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Conexión Cuenca-Johannesburgo: 10 años del Mundial y cómo se vivió en clave conquense

Plaza de España llena. Fotografía: María José Vieco

Se cumplen 10 años del sueño futbolístico español. El 11 de julio de 2010, el Estadio Soccer City de Johannesburgo (Sudáfrica), fue testigo de la primera victoria de la Selección Española en un Mundial de Fútbol.

“La Roja” unió a un país bajo unos colores, una bandera y un plantel de futbolistas que ya son parte de la historia. Iniesta fue el que dejó su huella imborrable con el gol de todos, pero allí había otros 22 jugadores que pusieron su granito de arena de una u otra manera.

El corazón de España palpitó en Sudáfrica durante unos 30 días y con él, los ventrículos y aurículas conquenses que recibían la sangre futbolística y la expulsaban en forma de nervios.

La Cuenca abstracta prestó su rostro para pintar banderas de ilusión y fraternidad. El balón rodó desde por la tarde cuando los Xavis, Villas, Ramos y compañía, ya desfilaban por las callejuelas de la ciudad plasmados en las camisetas de los conquenses.

El pintor Gonzalo Cao decora la cara de un aficionado con los colores de España: Fotografía: Nicolás Hernaiz

Aquel día el Polideportivo Luis Yúfera se llenó de Cuenca y Cuenca, de fútbol. La pantalla aglomeró a una buena parte de los conquenses para ver la final entre España y Holanda. Banderas, camisetas y las recién extendidas vuvuzelas, llenaron de sonidos y cromatismos rojigualdas esta ciudad caliza.

Todas las televisiones de toda casa o bar de Cuenca estuvieron sintonizadas en E28°2’37.07″: S26°12’8.17″, coordenada de Johannesburgo. La gente se bebía sus propios nervios y empujaba desde sus asientos, barras y sillones para que más de 50.000 almas empadronadas en el municipio, formaran parte del equipo dirigido por Vicente del Bosque.

El actual entrenador de la UB Conquense, Fran García, recuerda que sus vecinos sacaron una televisión a la plaza del barrio en el Casco Antiguo y todos juntos vieron la final. Por su parte, el capitán del equipo, Iván Rubio, lo vio en su casa con su familia con una suculenta cena como si de una fecha navideña se tratase “con la intención de celebrarlo como podría merecer si ganábamos”.

Aficionados celebran el Mundial de 2010 en la puerta del bar El Gallo Blanco. Fotografía: Nicolás Hernaiz

Era un partido especial y como tal los preparativos fueron acordes con la ocasión. Cenas en familia, reservas en terrazas, grandes reuniones… todo ello alrededor de una televisión que paralizó las retinas siguiendo un partido de fútbol. El futbolista conquense del Castellón de Segunda B, Jorge Fernández, recuerda que «todas las calles de Cuenca estaban abarrotadas, los bares repletos y la gente se juntaba en cualquier sitio para vivir el momento».

Un momento en que tres letras lo significaban todo y todo el mundo quería cantar en clave de “GOL”. La garganta de la calle de San Francisco se heló cuando Robben encaraba solo a Iker Casillas y el pecho de Carretería se llenó de aire cuando el pie del portero de Móstoles se convirtió en reliquia de santo.

Si hubo que esperar 1.177 años para la reconquista de Cuenca, 117 minutos hubo que aguardar para la conquista del mundo. Los futbolistas españoles entraron por las líneas holandesas, como los ejércitos cristianos lo hicieron entre las musulmanas. Andrés Iniesta guió a los españoles entrando por la portería holandesa como Martín Alhaja lo hizo por la puerta de San Juan.

Pocas veces en Cuenca se ha palpado el silencio que precedía al estruendo. Como si del Miserere se tratase, Iniesta encaró puerta con el mundo parado y los sentimientos a flor de piel. Después el ruido ensordecedor que pudo sentirse de aquí a Sudáfrica.

Cuenca fue entonces una fiesta. Miles de personas se arremolinaron en torno a la fuente de Plaza de España y algunas aprovecharon para bañarse en su propio júbilo en el corazón de la ciudad. “Yo soy español”, “Campeones” o “A por ellos” fueron la letra para un himno de España que resonaba en el cielo más allá de donde Casillas había levantado la Copa del Mundo.

Aficionados bañándose en le fuente de la Plaza de España. Fotografía: María José Vieco

Jorge Fernández rememora el festejo todavía con ilusión y pelos de punta: «Después del pitido final, fui con mis amigos a la Plaza de España, ya ocupada por miles de personas, donde Cuenca y España entera se unieron sin importar ninguna razón ideológica, política o social».

He aquí un vídeo de cuando por Carretería todavía pasaban coches en esa noche en que la calle se inundó de cláxones y vítores.

También los pubs de la zona “La Calle” de la ciudad, se inundaron con el «We Are the Champions» de Queen y de caras con banderas.

La celebración de Iván Rubio, estuvo marcada igualmente por el fútbol. En su caso, empezaba la pretemporada con el primer equipo del Valencia, dirigido en aquel momento por Unai Emery, y no pudo celebrarla por motivos laborales: “En la Eurocopa de 2008 mi familia y yo nos pintamos enteros con los colores españoles y nos fuimos a la Plaza de España a festejar, pero en el Mundial, mi celebración fue escuchando la radio las entrevistas al los protagonistas mientras yo iba camino a Valencia” rememora.

Más allá de las Casas Colgadas podía verse la gloria, y el fútbol conquense también se sintió parte de aquel equipo que había asaltado los cielos. Fran García considera que “aquel título fue un antes y un después a nivel futbolístico y si echamos la vista atrás todavía no somos conscientes de lo que esa generación de futbolistas consiguió”.

Hoy, 10 años después de aquel acontecimiento sin precedentes, el país se ha encontrado con otra situación anómala que nos ha unido por causas negativas. La pandemia de la Covid-19 ha hecho que de nuevo suenen aplausos por un equipo, esta vez sanitario, y que todos nos hayamos unido bajo un mismo sentimiento.

En diez años todo cambia de forma irrevocable, y si en 2010 todos nos unimos por un equipo de fútbol, en 2020 lo hemos hecho por el personal sanitario que se ha enfrentado a una pandemia global. Hace una década la competición se jugó en Sudáfrica, hoy el partido se juega en todo el mundo.

Al margen de la positividad de un acontecimiento deportivo y de la negatividad de una crisis sanitaria, los lazos de unión se hacen fuertes ante situaciones en las que la identidad de un pueblo se ve reflejada. El gol de Iniesta hoy es parte de todos y siempre nos sacará una sonrisa cuando lo veamos por la tele. Los aplausos de las 8 ya son parte de la historia y siempre nos sacarán una lágrima cuando recordemos lo vivido.

2010-2020, una década que empezó con un gol a Holanda en Sudáfrica y que esperemos que acabe con una goleada a un virus en todo el mundo.

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