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La Vuelta Ciclista en Casa: conquenses que esperan poder volver a ver al pelotón

Sergio Zafra con la bandera de España anima a Contador en el Tour de Francia

La pasión por el ciclismo no es algo que pueda describirse con facilidad. Un sillín, una cadena, un cuadro o un manillar pueden tener un significado especial para aquellos que viven la vida a pedaladas. En Cuenca hay una importante afición por este deporte, lo cual se pone de manifiesto en conquenses que son capaces de recorrer cientos y miles de kilómetros para disfrutar de una Gran Vuelta o de una Clásica en directo.

Entre ellos se encuentran Ignacio Cañas y los hermanos Eduardo y Sergio Zafra. El primero tiene 28 años y ha viajado por casi todas las grandes carreras del continente, a excepción de la espinita del Giro de Italia. Los otros dos, de 42 y 43 años respectivamente, acuden a la Vuelta uno y al Tour otro, con asiduidad año tras año.

Eduardo lleva yendo a la Vuelta España desde 2016: “Siempre la había seguido por televisión y yo veía ese ambiente y quería ir algún año allí”. Organiza sus vacaciones en el norte de España haciéndolas conocer con el itinerario de la carrera. En compañía de su mujer y sus dos hijas, reservan alojamientos rurales en localidades cercanas a los puertos donde quieren ver pasar al pelotón: “La vuelta siempre suele pasar por dos puntos del norte mínimo y a mí por el trabajo me coinciden las vacaciones con las fechas de la Vuelta. Antes de viajar, miro qué días van a pasar por donde yo quiero ir” cuenta.

Eduardo Zafra con su familia

Su hermano Sergio, es más de Tour de Francia y lleva yendo allí cerca de 15 años aunque no consecutivos. En su caso, no hace coincidir el Tour con las vacaciones sino que sus vacaciones son la propia carrera francesa: “Vamos aposta por ir a ver el Tour. Intentamos juntar un fin de semana largo para ver un par de etapas” dice.

Sergio ha ido allí con su novia cuando todavía era novia, con su mujer e hijos y con amigos hasta el punto de que su despedida de soltero se la hicieron en el Tour de Francia.

Sergio Zafra en el alto del Galibier

El caso de Ignacio es particular. Su increíble pasión por el ciclismo le ha llevado a viajar a casi todas las pruebas que se celebran en Europa. Tiene la asignatura pendiente del Giro de Italia, pero con el Tour de Francia tiene una relación continua y duradera. Lleva yendo desde los 19 años a los puertos franceses, pero de la Vuelta ha sido espectador habitual: “Ver la Vuelta en Madrid era tradición familiar, pero en cuanto cumplí 18 me fui a Javalambre y al año siguiente entre mi hermano y yo le comimos la cabeza a mi padre para alquilar una caravana e ir al Tour”.

Durante muchos años, las vacaciones de Ignacio han sido ir al Tour planificándose el año y reservando unas fechas de ocio para ello: “Yo lo veía desde pequeño y siempre había querido ir a un puerto y he tenido la suerte de que siempre había alguien dispuesto y siempre he encontrado a alguien para ir”.

Ignacio Cañas en el Tour de Francia

La planificación a veces pasa no solo por seleccionar las etapas, sino por elegir muy bien los puntos para verla, que incluso a veces son más de uno: “A veces me recorro 180 kilómetros para ir a ver una etapa o un punto, pero no me importa” cuenta Eduardo.

Ignacio dice que a la hora de prepararse todo es poco: “Te vas a tirar dos días incomunicado hasta en la cobertura y entonces tienes que tener en cuenta hasta la comida”. Asimismo, cuenta que ahora hay foros que te ayudan a saber lo que necesitas de mano de gente que ya ha estado allí, pero que antes era más difícil. En este sentido, se acuerda de la primera vez que subió a la Bola del Mundo en Navacerrada: “Subí sin ir preparado y pasé más hambre que en mi vida. Llegué a las 8 de la mañana, la carretera ya estaba cortada y me tocó subir corriendo, luego sudas y arriba te quedas helado”.

Por eso, Ignacio dice que una caravana te soluciona muchas cosas en cuanto a la preparación, y ahora a todos los sitios donde va alquila una. Si no, te puedes encontrar con todo tipo de imprevistos, como cuenta Eduardo: «En el Mirador del Fitu, llevábamos sombrilla para el calor y la aprovechamos para la lluvia».

A veces, la primera vez para alguien es difícil y no es una tarea sencilla convencer a tu pareja cuando no ha tenido contacto con el ciclismo: «El primer año que mi novia me dijo que podíamos ir a Asturias, yo me puse a mirar en secreto el itinerario de la Vuelta. Le dije podíamos ir esta semana, e hice coincidir el viaje con dormir en San Roque de Riomiera que es un pueblo de 10 habitantes, pero da la casualidad de que allí inicia Los Machucos” cuenta Ignacio.

“Ahora ya planificamos las vacaciones para ir al Valle de Arán en septiembre haciéndolo coincidir con la Vuelta” dice. Una vez allí a ella le gustó mucho, sobre todo el ambiente, y ahora quiere volver más veces: “Le he hablado del Tour y está deseando”.

El pelotón en la Vuelta a España

Ese ambiente, es el que todos recalcan a la hora de ir a disfrutar de una etapa en directo: “El ambiente que se genera en los puertos es maravilloso y siempre conoces gente, tratas con ellos y compartes comida, experiencias, chascarrillos… hasta la música” dice Eduardo.

Dentro del buen ambiente, los que han estado en el Tour coinciden en que es algo completamente diferente: “El ambiente del Tour, por mucho que te imagines, hasta que no estás allí no puedes describirlo. En Francia, el pueblo por donde pasa en ese día es fiesta” afirma Sergio. Ignacio lo compara incluso con la fiesta de San Mateo en Cuenca cuando cae el sol.

“Allí te haces amigo de todo el mundo. Un día acabas con unos noruegos, otro día con unos italianos, otro con unos americanos. Aquello es una fiesta en toda regla” afirma Ignacio. No importa la lengua, “todos hablamos el idioma del ciclismo” dice Sergio.

La familia de Sergio Zafra viendo una etapa del Tour de Francia

Todos coinciden en que aunque para ellos el ciclismo es primario a la hora de ir, para alguien a quien no le interese tanto puede pasarlo igual de bien: “Además de ver el ciclismo ves sitios. Los Machucos o el Angliru son sitios que si no vas aposta no los conoces y son preciosos. Tú te metes en Tripadvisor y no te salen entre los lugares a visitar” recalca Ignacio.

En cuanto a la forma de disfrutarlo, también hay formas muy diferentes. Por ejemplo, Ignacio se dedicó al ciclismo hasta los 18 años de forma semiprofesional compitiendo en cadete juvenil en los clubes de ciclismo de Coslada y Navalcarnero. Este conquense se lleva siempre que puede su bicicleta y sube los puertos que horas después va a subir el pelotón. Cuenta que en algunos puertos se motiva mucho, ya no solo por lo que suponen sino porque también tiene público: “Las cunetas están llenas desde la 9 de la mañana y tú subes y la gente te anima como si fuera la etapa real. La mítica curva de los holandeses es como subir compitiendo” cuenta. Esa curva de los holandeses se encuentra en el Alpe D’Huez que, según Ignacio, “es el puerto más majestuoso y auténtico”.

Una forma muy distinta a la de la vivencia de Eduardo Zafra. En su caso va con sus dos hijas: “Han ido desde pequeñas, desde los 4 años. A ellas les gusta mucho y me lo reclaman. Me dicen que las lleve a las bicis otra vez”. Con las niñas pasan días de campo en los puertos y ellas disfrutan mucho comiendo en la naturaleza. También las lleva a respirar ciclismo a los principios y finales de etapa. En Colunga fueron a ver a José Herrada y, al decirles que eran conquenses, “se portó muy bien y pasó a las niñas al autobús del Movistar”.

Las hijas de Eduardo Zafra con José Herrada

El caso de Sergio, el mayor de los Zafra, ha compaginado a lo largo de su vida las dos vertientes. En su día, hacía las etapas con su bicicleta. Tiene hechos, entre otros puertos, Plateau de Beille, Plateau de Bonascre, Tourmalet, Aubisque en Pirineos y Galibier, Alpe D´Huez, Croix de Fer, Izoard en Alpes.

Hoy también va con sus hijos y vive el Tour más en familia: “La caravana que lleva el Tour es alucinante y eso a los críos les entusiasma y lo reclaman”.

Los hijos de Sergio Zafra en el Tour de Francia

El momento en que pasa la etapa en sí en realidad «es muy corto pero muy emocionante. Los ves pasar un instante pero merece la pena» afirma Sergio. «En alguna ocasión mi mujer ha dicho: -¿ya han pasado?, si no he visto a nadie-» relata Eduardo.

Hoy en día es más fácil y lo siguen por el móvil, televisión o radio si hay cobertura para saber qué corredor va escapado. “Cuando hay varios escapados te da más tiempo a verlo, porque vienen en pequeños grupos” afirma Eduardo.

A la hora de ver las etapas en los puertos, todos reprochan la actitud de aquellos que corren junto a los ciclistas con banderas y móviles: “Lo primero que hay que aprender es que los móviles fuera y que hay que estarse quietecito” dice Ignacio. De hecho afirma que a la gente que hace esas cosas, los espectadores les suelen recriminar su actitud en los puertos: “El tema de las banderas y correr al lado de los ciclistas me parece peligroso y hay que respetar tanto a los que están organizando como a los propios corredores” considera Eduardo.

Ignacio recalca que verlo en directo no tiene nada que ver con la televisión: “Ves lo que no ven las cámaras: las grupetas de detrás o los atascos enormes que se forman con caravanas de un punto a otro de los Alpes para hacer la ruta y el recorrido siguiendo el Tour”.

Además, esto les permite tener grandes anécdotas que contar. Sergio relata que en Saint Larisse O Blanc, iba Armstrong con Basso e Ulrich y el americano atacó delante sus narices. Por su parte, Ignacio cuenta que en Bola del Mundo algunos de esos ciclistas profesionales le pedían que les empujase de la fatiga que llevaban.

En principio, estas grandes carreras siguen en pie y se celebrarían: en agosto-septiembre el Tour de Francia, en octubre el Giro de Italia, y en octubre-noviembre la Vuelta a España. Sergio ha descartado completamente ir este año al Tour, pero Eduardo e Ignacio todavía no han descartado nada: «Hay que esperar, pero sí todo sigue adelante haremos una escapada para allá» dice Eduardo. Ignacio cuenta que «El Tour de momento solo va a poner límites de aforo en puertos» y que si lo permiten él pretende ir.

Sea como sea, estos conquenses siguen pedaleando sus ganas sentados sobre el sillín de su afición al ciclismo. El maillot del ímpetu se lo llevan seguro.

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