Empezó tarde, pero a tiempo, en un deporte que comenzó a practicar antes de siquiera saberlo. Javier González lleva desde 2014 participando en triatlones. Su pasado de corredor y nadador lo han convertido en un alumno aventajado en esta disciplina: “Como empecé con la base de saber nadar bien te da más experiencia. El atletismo, al ser distancias más largas, o tienes un bagaje anterior o es como si partieras de cero, a pesar del aprendizaje de la técnica”.

Decidió dar el paso tras ver cómo su amigo Josemi Pérez colocaba el nombre de Cuenca en el Olimpo del triatlón tras su participación en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012. Su primera vez fue en Cuenca en 2014 y al año siguiente volvió a competir en su ciudad en el triatlón olímpico: “Empecé tarde a practicar triatlón porque antes no era tan popular como ahora. Algunos del club Naración Cuenca empezaron a coquetear con ello. Recuerdo a Jorge Pérez o a Sergio Bonilla. Pero yo no tenía más tiempo y lo dejé de lado”.

Primero compitió con el Hoces de Cuenca y ahora lo hace con el club Trischool Cuenca. También se ha atrevido con las competiciones levantinas y ha participado en el Medio Ironman de Valencia. Su última hazaña ha tenido lugar en Gandía, tras completar un Ironman este año.

Aunque el tridente deportivo ocupa ahora toda su rutina física, no siempre ha sido así y desde pequeño ha estado vinculado a multitud de disciplinas. Eso sí, la primera y en la que se ha mantenido siempre ha sido en la natación. Desde los cuatro años decidió zambullirse en la piscina y desde entonces no ha salido salvo para practicar otros deportes o para probar su otra modalidad en aguas abiertas. Por ello, ha completado varias travesías en el mar Mediterráneo.

Sin embargo, los comienzos no fueron del todo idílicos: “Me apuntó mi madre a los cursillos de natación y yo le tenía mucho miedo al agua, me costó soltarme del bordillo. Empecé a aprender en las escuelas y ya nunca he dejado de nadar”.Pronto vieron su potencial tras quedar segundo representando a las escuelas municipales en una competición de 50 metros crol y su entrenador de atletismo, Javier Carrascosa, le empujó a seguir tirándose del trampolín. Primero lo hizo en una sección de natación que crearon el propio Carrascosa y Fernando Villalba en el club de Triatlón Hoces de Cuenca y dos años después ya vistiendo el bañador del club Natación Cuenca, allá por 1996.

Desde entonces no dejaría de competir hasta 2005 a nivel regional e incluso participando en competiciones nacionales de Valencia, Xirivella o Leganés: “Al principio nadaba distancias largas y luego me decanté por nadar a espaldas. Al final de mis años nadaba más pruebas de velocidad en crol, espalda y mariposa”.
Al mismo tiempo que entrenaba en el agua, seguía aprendiendo de otros deportes sobre el tatami y la pista. Así consiguió llegar hasta el cinturón azul en Kung-Fu durante su etapa en la educación primaria y también divertirse con sus amigos del colegio jugando al baloncesto. Lo que comenzó como una actividad extraescolar en el patio de Casablanca se acabaría convirtiendo en un equipo serio con Juan y el Pirata a los mandos. Dejaron atrás las competiciones meramente escolares y comenzaron a pivotar por la región con Fermín Cañizares pilotando la nave: “Empecé jugando de base y escolta. Luego era muy alto y comencé a jugar de pivote y de ala”.

No se olvida tampoco del fútbol con sus amigos de Villar de Domingo García: “Lo podíamos compatibilizar con otros deportes, porque al practicar tantos a la vez a veces coincidían los partidos. Empecé jugando de portero y luego salí a pista. He de reconocer que me lo pasaba mejor como jugador de campo”. Aunque alguna que otra lesión le obligaron a abandonar al conjunto azul cuando comenzó a preparar las pruebas físicas para la oposición por miedo a que la dureza de este deporte pudiera llegar a romper su futuro laboral: “En un partido me llegaron a romper el escafoides y estuve dos meses escayolado”.

Pero toda proyección fuera de la natación se disipó tras acabar la Educación Secundaria y, sobre todo, tras marcharse a Toledo en 2006 a estudiar INEF. La carrera le permitió conocer otras disciplinas y volvió a conectar con las artes marciales, en esta ocasión, con el judo: “Aprendí de mi maestro: Fernando García. Me especialicé con él y llegué hasta cinturón marrón”.
Cuatro años después, volvió a sus raíces y escogió la natación por enésima vez: regresó a Cuenca y al deporte de su vida, aunque, en esta ocasión, ya lo hizo como entrenador en el mismo club que lo vio crecer. Una etapa que Javier recuerda con especial añoro tras haber cosechado sus mayores éxitos desde el borde de la piscina: “Mi mayor destreza ha sido saber conectar con los nadadores. Siempre he sido una persona exigente y me gusta que haya compromiso, pero al final me veían como uno más y me llevaba muy bien con ellos”.

Recuerda los logros de algunos de sus pupilos hasta que decidiera dejar de entrenar en 2019: “Saúl González fue campeón de España y junto a Mario Martínez han entrado en el top 5 varias veces en el campeonato de España. También me acuerdo de que Elena Soria, Mireya Romero o Rocío González han sido campeonas en natación masters. Una vez ganamos la liga territorial y ahí también nadaba yo en absoluto”.
Aunque el triatlón es ahora su prioridad continúa participando en carreras de montaña, como la Mamocu en Cuenca, y en otras carreras populares como la del Pavo. De su paso por las escuelas de atletismo recuerda las carreras regionales y las de campo a través. Y es que el esfuerzo aeróbico que ha realizado desde que era pequeño le han empujado hoy a participar en la maratón de Madrid y Valencia.

Pese a ello su afán principal reside en transmitir los valores que le ha otorgado el deporte: “Intentaba mostrar a mis alumnos qué significa para mí todo esto». En gran medida, para Javier el trabajo en equipo es la base de la actividad física. Por ello, ha decidido fundar en su pueblo el club Los runners del Villar, encargándose de organizar la carrera popular de agosto y la milla romana de las jornadas de Noheda. Además, este verano también han creado Los bikers del Villar y durante el período estival también prepararon una carrera cicloturista por las inmediaciones del municipio.

Aunque por encima de todo, Javier encuentra en el deporte un refugio por “el compromiso, la dedicación y el respeto a los compañeros… huyendo así de los ámbitos nocivos que vemos en el deporte hoy en día”. Y es que el ahora triatleta no concibe su vida sin la cultura del esfuerzo que el deporte le otorgó a aquel niño que, teniendo miedo a nadar, ha conseguido sobreponerse a sus miedos para hacer hoy de la natación su medio y modo de vida deportiva.


































































