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Estúpida Ilusión

Era 5 de julio, se habían acabado los exámenes, ¡por fin! A pesar de que el verano había comenzado hacía un par de semanas, el verano para Juan no había llegado hasta ese día. Él esperaba que fuese un verano como otro cualquiera, días aburridos hasta que llega el fin de semana y se puede hacer algo distinto. Pero ese verano iba a ser distinto a cualquiera de los que hasta ahora había vivido.

Al llegar a casa desde Cuenca, Juan se vio sorprendido por la inesperada visita de su hermana Marta, que había venido desde Brístol para verlos. Un día, después de comer, Marta le propuso a Juan que porque no se iba con ella a Inglaterra, así él podría aprender inglés y ver algo distinto que no fuese España. Tras pensárselo concienzudamente durante la tarde y la noche, a la mañana siguiente le dijo a su hermana que si, que se iría, y quién sabe puede que fuese el comienzo de una nueva vida, y por su puesto podría disfrutar de la Premier League e ir a los partidos con el ambiente inglés.

Cuatro días después con todo preparado María y Juan volaron hacia Brístol. Juan se tomo el primer día de descanso y fue de visita a por la ciudad, había oído que en Brístol el artista Banksy tenía un par de «obras» suyas. De modo que las visitó y quedo gratamente sorprendido, no entendía como a alguna gente no le podía gustar aquellas obras, eran bonitas, eran divertidas en ocasiones y siempre contaban algo.

Al día siguiente, Juan, se propuso encontrar trabajo en lo que fuera, porque de lo que se trataba era de aprender inglés y con que tuviese contacto con la gente le valía y le daba igual el lugar de trabajo. Pensó que un supermercado le abriría a esas posibilidades comunicativas para poder aprender el idioma y el estilo de vida inglés. De modo que fue a recorrer la ciudad en busca de supermercados a preguntar. Tras preguntar en uno, dos en tres, cuatro y ver que no lo contrataban se desánimo, Juan suponía que era porque no hablaba inglés con fluidez, no lo hablaba con fluidez pero lo hablaba, lo que le sucedía era que debía pensar demasiado para formar la frase que debía decir. Ojalá tuviera el ordenador para traducir y para saber más palabras que decir, pero claro no podía ir con el ordenador a todas partes.

Ya por la tarde, después de un descanso para comer, vio otro supermercado y pensó en comprar algo de beber. Entro y se quedó sorprendido por lo que vio. La vio a ella, a Ana, su gran amor o como ahora se diría su crush, porque ella nunca se había interesado por él para tener una relación amorosa, o eso pensaba él que en el aspecto amoroso siempre era pesimista y pensaba en ella como inalcanzable. Así que decidido fue a hablar con ella, que al verle se quedo tan impresionada como él previamente. Estuvieron hablando un rato, Juan se fijo en que ella llevaba la pulsera que él le había regalado hacía tiempo. No entendía porque la llevaba después de tanto tiempo, acaso era solo porque era bonita o porque en realidad sentía algo por él. Aún no lo sabía pero lo averiguaría, y para eso tenía que conseguir trabajo en ese supermercado como fuera.

Juan consiguió el trabajo, aunque el jefe no quería contratarlo pero se las ingenió para trabajar allí ofreciéndole al jefe que le colocará en el lugar que nadie quisiese en el supermercado y por menos dinero incluso, puede que no fuera digno pero por estar cerca de Ana merecía la pena intentarlo.

Juan comenzó a trabajar y estaba aislado de todos, en el almacén. Pensó que así no estaría cerca de Ana y mucho menos aprendería inglés, pero eso ahora había pasado a segundo plano. Un día al salir del almacén la vio desde hace varios días y se tiro al agua, le pidió si quería ir tomar algo algún día, le costó muchísimo, y le dijo que si. Quedaron para el viernes.

Llegado el viernes Juan estaba muy nervioso e ilusionado, ojalá todo saliera bien y pudiesen ser algo más que amigos. Juan llegó antes al Pub donde habían quedado y tras un rato esperado la vio, estaba igual de guapa que siempre, pensó. Pero de repente vio algo que no encajo bien, un chico acompañaba a Ana. Eso no era lo que Juan esperaba, el quería estar a solas con ella claro esta. Cuando ellos se acercaron a él, ella lo presentó como su novio y a él se le cayó el mundo. Ella le dijo que no tenía nada que hacer y por eso le dijo que le acompañara. Después de un encuentro más tenso que agradable, al menos para Juan, cada uno siguió su camino y se fue para casa.

Juan se maldijo como podía haber sido tan estúpido de ilusionarse otra vez. Como otras tantas veces la ilusión le había jugado una mala pasada creyéndose y planeando cosas antes de tiempo. Pensó en porque era así y porque todas las chicas solo le veían como amigo y nunca veían con él una relación física, sería por su actitud, por su físico, no lo sabía.

Tras ese día, Juan, trabajó en el supermercado sin tener casi contacto con Ana, en lo que se le antojo un verano muy largo, que no llegaba a su fin. Tras acabar su contrato en septiembre hizo las maletas y se volvió para España, tal vez estaba siendo demasiado susceptible con lo de Ana, pero no quería permanecer allí, en Brístol ni un día más. En el aeropuerto una vez más maldijo su estúpida ilusión y subió al avión, ya buscaría otra cosa en España.

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