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El taranconero Miguel Ángel Santamaría presenta Alanos y Margaritas, cuya recaudación será benéfica

Fotografía de archivo de Miguel Ángel Santamaría

Escribir tiene muchas vertientes. Se puede hacer por evadirse, para denunciar, por exhibirse… y también por distracción, por puro entretenimiento. No importa tanto los motivos si se hace con honestidad y se tiene en cuenta que, al otro lado, habrá un lector ávido de leerte y con ganas o bien de aprender, de formarse… o de divertirse. Sea de una u otra forma, tener un libro (ya sea en la mente para escribirlo o en las manos para leerlo) es una afición que difícilmente tiene visos de desaparecer y que, por muy mantra en que se haya convertido, nos hace libres.

En este grupo de los que no ocultan que su llegada a la literatura es por distracción y relajación se encuentra el taranconero Miguel Ángel Santamaría (Tarancón, 1980), apenas un recién llegado a este mundo y que, en solo un año, ya se ha hecho hueco dentro del espectro literario conquense. Puede que esa impronta de militar avezado y rudo le ayuden a abrirse camino -nada más y nada menos que dos metros de altura-, pero no ocultan que tiene un corazón repleto de bondad y, por eso, allá donde va está acompañado. Eso sí, esa primera impresión tiene su parte de razón, porque el actual guardia civil cuenta con ese pasado militar que le llevó a estar en Kosovo, pero sus experiencias y vivencias acabaron ayudándole a sacar su verdadero yo: el Miguel Ángel Santamaría escritor.

Este jueves (19:30 en Biblioteca Aguirre) presenta la que es su segunda novela, Alanos y Margaritas -donde narra los designios de varios conquenses durante el socorro de Malta-, también segunda parte de su Trilogía de un Soldado Español (la primera parte, El escuadrón de los Alanos, vio la luz en febrero de 2024). «Este trabajo lo considero toda una declaración de intenciones», confiesa el autor, porque en ella pretende ensalzar la figura de la mujer y, por eso, «quiero poner sobre la mesa la gran labor que han hecho aquellas heroínas anónimas al lado de aquellos héroes sin nombre que llenaron el suelo del mundo de tumbas españolas para hacerlo más grande, más moderno y mejor».

No solo se queda en esta intención social, sino que también pretende homenajear «la labor del sector sanitario durante la pandemia del COVID-19, en general, y en particular a mis amigas que son enfermeras en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca. Son unas leonas, y lo dejaron claro en su saber hacer». Una de ellas, Milagros Noheda, ejercerá de maestra de ceremonias para presentar en Cuenca su nueva novela. Ella podría ser perfectamente una de esas mujeres, «margaritas», como define el autor, que «se ganan un lugar en el mismísimo corazón del Tercio Viejo de Sicilia durante el épico episodio histórico del Socorro de Malta en 1565, llegando a formar parte de su misma esencia, de su misma idiosincrasia como algo superior a los mismos soldados que lo formaban, simplemente siendo ellas, sin buscar destacar en nada, porque ya simplemente, con su saber hacer, con su manera natural de ser, ya fueron lo más grande que podían tener con ellos en aquella hazaña de nuestra historia y con bien de nuestra civilización». De hecho, Santamaría asegura que estas margaritas fueron quienes hicieron mejores soldados y, sobre todo, mejores hombres, «que es la misma visión que tengo de las mujeres que conozco, las que tengo y quiero tener en mi vida para siempre».

La novela tiene mucho ingredientes para gustar, pero por si los conquenses necesitan algo más, también lo tienen. Porque la ciudad, concretamente las calles del casco histórico, se convierte en escenario importante, así como algunos pueblos y parajes de la provincia. Y si quien suscribe este artículo no logra convencerle hasta aquí, llega el momento de hablar de la vertiente solidaria del libro, puesto que Miguel Ángel Santamaría (de ahí que me atreviera en un inicio a hablar de su bondadoso corazón) va a destinar lo recaudado a la asociación Duchenne Parent Proyect España. Esto se debe a que «el hijo de una familia que conozco está afectado por el síndrome de Duchenne, y los medios y fondos económicos para la investigación y cuidados de los afectados distan mucho de llegar a ser los adecuados». Así, quiere aprovechar esta oportunidad para lanzar «mi más mordaz crítica a las autoridades y administraciones competentes en cuanto a que son ellos los que deben de facilitar los fondos económicos necesarios de los impuestos de los ciudadanos para no abandonar a nuestros enfermos, no los ciudadanos con sus donaciones humildes e insuficientes de dineros que también a ellos les es necesario».

Llegada ‘tardía’ a la literatura

“Un mago nunca llega tarde, Frodo Bolsón, ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone.”, decía Gandalf el gris a Frodo Bolsón en el inicio de La Comunidad del Anillo, primera parte de la trilogía del Señor de los Anillos. Más de dos décadas después, esa misma frase se podría trasladar a Miguel Ángel Santamaría, también involucrado en el proceso de escribir una trilogía, y que su llegada a la literatura, traspasada la frontera de los 40, podría ser considerada tardía. La realidad es que un escritor nunca llega tarde, sino justo cuando se lo propone.

«Pensé que tenía cosas vividas que podía entrelazar con hechos históricos y novelarlos con personajes de la historia y ficticios, que en verdad son personajes que baso en conocidos y familiares», detalla Santamaría acerca de sus inicios como escritor. Reconoce que se inició «a modo de distracción y relajación», pero sus primeros escritos llegaron a manos de su amiga Mónica Villarejo, también escritora, y ella le animó a continuar.

Que haya elegido novela histórica como género en el que involucrarse tiene sentido, sobre todo si remarcamos que en su adolescencia fue El capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte quien le removiera el corazón. «Si bien es cierto que tenía claro desde mi más tierna infancia que quería ser soldado, aquella novela aseguró esa circunstancia en un cien por cien de probabilidades», remarca. Hoy día, también se puede definir como la culpable de que hablemos del Miguel Ángel Santamaría escritor, y no en su labor como guardia civil.

El porqué son los Tercios los protagonistas de su trilogía también cobra un sentido muy lógico para él. «Estas unidades de élite daban una puesta en escena con los soldados que alcanzaron el mayor prestigio, militarmente hablando, impregnados de unos códigos de honor, sacrificio y lealtad grabados a fuego en lo más hondo de su ser sirviendo en el imperio más grande de la Historia Universal, y que desarrollaron su eficaz labor en un momento en el que los avances de la Humanidad llevaban rúbrica española», indica.

Asimismo, su pretensión de ensalzar tanto la historia española -«que podría inspirar para hacer superproducciones cinematográficas sin parar»- como los Tercios tienen su razón en que «el pueblo que olvida a sus héroes está condenado a desaparecer». Y no solo por los soldados, sino también por personas como Isabel Zendal y el doctor Francisco Javier de Balmis y Berenguer, «que juntos vacunaron masivamente los virreinatos españoles del nuevo mundo erradicando la viruela de sus territorios»; reinas como Isabel I de Castilla, La Católica, «la reina más grande de todos los tiempos, que escribió la primera carta de derechos humanos de la Historia Universal y liberó la península ibérica del yugo del islam»; el médico y botánico José Celestino Mutis y Bosio, «gran científico e iniciador de los conocimientos científicos en los virreinatos del Nuevo Mundo» y una infinita lista de nombres de hombres y mujeres que «convirtieron a España en el mejor país del mundo».

Si la grandeza física del autor es notoria, también lo es su vertiente literaria. Pero ya nos avisa, «a ver de qué somos capaces nosotros». Un buen primer paso sería apoyarle este jueves y, por ende, ayudar a la Duchenne Parent Proyect España.

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Alberto Val