Inicio Cuenca Cultura El universo oculto de Justino Muñoz Cano llega a la Sala Iberia

El universo oculto de Justino Muñoz Cano llega a la Sala Iberia

#image_title

La Sala de Exposiciones del Edificio Iberia, en el Parque San Julián de Cuenca, acoge del 22 de abril al 8 de mayo la exposición “Realidad Aumentada y Surrealismo”, primera muestra individual de Justino Muñoz Cano en más de cuatro décadas. La exposición presenta una propuesta técnica y conceptual muy poco frecuente en el panorama español: miles de líneas curvas superpuestas que parecen generar luz desde la propia materia, junto a esculturas en materiales reciclados que prolongan esa energía en el espacio tridimensional.

Un artista oculto que explota creativamente

Justino Muñoz Cano (Fuentes, Cuenca) se formó como arquitecto técnico en Barcelona, donde se empapó del espíritu modernista y de la obra de figuras como Gaudí y Dalí, además del intenso ambiente artístico de la ciudad. Desde muy joven combinó esa formación con una fuerte pulsión plástica, realizando dos primeras exposiciones en Barcelona y una tercera muestra en la ciudad de Cuenca.

Pero hay un elemento menos visible que atraviesa toda su trayectoria y que hoy se revela como clave de lectura de su obra: “cuando se acallan los demonios”. Desde su niñez, el artista convive con pesadillas intensas que lo sacuden profundamente durante la noche.

Al despertar, lejos de quedar paralizado, canaliza ese estado interno a través de la creación. Dibujar, construir, intervenir el espacio: todo responde a una necesidad vital de ordenar, transformar y silenciar ese mundo interior.

De regreso a su tierra, desarrolló durante décadas su actividad profesional como arquitecto técnico y promotor, siempre con una mirada poco convencional hacia la construcción, la curva y el espacio. Paralelamente, y de forma constante, esa pulsión —acallar los demonios a través del acto creativo— dio lugar a una producción incesante.

Un punto de inflexión vital marcó el inicio de una auténtica explosión diaria de obra pictórica, escultórica y de creación de espacios habitables, hasta configurar un mundo propio tan vasto como coherente.

Luminismo: líneas curvas que construyen luz

En “Realidad Aumentada y Surrealismo” se presenta una selección de obras gráficas de gran formato, construidas íntegramente mediante la superposición de miles de líneas curvas realizadas con el instrumento de escritura más cotidiano. No se trata solo de una técnica minuciosa y obsesiva, sino del tipo de realidad que esa técnica produce: el espectador no percibe estas piezas como simples dibujos, sino como presencias físicas que vibran y emiten una luz propia.

La acumulación de capas lineales genera auténticos planos de materia que el ojo interpreta como vibración, movimiento o luz, dando lugar a un fenómeno de resonancia visual, una suerte de luminiscencia que nace de la densidad del trazo. Los motivos proceden del entorno más íntimo del artista —rostros de personas cercanas, ensoñaciones, frutas de su propio jardín, plantas y cardos de los campos de Cuenca— tratados todos con la misma reverencia material.

En este contexto, la repetición obsesiva de la línea curva no es solo una decisión estética: es también un proceso mental y físico, casi ritual, mediante el cual el artista logra equilibrio. Cada trazo suma en ese proceso de construcción y, al mismo tiempo, de contención. Crear es, en esencia, el mecanismo por el cual el ruido interno se ordena.

Crear es, para él, el momento en el que se acallan los demonios. La línea curva —lo que el propio artista concibe como una suerte de línea curva infinita— articula un imaginario en el que naturaleza, cuerpo y abstracción se funden. El uso de materiales reciclados en sus esculturas (madera, hierro, piedra y fragmentos cotidianos) prolonga esa misma lógica: nada se desecha, todo puede ser reconfigurado en una nueva vida poética.

Escultura y espacios habitables

Las piezas en madera y materiales reciclados no funcionan como un simple contrapunto a la obra gráfica, sino como su prolongación lógica en volumen: la misma línea curva que estructura el papel se manifiesta ahora en tres dimensiones, como si se tratara de la misma sustancia creativa en distintos estados.

Fuera de la sala, en su taller y finca de Fuentes, ese impulso va aún más lejos: casas en los árboles, nidos a los que se accede por escaleras naturales, construcciones bajo tierra y esculturas que se integran en el bosque componen lo que los visitantes denominan el “universo Justino”.

Quien lo recorre no camina por un museo al uso, sino dentro del mundo interior del artista, sin puertas, entre zonas luminosas y otras más oscuras, como si atravesara su propio subconsciente. En ese recorrido, vuelve a aparecer la misma idea: ese tránsito entre oscuridad y luz no es simbólico, es real. Es el mismo tránsito que el artista realiza continuamente en su proceso creativo, donde la creación actúa como vía de transformación.

Muchos visitantes describen la experiencia como abrumadora: necesitan tiempo para asimilar lo visto, ordenar tanta información visual y emocional, y sienten que están conectando directamente con el artista, como si entraran en su cabeza, transmitiendo las luces y sombras que todos tenemos dentro.

Una declaración de existencia

En un momento en que el debate sobre la autoría y la herramienta en las artes visuales está más vivo que nunca, la obra de Justino Muñoz Cano propone una respuesta silenciosa pero contundente: el propio artista define esa herramienta tan básica; como el pincel de un solo pelo, vehículo de una obra que exige tiempo, cuerpo y convicción.

Lejos de buscar una retrospectiva o un debut convencional, “Realidad Aumentada y Surrealismo” se presenta como una declaración de existencia de un artista que ha creado durante cuatro décadas su mundo y que ahora da a conocer parte de este, con un lenguaje propio, radicalmente personal y ajeno a las modas.

Una obra nacida no solo de la disciplina o la técnica, sino de una necesidad profunda: crear como acto esencial. Crear como respuesta. Crear como forma de equilibrio. Crear como el único lugar donde, finalmente, se acallan los demonios.

Para el público, la muestra supone una oportunidad única de reencontrarse con parte de la obra de Justino colgada en una sala de exposiciones, y de descubrir una propuesta distinta a los circuitos habituales: un arte que se sitúa entre la realidad visible y una realidad aumentada por la línea curva, la luz y la materia.

Comentarios