Inicio Noticias Ciclismo Carlos Martínez: “Yo quiero volver a darlo todo, a competir para ganar”

Carlos Martínez: “Yo quiero volver a darlo todo, a competir para ganar”

Carlos Martínez Prieto es un joven conquense que ha sufrido en cuatro años los altibajos que cualquier deportista podría vivir en una carrera de décadas. Una subida hasta lo más alto, con mucho tiempo, sudor y esfuerzo, hasta una bajada en picado que le ha llevado a dejar el ciclismo de montaña, al que ha descrito como “mi vida”.

El ciclismo de montaña o “mountain bike”, es un ciclismo de competición que se lleva a cabo en circuitos naturales, con sendas, cuestas empinadas, subidas por montañas, piedras, bosques, caminos angostos y descensos muy rápidos donde apenas se pedalea.

Este deporte, considerado de riesgo, se realiza con bicicletas que suelen ser hechas de titanio, aluminio, carbono u otros materiales ligeros. Llevan en la parte delantera suspensión, debido a las peligrosas bajadas y algunas también usan la suspensión trasera. En cuanto a las velocidades, desde 2015 se incluyeron en el mercado las bicicletas con hasta once o doce marchas. En cuanto a los frenos, se utilizan los de disco, que están fijados al eje de la rueda y se pulsan con manivelas, siendo más pesados, pero a su vez más seguros.

En mountain bike, al ser deporte de riesgo, se recomienda que se use casco especial, zapatillas especiales para el pedal de clip, guantes de dedos largos y protectores para rodillas, codos y torso.

Entre las bicicletas de montaña podemos encontrar diferentes tipos, como pueden ser: las rígidas, sin suspensiones; con suspensión delantera, que también se llaman semirrígidas; con doble suspensión, las cuales la llevan tanto en la parte delantera como trasera; las 26 (600a) que es la medida de rueda más habitual; la 27,5 (650b), que cuenta con la rueda idónea para Enduro y Descenso y las 29 (700c), menos ágiles pero más rodadoras debido al radio de sus ruedas.

Como aficionado y amante de este deporte de riesgo tenemos a Carlos Martínez Prieto, un ciclista que se ha entregado en cuerpo y alma por este deporte para poder llegar a lo más alto de su categoría, sub23.

En el año 2014, Carlos residía en su pueblo de nacimiento, San Lorenzo de la Parrilla. Una localidad de la provincia conquense de poco más de mil habitantes. Allí, se dedicaba a trabajar en el centro de clasificación de la Granja Avícola Rujamar, S.L. y en su tiempo libre salía con sus amigos y frecuentaba el gimnasio.

Gimnasio en el cual, el monitor de este sugirió a Carlos el por qué no apuntarse a una carrera de bicicletas de montaña que había en Guadalajara. Como un plan más de fin de semana, Martínez acudió con su bicicleta sin esperar que esta alternativa se convertiría en su estilo de vida durante cuatro años.

De hobbie a estilo de vida
Cuando Carlos volvió de Guadalajara, nos cuenta que se dio cuenta de que le había gustado mucho la experiencia, el ambiente, la afición que había animándole, “ver que más de cuatrocientas personas están animándote a hacer algo que estás disfrutando es increíble”. Una carrera a la que asistieron todos los amigos de cachondeo. De hecho, Martínez nos cuenta que de seiscientas personas que participaron, él quedó en el puesto cuatrocientos.

Como nos dice el deportista, él llegó a Guadalajara con su bicicleta propia de toda la vida, sin saber lo que era una senda y sin esperarse que fuera a conectar de aquella forma con el mundo del ciclismo de montaña.

A partir de ese momento, y de manera libre, Carlos decidió dedicarse en su tiempo libre al ciclismo. Se dedicaba por su cuenta a entrenarse y a alimentarse de manera equilibrada para seguir compitiendo en las carreras que se celebraban por toda la provincia de Cuenca.

Carlos asegura que “el que algo quiere, algo le cuesta” y a pesar de trabajar más de doce horas, al salir del trabajo lo primero que hacía era coger la bicicleta para irse a entrenar. “Empecé a picarme y en cada carrera quería superarme a mí mismo” y de esta manera, empezó a ascender puestos hasta quedar dentro de los mejores de su categoría.

Su rutina diaria de vida se convirtió en empezar a trabajar a las siete de la mañana y cuando salía a la hora de comer, cambiaba esto por entrenar con la bicicleta hasta que volvía a su rutina de trabajo por la tarde, para luego acabar su día ejercitándose en el gimnasio. Así, Carlos empezó a quedar en los primeros puestos en la categoría sub23.

Pódium de Carlos Martínez. Fuente: cedida por Carlos Martínez Prieto

Como consecuencia de la carga diaria que suponía trabajar durante tantas horas, Martínez decidió cambiar de vida de alguna manera. Por ello, se trasladó a Cuenca para empezar en otro puesto de trabajo. Un trabajo en la Panificadora Conquense, que le aportaba turnos fijos y más horas para poder dedicarse totalmente al mundo del mountain bike.

Fichado por su equipo
Aun estando trabajando en su pueblo, Carlos tenía un compañero de trabajo con el que compartía afición y con el que se juntaba en los distintos encuentros de ciclismo de montaña, que solían ser los sábados por la tarde o los domingos por la mañana.

Días que, como nos cuenta Martínez, “si tenía que trabajar tenía que pedir si podía salir horas antes para poder llegar a las carreras o incluso yo pedía vacaciones propias para dedicarme totalmente a las competiciones más importantes”.

Al empezar a ganar puestos en la competición provincial de Cuenca, que son unas diecisiete carrearas anuales, el compañero de trabajo de Carlos y su equipo se fijaron en el joven para que formara parte del equipo Casagualda, “desde el principio me han tratado como a uno más y de aquí he conseguido a muy buenos amigos”, nos cuenta Martínez.

Una vez iniciada su nueva vida en Cuenca, el equipo con el que participaba en ese momento en las carreras pasó a llamarse Rujamar, y con este nuevo nombre, Carlos empezó su etapa más prestigiosa. “En las carreras de la provincia de Cuenca se hace la media de tus once mejores tiempos y ascienden de categoría los cinco primeros. Yo ese año gané en sub 23 siendo campeón y pasando a la categoría de élite”.

Carlos Martínez. Fuente: cedida por Carlos Martínez Prieto

De élite al fin
El joven de 26 años estaba en 2016 en lo más alto de la cumbre de su carrera profesional, se encontraba en la categoría de élite y aunque al principio le costó mantenerse en buenos puestos por la dificultad que tenía, Carlos consiguió con mucho esfuerzo sacar buenos tiempos y ganar en su categoría el premio provincial.

Después de participar en casi trescientas carreras, quedando en prácticamente cuarenta en el número uno del pódium, ascendiendo a la mejor categoría de mountain bike de Cuenca y encontrándose en su mejor momento como deportista a Carlos le dio un palo la vida que iba a truncar todo su futuro sobre la bicicleta.

El año pasado, en septiembre “empezó mi calvario”, según nos cuenta. Estando en su trabajo y después de realizar su rutina diaria de entrenamiento, Carlos empezó a notar que le dolía la espalda más de lo habitual y se quedó enganchado esa misma tarde.

Tras pruebas y calmantes el diagnóstico fue una lumbalgia que no acababa por más medicinas que tomaba. Pinchazos y calmantes fueron los compañeros diarios de Carlos en esta dura etapa y sin respuesta médica que estaba pasando.

Al mes siguiente y sin poder aguantar con los dolores, nuevamente Martínez fue ingresado en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca, recibiendo esta vez, la noticia de que podría estar pasando una enfermedad degenerativa que iba parando poco a poco las partes de su cuerpo, empezando por la espalda.

Meses más tarde en los que Carlos seguía hospitalizado, viviendo con dolores y rodeado de máquinas y pruebas diferentes los doctores dieron con el resultado de las verdaderas dolencias del deportista: una bacteria que tenía en la espalda se lo estaba comiendo por dentro y tras análisis optaron por el medicamento exacto para este tipo de diagnósticos.

Tras más de cinco meses, viviendo en el hospital, esta bacteria ha desaparecido del cuerpo de Carlos, dejándole secuelas en su espalda, por lo que muy a pesar del deportista, tuvo que dejar totalmente de lado su mayor afición: el mountain bike.

Carlos Martínez, a la izquierda, con compañeros del equipo Rujamar. Fuente: cedida por Carlos Martínez Prieto

Actualmente, Carlos Martínez se está recuperando poco a poco. Sigue esperando resultados, ya que puede que el próximo mes de febrero reciba una operación en la espalda para reconstruirle tres discos que la bacteria se llevó.

Tristemente, nos cuenta, que por el momento la bicicleta la ha dejado apartada, dedicándose ahora a estudiar para sacarse los estudios de secundaria y encontrar un trabajo que pueda ejercer, ya que le han otorgado la minusvalía a un 33%.

Esta triste etapa no ha hecho que Carlos pierda la ilusión por volver a subirse en una bicicleta y regresar a competir, “de momento, me he vuelto a dar algún paseo corto con los compañeros de equipo”, nos cuenta, “yo quiero volver a darlo todo, a competir para ganar”.

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