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Aída López: «Cuando me dijeron que no volvería a hacer deporte se me cayó el mundo encima”

Un camino cuesta arriba ha tenido que recorrer Aída López en su periplo por el mundo del atletismo. Empezó a pisar las pistas con 9 años tras crear la primera escuela municipal de atletismo en Cuenca y desde entonces solo las lesiones la han mantenido retirada de la competición. Comenzó a colocarse dorsales y a disfrutar de una disciplina que se ha convertido en su modo de vida: “Me encantó el atletismo desde el principio porque podía aprender diferentes cosas. Entonces me empezaron a salir campeonatos provinciales y regionales y solía quedarme siempre de las primeras de Castilla-La Mancha”.

La presidenta del Club Atletismo Cuenca perfeccionó su técnico con mayor ahínco al comenzar su etapa en el instituto. Allí su profesor de Educación Física se convirtió en el entrenador que ha guiado sus pasos desde Cuenca hasta Madrid. “El profesor estuvo mirando a varios alumnos y nos empezó a entrenar de manera más específica. Fue entonces cuando empecé a practicar pruebas combinadas con el heptatlón”.

Tras pasar por las filas del Club Atletismo Toledo, pronto fichó por el A D Maratón de Madrid, club que se encontraba en el mayor rango de la competición a nivel nacional (en División de honor) y en el que entrenaba también su profesor. En la capital compaginó estudios y deporte con más logros que decepciones. En su primer año compitiendo en pruebas combinadas, subió al podio para colgarse la medalla de bronce en el campeonato de España. En heptatlón siguió participando en pruebas regionales tanto a nivel federado como a través de universidad.

Una vasta lista de resultados fructíferos y de buenos tiempos le llevó a recibir la llamada de la selección de Madrid: “Me gustaba que los resultados llegaran porque también pasé por muchas lesiones y fue muy duro, pero que te guste tanto el deporte te ayuda mucho a no dejarlo”.

Con su entrenador, trabajaba la plusmarquista nacional de lanzamiento de jabalina, que quería guiar a Aída por otros derroteros: “Mi entrenador le pidió que me corrigiese la técnica. Ella trabajaba con el Consejo Superior de deportes en Madrid y me dijo que dejase el heptatlón, que lo que tenía que hacer era lanzar. Así pasé al lanzamiento de jabalina y estuve becada en un centro de Madrid entrenando un año”.

Doce meses después, sus sueños por este camino se truncaron con la llegada de una lesión que la ha mantenido décadas apartada de la competición al más alto nivel: “Tuve una doble fractura vertebral. Al principio no daban con ella, pero al cabo de un año me dijeron que no volvería a hacer deporte en mi vida. Tenían que soldarme la espalda porque la tenía pendiendo de un hilo”.

El miedo por no poder volver a caminar sumado a la prudencia producida por el dolor que sentía cada vez que reanudaba la carrera la mantuvieron fuera de la pista desde 1996 hasta antes de la pandemia. Este fue un claro impasse en su carrera: “La verdad es que cuando me dijeron que no volvería a hacer deporte se me cayó el mundo encima, porque para mí el deporte era lo más importante de mi vida. Me ha ayudado en todos los niveles y no tener ese apoyo al principio te hunde un poco.”

Varias veces ha intentado en todos estos años regresar al atletismo, pero aparecía de nuevo el dolor. Aunque en su caso, a la última va la vencida: “Entonces pensé en intentarlo de nuevo y esta vez parece que el cuerpo no me paró demasiado. La temporada pasada retomé las competiciones porque yo necesito retos, El deporte para mí tiene que ser con retos”.

De hecho, sus retos más recientes los ha superado con creces. Solo la temporada pasada quedó campeona de España de lanzamiento de Jabalina en Málaga y en invierno volvió a quedarse primera. Este verano ha continuado recorriendo la geografía nacional y en Tenerife quedó subcampeona de España en lanzamiento de jabalina y campeona de España en salto de altura: “Esto fue una sorpresa porque llevaba un mes y medio entrenando la altura y no pensé que se fuera a dar tan bien. No puedo pedir más”.

Sus mayores destrezas como atleta son, sin duda, su buen manejo de la técnica y su fortaleza: “Siempre he sido delgada, pero he tenido mucha fuerza. Eso me ha valido para recuperarme también de la lesión. Gracias a ello ando y corro”. Esta pasión por el atletismo se la ha inculcado también a sus hijos, fieles seguidores de los pasos de su madre.

LA IMPORTANCIA DE LA SALUD MENTAL

Con el paso del tiempo, Aída ha aprendido a saborear los tramos llenos de rosas y a sortear los baches, no solo en el deporte, también en cualquier ámbito de su vida: “Cuando vas ganando en años, puedes cambiar aquello que no te ayuda. Eso he ido haciendo de forma personal, seguro que ese trabajo mental de creer más en uno mismo y la fortaleza me ayudó en el deporte y también en volver a intentar regresar a la competición”.

En sus inicios como deportista no fue así: “Antes predominaba la exigencia, me valoraba menos de lo que debería. Es verdad que mis entrenadores siempre me decían que valía mucho, pero al final tienes que creerlo tú. Ver que ahora tienes eso sin esfuerzo y entonces no te da más fortaleza. Esta puerta en el espacio de hace 25 años y ahora muestra un cambio brutal físico y mental”.

En sus primeros años en la competición Aída tuvo que lidiar con sus fantasmas: la autoexigencia y la falta de confianza no le dejaron saborear sus logros: “Cuando uno es joven siempre quiere más porque sabes que puedes más.  Yo ahora no tengo el recuerdo de disfrutar de ello porque en el deporte sufres mucho para conseguir tus objetivos. Hasta ahora no me he dado cuenta de lo importante que es creer en ti y apostar por ti para que las cosas no solo las consigas y las disfrutes, sino que también te dejen un buen sabor de boca e incluso puedas prevenir muchas lesiones”.

Pero logró superar sus peores miedos y sobreponerse a la adversidad: “Esta última vez que intenté volver al atletismo no dudé, la cabeza es milagrosa. Ojalá hubiese tenido la cabeza que tengo ahora cuando era joven. Voy aprendiendo a disfrutar lo que voy haciendo y consiguiendo”.

Pese a su estrecho vínculo con el atletismo, siempre ha sido un amante del deporte en general: “En la escuela me apuntaba a todo lo que había: balonmano, natación, baloncesto… Eran juegos de colegio más que otra cosa porque por aquella época tampoco había muchas escuelas municipales todavía”.

Defiende también el deporte con un fin saludable: “yo ando por Cuenca y también voy en bici siempre que puedo”. Aunque lo que le da la vida, sin duda, es el ambiente de la competición, ese que la ha llevado a subirse a lo más alto del podio y que le ha enseñado que, con cabeza, el deporte es un camino duro, pero lleno de recovecos en los que echar la vista atrás para disfrutar de todo lo cosechado a base de esfuerzo y perseverancia.

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Laura Benedicto Melero