El FS VivoCuenca es de Segunda B. Lo corroboró ante la UD Alchoyano, tras remontar el 6-5 de la ida y ganar por 5-2 en la vuelta, con un Sargal repleto y en el que el resultado al descanso ya invitaba a que el año deportivo cerraría en ascenso. Hubo que sufrir, porque un ascenso sin sufrir es imposible, pero la felicidad inundó el pabellón conquense. Y si había alguien en el que la felicidad rebosaba ese era el pichichi del club.
Jaime Jiménez, conocido futbolísticamente como Valen, es uno de los grandes culpables del hito conseguido por el equipo de fútbol sala de la ciudad. Él se movió para que existiera un club en esta disciplina, tras su paso por Adheridos y posteriormente en Preferente con el San José Obrero. Tardó un par de años en conseguirlo, pero su sueño se hizo realidad en 2019, gracias a encontrar las personas ideales para este proyecto. Por eso, es lógico que sus primeras palabras tras ascender sean dirigidas a ellas: «Hay que darle las gracias al presidente Luis Saiz y al entrenador Manolo, por confiar en el equipo y en la gente de Cuenca».
Reclutó a compañeros y rivales -también amigos- de la Liga Local de Fútbol Sala con el ánimo de salir a competición, sin saber si el FS VivoCuenca siquiera lo haría bien en Autonómica. Pero ese primer año de vida, marcado por la pandemia, acabó en ascenso. Eso sí, no lo pudieron celebrar como se merecía debido al parón obligado de la competición. Una espina que se ha quitado, él y sus compañeros, cinco temporadas después.
«Confiábamos muchísimo en nosotros», asegura Valen respecto al ascenso. Lo rozaron hace dos años, pero en este se vio un equipo más maduro, más conjuntado y, sobre todo, más inteligente. Han sabido adaptarse a situaciones, han sabido superar las bajas y han sabido aumentar sus registros. El propio Valen, todo un tiburón en ataque y con la portería entre ceja y ceja, ha dado una mejor versión de sí mismo esta temporada, más solidaria en defensa y más combinativa en ataque. Sin olvidarse de marcar, por supuesto. «Con los años he ido progresando, no todo son los goles, este año se ha visto claro», destaca. Eso sí, antes de hablar de manera personal, tenía palabras para poner en valor el trabajo del equipo: «Tenemos un bloque muy compacto, con muy buena estructura y bien cubierto en todas las posiciones». Un ascenso merecido, sin duda.
La celebración más especial
Esta temporada será inolvidable para Valen. Hace dos años, cuando rozaban el ascenso, prometió que se casaría de hacerlo, pero la acabó ‘incumpliendo’. No ascendió, pero sí se caso. Solamente alteró el orden, porque el futuro le deparaba una sorpresa más dulce: celebrar el ascenso con su mujer embarazada. Julen, así se llamará el pequeño, llegará al mundo en un mes, pero ya tiene su propia camiseta del club. Y, cuando vea a su padre en acción por primera vez, lo hará en Segunda B.



































































