El fútbol es muy volátil, más allá del complicado año 2020 que se está viviendo a causa de la pandemia. Pero este deporte tiene la suerte, o desgracia, de que todo puede cambiar en apenas una semana. Una victoria o una derrota cambian por completo el ánimo y, lo que una semana es alegría y jolgorio, a la siguiente se convierte en caras largas y derrotismo. Ambas caras las ha vivido una Unión Balompédica Conquense que, dentro de las circunstancias, seguramente está sufriendo como el que más la nueva normalidad.
Esto se debe a que la temporada, como tal, la ha empezado un mes más tarde que sus rivales y que al principio se pudo camuflar, pero ahora evidencia una falta de ritmo. El Conquense jugó su primer partido en la tercera jornada, con apenas nueve jugadores de la primera plantilla y que terminó con alineación indebida. Hubo que esperar un mes, en el que el resto de equipos ya llevaban tres o cuatro partidos de rodaje, para ver el Conquense de esta campaña. Los resultados acompañaron en los primeros partidos, pero despiden 2020 con tres derrotas consecutivas y, entre medias, un partido aplazado ante el Villacañas dos días antes de su disputa.
Aunque este hecho puede ocurrirle a cualquier equipo, lo cierto es que los balompédicos han sufrido este suceso en tres partidos de esta temporada (en vísperas del Pedroñeras, Azuqueca y Villacañas). A la falta de ritmo se une otro factor pocas veces considerado y, generalmente, muy importante en la dinámica de un equipo: la moral. No es lo mismo afrontar un choque semanalmente que vivir en vilo sobre si se podrá disputar dicho encuentro. El futbolista cuenta con jugar un partido por semana y, en caso de ir mal, busca revancha en el siguiente, mientras que la moral se pone por las nubes cada vez que juega bien. Sin ese ritmo y con la incertidumbre, el jugador pierde la perspectiva y le afecta en la confianza. Se quejaba el entrenador Fran García de que no están superando los reveses y este podría ser uno de los motivos para justificarlo.
Por si fuera poco complicada la temporada, hay que sumar que los partidos aplazados han generado que las tradicionales fiestas navideñas se vean alteradas. El partido de este miércoles ante el Azuqueca, en circunstancias normales, no se hubiera producido y el equipo ya estaría inmerso en vacaciones. Pero no ha sido así y apenas tendrán unos días de descanso, porque el 3 de enero tendrán que volver a ponerse las botas para competir, cuando el resto de equipos habrán podido desconectar por unos días. A ello se suma que el 6 y 10 de enero también hay partidos, por lo que en un periodo de vacaciones, cuerpo técnico y jugadores se encuentran con un calendario plagado de encuentros.
Como es lógico cuando se encadenan tres derrotas consecutivas, también hay motivos futbolísticos que sumar a la lista de deberes por cumplir. Más allá de lesiones (el meta Sierra o la ausencia por motivos de salud del capitán Iván Rubio desde el inicio, sin ir más lejos), ha faltado ese toque de fortuna que hubiera hecho cambiar el resultado (en Marchamalo se hizo méritos para un mejor resultado) o se han juntado dos partidos consecutivos en el que las cosas no salían (Illescas y Azuqueca) que, quizá, con un equipo con confianza no se hubieran producido de aquella forma.
Aun así, esta plantilla, en tan poco tiempo, ha dado muestras de lo mejor y lo peor. Quizá no sea la plantilla dominadora del inicio de liga (en el que ganó todo, incluido el partido ante el Tarancón a pesar de la alineación indebida), como tampoco es la actual que poco pudo hacer ante Illescas y Azuqueca. La realidad es que el equipo marcha séptimo, con 12 puntos, aunque con un partido menos que, en caso de ganar, le elevaría a la tercera plaza. Parafraseando al candidato a la presidencia del FC Barcelona, Joan Laporta, en su etapa como máximo mandatario de los blaugranas: «al loro, que no estamos tan mal».


































































