a bajar y esa vía, la Moncino tiene como 400 metros. La bajé súper rápido. No sé si es que me fue muy bien o que ya conocía por donde tenía que bajar».

Pero un gran viaje también conlleva grandes sorpresas. Al llegar al collado entre la Torre Norte y la Torre Central, Pedro empezó a oir voces. No se estaba volviendo loco ni se imaginaba cosas raras, sino que mientras se encontraba montando la hamaca para descansar, aparecieron cuatro rusos bebiendo vodka. La situación fue cuanto menos curiosa. Una expedición de cuatro rusos que iban a escalar que se encuentran a un hombre que aparece entre las rocas, cargado con el equipo y con una barba de varios días. «Cuando me vieron aparecer con los dos petates me miraban y cuando les explique en inglés lo que estaban haciendo gritaron ‘¿QUÉ?’, y cuando vieron que no llevaba compañero dijeron ‘¿CÓMO?'». Los rusos empezaron a hacerle fotos mientras lo miraban como a un ser superior o incluso un extraterrestre. En cierta forma, lo que Pedro estaba logrando así lo era.

A pesar de su fortuito encuentro, Pedro no podía detenerse. Hacían días buenos y no quería perder un segundo. Los rusos siguieron su camino y nuestro alpinista el suyo y ahora tocaba hacer frente a uno de los sitios más peligrosos. Entre la Torre Norte y la Central hay una zona muy técnica y difícil. El primer largo que hay desde la Torre Central es de los más complicados y que requieren de más destreza y Pedro iba con mucho respeto hacia las torres. «Subí un largo sin cuerda ni nada y ví una repisita para poner la hamaca. Monté el campamento justo antes de ese largo complicado para pensar bien como hacerlo, me daba un poco de miedo.

Pedro requería de toda la concentración, pero los rusos seguían rondando por los alrededores y no contribuían demasiado a la causa. Eran las 5 de la tarde y estaban montando un escándalo que no permitía descansar. Era o la montaña o la desconcentración fruto del alboroto por lo que Pedro decidió ir para arriba y lanzarse a escalar de nuevo. Y es escalando cuando Cifuentes se encontraba más cómodo. Los rusos le desconcentraban, le impedían el descanso, y eso era algo principal si quería completar la travesía. En la pared olvidaba, ponía los cinco sentidos en la escalada y apartaba de su mente todo lo demás. Poco a poco se iba encontrando más y más cómodo y le iba embargando la emoción. «Iba escalando y ni me acordaba de poner protecciones por la emoción. En dos horas hice cuatro largos que era lo que hacía en un día entero y encima de los más difíciles de la ruta. Todo iba muy bien y es en ese momento cuando pensé que éste era mi año».

Esa noche fue de las mejores de la expedición. Había completado ya una gran parte del recorrido y además se estaban dando las circunstacias idóneas para lograrlo. Era el momento de soñar despierto. «Esa noche no pude dormir en toda la noche con ganas de que llegara el día siguiente. Además los rusos no paraban de tirame piedras haciéndome avalanchas». Los amigos rusos que tenían un papel meramente presencial en esta historia, finalmente se hicieron notar.

Pedro con su hamaca instalada.
Pedro con su hamaca instalada.

«SUBIDONES QUE TE CAGAS»

No todos los encuentros fueron desafortunados. A la mañana siguiente, cuando Pedro se levantó no pudo dar crédito a lo que veía. Escalando a tan solo unos metros de su posición, estaban dos amigos suyos de Santiago de Chile, a los que había conocido en expediciones anteriores. Los dos escaladores son familia, tío y sobrino, y en el mundillo de la escalada se les conoce como los Señoret. Pedro los recordaba bien, son tío y sobrino pero el tío es el más joven y el sobrino más mayor. En la soledad de la montaña, encontrarse con amigos y más sin esperarlo es como un soplo de aire fresco. «Cuando me los encontré me dio una alegría que te cagas. Nos comimos juntos una chocolatina que les regalé ya que iba bien de tiempo y de comida y me lo podía permitir».

Fotografías cedidas por Pedro Cifuentes
Pedro Cifuentes y los Señoret

Los Señoret solo tuvieron palabras de ánimo para Pedro, y le decían que era un grande y que él podía lograrlo, conseguir lo que no había hecho nadie. Quizás las palabras avivaron las fuerzas de Cifuentes, quizá la alegría de ver a dos amigos o quizá el hecho de saber lo bien que iba la expedición y que lo estaba logrando, pero fuera lo que fuera, siguió escalando a un buen ritmo. Llegó al largo 11 en uno de sus días menos duros con una grata sorpresa que le aportó fuerza mental. Al día siguiente volvió a encontrarse de pasada con los Señoret pero ya no volvió a verlos nunca más.

Estaba a mitad de la Torre Central y necesitaba descansar, pero no fue fácil encontrar una ubicación buena para hacerlo. Primero vio un vivak a mitad de la torre pero no convenció mucho a un Pedro que conocía perfectamente el medio y como adaptarse a las circunstancias del mismo. «No me gustó esa ubicación porque hacía mucho aire por lo que poner la tienda ahí era una locura. Tenía que buscar otro sitio, así que dejé el material ahí y me puse a buscarlo».
En la Torre Norte era en la que que mejor conocía los sitios para establecer campamentos pero aún así también sabía donde buscarlos en las demás torres. La necesidad acuciaba, porque Pedro era sabedor de la importancia de los buenos establecimientos para los campamentos para la consecución del objetivo. Se puso a escalar sin cuerda hasta hacer dos largos y encontrarse una repisa con una especie de techado rocoso. El conocimiento del medio de Pedro fue vital ya que de haber pasado la noche en la primera ubicación habría estado muy expuesto al viento y la expedición podría haberse arruinado. «Si no conoces el medio y donde tienes que descansar la has cagado».

Llegar a la cumbre de la Torre Central fue muy costoso. Pedro venía de conseguir hacer varios largos en muy poco tiempo, pero las travesías desde la mitad de la torre hasta la cumbre fueron más difíciles y largas de lo esperado. «Para llegar a la cumbre eran dos travesías. Me llevó hacerlas un día entero cuando yo pensaba tardar solo unas horas.

La segunda Torre se hacía esperar, y las fuerzas físicas iban menguando por el esfuerzo. La Central reclamaba el esfuerzo para ser conquistada, y Pedro estaba dispuesto a complacerlas. A base de esfuerzo, ganas, técnica y tiempo, coronó la Torre Central el día 24. El objetivo estaba cerca y la expedición iba por buen camino, segunda torre conquistada y «un subidón que te cagas». Pero pronto Patagonia se haría notar y mandaría una nueva prueba a nuestro alpinista.

Fotografías cedidas por Pedro Cifuentes
Pedro Cifuentes se despide de sus amigos

«UN REVÉS PATAGÓNICO»

Estaba a tan solo una cumbre de coronar su sueño, pero lo que hasta la fecha eran casi facilidades iba a complicarse. Quizás La Patagonia y sus Torres del Paine eran conscientes de lo que Pedro estaba intentando y se rebeló. Cuando llegó a la cima de la Torre Central, Pedro llamó emocionado a Ivo Kusanovich, para contarle dónde estaba y cómo venía el tiempo, pero pronto su felicidad se vería truncada. «Llegué a la cumbre de la Torre Central, llamé a Ivo de la emoción y me dijo ‘date vidita’, tienes medio día para bajar que vienen días malos. Baja y búscate un buen refugio». Más claro imposible, no había tiempo para descansar ni celebrar la cumbre. «Ivo me dice ‘yo soy de aquí, conozco el tiempo, y te digo que debes bajar'» recalca Pedro, que sabe que debe encontrar un buen lugar para abordar lo que, en principio, serían dos o tres días de un tiempo patagónico.

Sabe que su aventura se enmarcaba en un sitio especial. Y también era consciente que el tiempo podía echar al traste su desafío, porque en sus dos intentos anteriores fue esa la causa de no poder completarla. «En un día en Patagonia son las cuatro estaciones del año. Te hace sol, al rato está lloviendo, bajan las temeraturas, se pone a nevar y luego se levanta un viento de 100km/h» avisa el alpinista conquense. Hasta la fecha, no había tenido grandes problemas con la meteorología, pero solo era cuestión de días.

Los avances que llevaba en 12 días eran mucho más de los esperados, por lo que parar un par de días no era ningún problema. Además, quizás no sería para tanto y podría seguir con su máxima de «avanzar un poquito cada día». Así que sin tiempo de celebraciones, Pedro Cifuentes comienza la bajada. «Bajé la central y me tuve que buscar un sitio para establecer campamento. Yo me bajo, ya tengo dos torres hechas, llevaba 12 días que no son tanto así que no pasaba nada por descansar».

Pedro Cifuentes en su refugio
Pedro Cifuentes instalado en una cueva anterior a las Torres del Paine

«UN INVITADO NO DESEADO»

Las prisas por encontrar un sitio no le cegaron en su meticulosidad. Llevaba un sitio planeado, pero pensó que vendría mejor bajar un poquito más a una repisa. Ahí, además encontró una nevera donde el hielo se iba fundiendo y tenía un poco de agua, pero no todo eran buenas noticias en aquel sitio. «Bajé al collado de la Central y de la Sur. Ahí hay un nevero que se va fundiendo y cae un hilito de agua. Hay una placa de piedra y ahí pongo la hamaca. Cuando vengan las inclemencias del agua y el viento a mí no me afecta tanto. Por un lado el sitio era bueno porque tenía agua, pero por otro todo el equipo se estaba mojando. Cada media hora me despertaba y secaba el saco».

Un problema grande, pero necesario. Al fin y al cabo, debía aguantar en aquel sitio un par de días y el tercero ya se vería. Pero no sería así… Quizás las Torres del Paine habían permitido llegar con facilidad a Pedro hasta ahí, pero no iba a dejar conquistarse tan fácil. «Muchas veces las condiciones de Patagonia no te dan pie a nada. Si el tiempo no te deja olvídate porque te vas a morir» cuenta con crudeza Pedro Cifuentes. Pero también es una persona con una positividad enorme, por lo que prefirió pensar que el mal tiempo le venía bien para descansar. Al fin y al cabo, llevaba 5 días sin descansar prácticamente nada, por lo que estar un par de días en la tienda le vendría bien para coger fuerzas y afrontar la última cumbre.

Sin locuras, se encierra en su tienda y espera que el tiempo le dé un respiro. Pero no parecía estaba por la labor. Lluvias, frío y, lo más peligroso, el viento, afloraban a su alrededor. «Cuando hay mucho viento encima hay unos cacho desprendimientos que lo flipas» recuerda. Pero como decimos, siempre mira el lado positivo. «Si me hubiera quedado en el otro sitio había sufrido más. Este era el año conforme iba todo. Yo sabía hacia dónde iba a soplar el viento y entonces sabía dónde resguardarme. Si te resguardas vas a salir airoso seguro. Porque el viento te arranca la vida».

Hasta la llegada del mal tiempo la aventura iba perfecta. «Todo iba cuadriculado hasta ahí. Dos día buenos de escalada, un día malo de descanso. Pero a partir de aquí el tiempo se notó mucho». Porque quizás sepamos que Pedro conquistó su aventura, pero lo que no sabemos es lo que sufrió en estos momentos… Lo que iban a ser dos días se convirtieron en unos cuantos más. «Yo no imaginaba que los días que estuve encerrado fueran a ser tan tan malos. Estamos en pleno verano y las temperaturas y los vientos son increíbles» cuenta Pedro.

La Patagonía no se iba a dejar conquistar sin dificultades. Y Pedro lo iba a notar.

Pedro Cifuentes admirando su objetivo
Pedro Cifuentes admirando su objetivo

Como novedad, nuestros lectores podrán optar a un póster firmado por el propio Pedro Cifuentes. Basta con entrar en el blog de Pedro Cifuentes
y dejar un comentario respondiendo a la siguiente pregunta. Todos los que comentaron en la primera entrega obtendrán el póster. Además, si comentas en las tres entregas entrarás en el sorteo de un regalo muy especial por parte de Pedro Cifuentes.

«¿Qué entretenimiento te llevarías a una aventura de este estilo?»

Comentarios

9 Comentarios

  1. Hola. Yo fuí al Parque TDP a conocerlo hace un mes atrás y creo que tuve mucha suerte, me llovieron sólo 2 de 13 días, y encuentro maravilloso el logro hecho por Pedro, no creí que fuera tan complicado hacerlo, pensar el el tiempo y sus inclemencias, frío, viento, nieve, etc. lo hace muy meritorio. Bueno, Yo llevaría para el entretenimiento algo liviano y de poco volumen: un MP3 con mi música favorita. Felicidades.

  2. Cuando escalamos juntos los largos finales de la Murciana junto con mi compañero Rafa y la chica que te acompañaba en Riglos, no me imaginaba en lo que te ibas a meter. Increíble actividad la que has llevado a cabo, yo no la afrontaría sin llevar encima algún giga con temas de los 80 y mucho rock sinfónico. Enhorabuena y saludos desde Granada. 😉

  3. Yo me lo encontré a su vuelta a España y pensé que iba sentada al lado de un loco, escucharle y ahora creérmelo confirma el regalo que tuve por las circunstancias.
    No es que no sea loco, creo que para tener esa fortaleza y aguantar tantos momentos críticos… tiene que tener la mente muy bien atada.
    Muuu GRANDE Pedro¡¡¡
    Bsss

  4. Felicitaciones amigo!!!! excelente trabajo, tu pasión. Transmites lo importante que es la paciencia y perseverancia para cumplir los sueños, éxito en lo que emprendas.
    Bless 🙂

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