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Luis Piedrahita: “La gente viene a la ciudad encantada y cuando «miran a Cuenca» lo hacen al disfrute”

Fotografía: @danimantis

Luis Piedrahita, uno de los cómicos más laureados de España, actúa este sábado 8 de mayo en el Teatro Auditorio de Cuenca (18:00 y 20:30 horas) con el monólogo Es mi palabra contra la mía.

El espectáculo se estrenó y estaba escrito antes de la pandemia, pero tuvo que cancelarse por la situación sanitaria.  El show se describe como «un espectáculo lleno de ingenio y ternura en el que Luis analiza por qué nadie está contento con lo que le ha tocado. Una vez más, Piedrahita olisquea la realidad con afán de cerdo trufero y saca a relucir los aspectos más absurdos de nuestro día a día. Temas de hondo calado existencial como las cejas negras de las señoras mayores, el miedo al váter ajeno o el amor verdadero. Profundísimas reflexiones superficiales e improvisaciones meticulosamente ensayadas. Un fiero debate a uno del que  todos salimos convencidos de la misma idea: solo el humor hace la vida soportable».

El humorista de lo cotidiano aterriza en Cuenca para hacer lo que mejor sabe: que el público ría y disfrute con las cosas más usuales de la vida.

Para mí es un lujo hablar contigo, porque yo te admiro un montón…

Eso no es mérito mío, eso eres tú que tienes buen gusto (ríe).

Con la pandemia, este espectáculo se tuvo que suspender para después retomarlo. ¿Qué cambios has tenido que hacer y qué ha variado en el show para adaptarlo?

Pues fíjate qué curioso. Fue un espectáculo que yo escribí previo a la pandemia. Sucede que todo el humor que yo escribo es muy costumbrista y cotidiano y habla siempre de cosas del día a día muy domésticas.

Cuando nos confinamos, pensaba yo que iba a tener que cambiar muchísimas cosas. El tema que había elegido para el show era el desencanto. El espectáculo da respuesta a la pregunta: ¿por qué nadie está contento con lo que le ha tocado?

Durante la pandemia pensé que iba a tener que cambiar muchas cosas al ser mi humor tan cotidiano y como la cotidianidad ha cambiado radicalmente, seguramente al regresar tendría que cambiarlo todo. Pero, el eje central era tan universal y de repente tan de actualidad, que no hubo que cambiar ni una palabra.

Una cosa que nunca hago yo es hacer espectáculos ligados a la actualidad. Es decir, nunca hablo de personajes famosos ni de toreros, actores o políticos sino de cosas universales y, de repente resulta, que parece que tenemos entre las manos un espectáculo de actualidad y que parece que habla de lo que está pasando ahora cuando en realidad se escribió antes. Lo que pasa es que el hecho de que nadie está contento con lo que le ha tocado, es algo que pasa todos los días, y cuando hay pandemia… también.

Tú mismo te defines como un monologuista de lo cotidiano. Me resulta sorprendente cómo se puede hacer humor de una naranja, de las pipas, de aparcar… ¿De dónde salen estas ideas? ¿Cómo consigues hacer chistes de una cosa tan del día a día?

A todo se le puede arañar unas lasquitas de humor. Si rascas, sale humor de todo. De la política, de la actualidad, de la medicina… Yo he elegido acercarme al pequeño objeto, el más vulnerable de ellos. Me parece que es una herramienta humorística que funciona muy bien y es perfecta para hablar de los grandes temas.

El humor tiene que ser siempre sorpresa intelectual; un pensamiento que te sorprenda. Si yo te digo voy a hablar de los agujeros en los bolsillo y de repente ahí estamos hablando de la ausencia y de la muerte, hay una sorpresa.

El show se llama “Es mi palabra contra la mía”. ¿De qué discute Luis Piedrahita consigo mismo?

Es un monólogo de yo contra mí mismo pero también de todos contra sí mismos. Vamos a analizar algunas contradicciones que vivimos cada uno de nosotros en el día. A pesar de que estamos hablando de que nadie está contento con lo que le ha tocado, este es el monólogo más optimista y más divertido que he escrito jamás. Esto me acojona porque a ver cómo escribo el siguiente.

Así como hablamos de estas penurias que atravesamos cada día, al final se da una receta o se regala un consejo que ayuda a desactivar todas esas miserias y vale la pena. La gente sale muy contenta y muy feliz.

Fotografía: @danimantis

Es el monólogo más optimista y más divertido en medio de la penuria que atravesamos. ¿Se cumple aquella máxima de con humor entra mejor?

Sí, el humor del bueno sale de ahí, de los momentos difíciles. Dice Alejandro Dolina que el que la hace grande, se hace en momentos de dificultad. A nadie le interesa el tango si dice qué guapa es mi novia y cuánto me quiere. El tango interesante es el otro, el de me han dejado, estoy desgarrado y a ver qué hago.

También le das a la magia. ¿Son primos hermanos? ¿La risa es magia y la magia da buen humor?

La magia, el humor y también las historias de suspense, tienen algo muy en común y es que todas buscan sorprender al espectador y regalarle un final inesperado. Tanto en la magia, como en una historia de suspense, como en el humor, el escritor dispone sobre la mesa una serie de elementos con los que va a cerrar y no se pueden ver venir. Es un arte de alquimia o casi de trilero. De ocultar movimientos y que no te vean venir para poder regalar ese final sorpresivo.

En la magia no te pueden ver dónde tienes escondido nada, en una historia de suspense no pueden sospechar que cuando tú has dicho que el mayordomo entró con un candelabro en la habitación ya era para golpear en la cabeza a un señor, y en el humor el público no puede cerrar el chiste en la cabeza antes que tú. Si lo ven venir no funciona.

Tú que vives de cuantas más risas y aplausos posibles. ¿Cómo se afronta este tiempo en el que hay restricciones de aforo y los teatros no están llenos?

Hay restricciones en el aforo pero también te digo que a pesar de todos los vejámenes a los que está sometido el público al tener que entrar despacio, sentarse con distancia, tener la mascarilla puesta durante todo el espectáculo y luego salir gradualmente, eso hace que los que van sean héroes. Los que van al teatro son héroes y como héroes se comportan. Hay una entrega fuera de lo normal de todo el público. Es una maravilla actuar estos días con las ovaciones, los aplausos…

Esto sucede porque supone una responsabilidad extra para el artista. Uno sale al escenario diciendo: joder, esta gente está aquí a pesar de todo y lo menos que puedo hacer es entregarme al máximo.

Fotografía: Diego Martínez

Hace unos días entrevisté aquí en Cuenca al actor Fernando Tejero y él consideraba que es más difícil hacer reír que llorar ¿Coincides con esto?

Yo creo que es igual de difícil hacer reír que hacer llorar porque hay dos maneras de hacerlo. Hay formas de hacer reír bien, de hacer llorar mal y viceversa. Al decir bien o mal no hago una distinción moral, sino que me refiero a fáciles y difíciles. Es decir, hacer llorar emocionando con un texto complicado que haga una reflexión acerca de la condición del alma humana es muy difícil. Hacer llorar facilón es muy fácil. Darle una pedrada a un chaval o hacer un texto lacrimógeno es sencillo.

Lo mismo sucede con hacer reír. Yo sé que si me subo al escenario y me saco la chorra (ríe), o eructo el himno de España, la gente se va a reír y eso es fácil. Pero hacerlo por el camino más largo es difícil. Las cosas interesantes se hacen por el camino más complejo.

Aterrizamos en el lugar en el que estamos con el espectáculo de este fin de semana. ¿Conocías Cuenca previamente?

Claro, me fascina Cuenca y hay un museo de arte moderno que ¡santo Dios! No hago otra cosa que desear ir a visitarlo una y otra vez y es una ciudad que me encanta pasear.

¿Sería más fácil hacer con ella magia o humor? Aquí tenemos siempre el estigma de esa frase de “mirando pa’ Cuenca por ejemplo…

Las dos cosas si se hacen bien son difíciles. El “mirando para Cuenca” es uno de los estigmas más bonitos y llevaderos, hay cosas muchísimo peores. La gente viene a la ciudad encantada y cuando “miran a Cuenca” lo hacen al disfrute.

¿Hacia dónde quieres tú poner mirando a Cuenca entonces?

Que Cuenca mire al escenario y allí vamos a pasárnoslo muy bien todos juntos.

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