El internacional colombiano que engrandece el voleibol conquense

El internacional colombiano que engrandece el voleibol conquense

Fredinson Mosquera se encarga de las categorías inferiores del CV Hervás. Ha defendido la elástica de la selección colombiana en más de 100 ocasiones

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Fredinson Mosquera, con el 9 en su camiseta

El protagonista de este miércoles no ha nacido en Cuenca, pero sí es una parte muy importante del deporte de la provincia e, incluso de la región. Nacido en Cali (Colombia) allá por 1981, es reconocido por su amabilidad, su sonrisa y su simpatía, y siempre atiende con respeto e inquietud a todas las personas que se le acercan. Y son muchas, dado el volumen de niños, niñas, adultos y adultas que tiene a su supervisión. Aunque todavía no hayamos mencionado su nombre, si nombramos que cariñosamente le dicen ‘Negro’ seguro que los aficionados al deporte ya saben de quién estamos hablando. Él es Fredinson Mosquera, y es parte fundamental del Club Voleibol Hervás, además de seleccionador regional.

Sus comienzos en el mundo del deporte se remontan a su juventud, jugando al fútbol en su barrio, un deporte que comenzó en el medio para acabar siendo portero. No era lo suyo, pero él disfrutaba jugando. Ya en el colegio, consideró que la práctica deportiva era muy importante y fue probando diferentes deportes en el centro educativo como el beisol o el baloncesto escolar. Hasta que conoció a uno de los amores de su vida, el voleibol.


Dado su tamaño y velocidad, despuntó desde pequeño en el voleibol. Sin ir más lejos, a los 11 años ya vieron madera de estrella en él y se dedicó al 100% a este deporte, tras fijarse en él unos representantes y superar una prueba, que le ofrecieron acudir a un Centro de Alto Rendimiento situado en su propia ciudad, lo que le permitía seguir viviendo en casa. Habitual en las convocatorias inferiores de la selección nacional, su explosión no tardó en producirse. A los 15 años ya se convirtió en internacional absoluto, y no abandonó el combinado nacional hasta su retirada de la selección a los 24 años. Más de 100 partidos a su espalda con Colombia, algo que pocos jugadores pueden decir.

Su partido de debut con el combinado nacional lo recuerda bien. Fue en Venezuela, en un torneo correspondiente a los Juegos Centroamericanos y que les enfrentó en su primer encuentro contra México. Perdieron 3-2, aunque el resultado fue lo de menos y sí la experiencia que obtuvo, dándose cuenta que tenía madera para el voleibol al más alto nivel. Eso sí, fue una sensación extraña la de perder para él, ya que formaba parte de una generación prodigiosa del voleibol colombiano, en el que los integrantes del Valle del Cauca copaba la selección y con los que, afirma, no recuerda haber perdido.

Si bien posteriormente jugó en Cuba, uno de los países con más tradición de este deporte y donde le obligaban a jugar de todo, a los 16 años ya se especializó en su posición habitual, la de central. Rápido, versatil y con gran movilidad, destacaba en cada cancha que pisaba.

No tardó, por tanto, en dar el salto a profesionales y lo hizo en Argentina, con el Social Monteros de Tucumán. Su buena temporada en la élite del voleibol argentino le llevó a fichar por uno de los grandes del país, el Chubut Volley, donde permaneció otra campaña. Posteriormente, Colombia intentó la heroica para clasificarse a los Juegos Olímpicos, con rivales de tanta enjundia como Brasil o Argentina y con solo dos plazas para el continente. Confiaron en él y su generación, y aunque no lo lograron se quedaron cerca de dar la campanada.

Ahí se enfrentó contra las mejores selecciones del mundo, y enseguida un jugador le llamó la atención. El opuesto brasileño y uno de los mejores jugadores de la historia, Marcelo Negrao, el cual se convirtió en su figura a seguir.

Tras esta experiencia se animó a dar el salto y cruzar el charco. Le esperó Grecia, con un conjunto de Salónica. Un cambio drástico, y en el que el entrenador le obligó a aprender el idioma (aunque Fredy dominaba también el inglés). Dos años estuvo en Grecia, un periodo que recuerda con cariño. Fue su última estación antes de llegar a España por motivos familiares, donde recaló en el equipo de Vigo, de la Superliga. Con multitud de extranjeros y en un conjunto donde nada funcionaba, lo recuerda como una de sus peores experiencias en el voleibol.

Pero como no hay mal que por bien no venga, ya que su paso por España le permitió conocer a Javier Torrijos, persona indispensable en el voleibol conquense, y que le ofreció llevar las escuelas allá por 2009. Como anécdota, a su llegada a Cuenca paseaba con su mujer por Princesa Zaida, cuando vio a tres jóvenes con una sudadera de voleibol. Se acercó a ellos para interesarse por el club, y así estableció su primer contacto con el CV Hervás Cuenca. Aquellos ‘críos’ eran Santiago Huete, Andrés Rodríguez y José Luis Núñez, hoy día compañeros de fatigas en un club donde ha hecho grandes migas con gente como Santiago Sepúlveda ‘Gato’ o Jesús Ortega ‘Chule’, entre otros.

Desde aquel 2009 y hasta la actualidad, su peso en el voleibol ha ido creciendo a la par que su figura se nombra con cariño en los mentideros deportivos. Pasó de manejar unos 40 niños, a los más de 200 que hay actualmente. Y de ser un equipo que a nivel regional funcionaba bien pero sin ser una potencia, a ser actualmente el mejor equipo castellano-manchego en categorías inferiores, como muestra, por ejemplo, la triple corona conseguida este 2017.

Con el título de entrenador internacional que concede la Federación Internacional de Voleibol, actual seleccionador regional cadete e integrante de la parte técnica desde 2015 de los Campus que organiza la Federación Española de Voleibol, se trata de todo un grande, en todos los sentidos, del deporte conquense y al que Cuenca le debe tanto como él a la ciudad.

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