Cada vez es más común un alto índice de participación en las carreras e incluso ha subido el número de pruebas y/o distancias en cada una de ellas. Es habitual que una maratón incluya otra serie de distancias más cortas, o que una media maratón también tenga una prueba menor en cuanto a kilómetros. Sea como fuere, esto se traduce en una multitud de atletas en la línea de salida para cumplir sus propios retos.
Al llegar a meta, es habitual que los corredores hagan algún tipo de celebración o dedicación para festejar su llegada y batir al primer y único rival de cada corredor: él mismo. Pero lo que no es tan habitual es que, en esa llegada y todavía con las pulsaciones a tope, se produzca una pedida de mano.
Eso es lo que sucedió en Atenas, en un escenario tan emblemático e histórico como el estadio olímpico. Ahí estuvo el CA Villarta y se hizo notar, porque el maratoniano Raúl Domínguez completó la carrera con otro objetivo más allá de concluir: al terminar su carrera aprovechó que le recibía su novia Ainhoa, participante en los 10K, para hincar la rodilla y pedirle matrimonio. Esta pedida de mano ante unas 50.000 personas fue muy aplaudida y emotiva, sobre todo cuando la atleta dio el ‘sí, quiero’.
De por sí es reseñable este acto, pero todavía cobra más relevancia cuando el CA Villarta puede presumir de una situación similar. Hay que remontarse a seis años atrás, en la Maratón de Sevilla, cuando en la misma línea de meta y vestido de sevillana, Adrián Córdoba -por cierto, también participante en la pasada Maratón de Atenas- también pidió la mano en la misma línea de meta a Cristina Rubio, momento que inmortalizó la propia organización de la Media Maratón de Sevilla y que acabó también con respuesta positiva.
Lo que queda claro es que el amor también se encuentra en las carreras… y en el CA Villarta.




































































