El periodista de Eldeporteconquense.es Alberto Val, se ha convertido en muy poco tiempo en uno de los más prolíficos del panorama conquense.
Su última novela, La Flecha Amarilla, se ubica en el Camino de Santiago con la aparición de un peregrino muerto y una cosa clara: ha sido asesinado. Sus crímenes literarios empezaron desarrollándose en Cuenca y ahora, se trasladan a Tuy (Pontevedra) en pleno peregrinaje: “Igual que escribí de Cuenca porque es lo que conozco, el camino de Santiago lo he hecho dos veces y la idea me vino ahí. Cuando lo hice parecía que estábamos apartados del mundo y pensé lo qué pasaría si ahí apareciera una persona muerta” cuenta.
Con tres novelas a sus espaldas en poco más de un año, el nombre de Val ya resuena en el mundo de la literatura independiente y concretamente en el de la novela negra: “Ha habido personas que estaban esperando que lanzara esta novela y mi nido de lectores ha crecido. Tampoco es que sea un fenónemeno fan pero ya hay gente que espera que salga algo mío”. En esta línea, Val también afirma haber notado que dentro de la escena independiente hay autores que ya le conocen, le han leído y le comentan.
A pesar de su ritmo frenético en cuanto a la creación, Val no lo considera tan raudo sino que entra dentro de las posibilidades del panorama “indie”: “Yo no tengo la sensación de ser tan rápido escribiendo. Sé de autores que escriben mucho más que yo. Es verdad que 3 novelas en año y medio no es lo habitual, pero dentro de la escena independiente y de la autopublicación incluso puede ser un ritmo relativamente lento. Hay personas que sacan varias novelas a la vez” relata.
En este sentido, considera que la clave de su buen ritmo a la hora de escribir está en las dimensiones de la novela, en el trabajo que desempeña y en el amplio proceso de ideación que hay detrás de ellas: “No creo que sea muy prolífico porque mis novelas no son excesivamente largas. Me paso mucho tiempo pensándolas, pero luego con mi trabajo tengo más facilidad porque estoy todo el día escribiendo antes de ponerme a escribir la historia”.
Val no se quita méritos, pero sí que pone especial énfasis en desmitificar el hecho de que sea complicado hacer una novela: “Yo no tenía formación más allá de ser un lector y empecé a modo de entretenimiento o hobby en casa”. Sí que es cierto que el escritor conquense no ha cesado en ningún momento en su formación y que cada día sigue esforzándose en mejorar sus competencias: “Desde mi primera novela a ahora he ganado en recursos a la hora de contar las historias, de ser mucho más crítico cuando leo un libro y a la hora de escribir los míos. Haces cursos, lees libros sobre cómo construir diálogos, cómo hacer personajes y eso te permite mejorar” afirma.
En todo momento piensa en sus lectores ya que al final son los que verdaderamente van a disfrutar de su obra. Por eso se esfuerza en seguir aprendiendo: “Si hay personas que van a leerme, qué menos que ir mejorando cada vez”. Asimismo, se esfuerza en cambiar de registro, de tono, de historia y de narrativa siempre dentro de un mismo género como un reto literario para sí mismo: “Siempre busco retos que me supongan salirme de lo que ya he hecho para dar algo más”.
En esta novela ha ido un poco más allá en la narrativa introduciendo el multiperspectivismo y jugando con las líneas temporales: “No quería hacer una novela tan lineal sino que quería meter más suspense. Siempre me han dicho que mis novelas son muy directas y que todo pasa muy rápido y en esta he querido que en el transcurso de un día, el ritmo narrativo sea más pausado”.
El escritor reconoce que siempre intenta mejorar su narrativa para quien siga su trayectoria contemple un avance. En esta última, a partir de la aparición de un peregrino muerto se produce una investigación cargada de suspense y perspectivas: “Hay mucho misterio porque hay una línea temporal que no sabes quién la protagoniza porque su nombre no se dice y ahí se genera como lector un juego de detectives para ver qué ha pasado y qué puede haber detrás”.
En su mejoría, dice tener mucho que ver el pertenecer a las Casas Ahorcadas, porque gracias a eso ha leído muchos libros de muy distinto tipo y ámbito: “Eso como formación a mí me ha venido muy bien porque vas viendo cómo se hacía y cómo se hace”. Además, afirma que ahora está leyendo a muchos autores independientes como GG Velasco, Iván Gilabert o Cristian Perfumo: “Entre la literatura independiente puedes encontrar cosas muy malas o auténticas joyas. Estos autores son magníficos y están en la escena independiente porque quieren y les va bien así”.
Su trabajo como periodista le ha dado una gran capacidad de redacción y de contar historias, pero también le genera ciertos problemas a la hora de saltar a la literatura: “No te sientas igual cuando lo haces como escritor que como periodista. Tengo vicios que vienen del periodismo como algunas locuciones que son muy poco literarias o el uso de las comas que lo he ido mejorando” dice Val.
La objetividad del periodismo también le pone difícil la redacción en algunos aspectos: “Mi manera de escribir es muy fría y casi impersonal y eso me viene del periodismo. Al final tú tienes que ser lo más objetivo posible” reconoce. Val afirma que el mundo del periodismo es a veces es muy complicado y que el tema de escribir novelas le da otra perspectiva de lo que es la escritura: “Yo utilizo la escritura para no acabar odiando mi trabajo” dice.
Lo que sí que hace con frecuencia es “matar gente” de forma figurada. En sus novelas siempre hay crímenes que se deben resolver. Esta línea le viene de sus gustos personales ya que siempre ha sido un firme aficionado al suspense en todos sus manifestaciones: “A mí siempre me han gustado mucho los libros de suspense, de misterio o de thriller. Todo aquello que tiene un componente de misterio y de tener que saber qué es lo que ocurre a mí me gusta mucho”.
Sin embargo, afirma que ha intentado ir reduciendo la violencia en sus libros y la forma de contar los crímenes: “Este último libro es mucho menos violento que los otros y tengo una próxima idea que incluso creo que va a ser menos violenta aún. Voy puliendo un poco mi manera de afrontar esta clase de novelas y cómo las escribo”. Por eso, Val afirma haber mejorado en el sentido de no necesitar muchas muertes para hacer algo llamativo y cuadrar todas las pistas.
También ha ido trabajando en el proceso y la forma de publicación, un camino que recorre paralelamente al de la creación y la redacción. Val cuenta que en su primer libro, «El Efecto Werther» todo fue muy amateur y habría requerido alguna revisión más profesional. En el segundo, «Purgatorio» le dio una vuelta de tuerca a la corrección y portada y en el tercero, ha llevado todo un procedimiento a la hora de publicarlo: “En esta última novela he seguido consejos de dejarlo reposar dos meses y he sentido que había cosas que estaban muy bien y otras que podían mejorar. Ha tenido una corrección ortotipográfica y de estilo, una portada que se ha ido maquinando a mi gusto y una promoción un poquito más amplia que en las otras”.
La autopublicación sigue siendo su vía para lanzar sus novelas ya que reconoce que se encuentra cómodo con este sistema sobre todo por su carácter impulsivo a la hora de sacar una obra a la luz: “Yo prefiero autopublicar porque lo controlas tú y lo que vendes es problema tuyo. Así sé perfectamente los plazos y los precios.
Val afirma que entrar en una editorial “no le quita el sueño” pero sí que le gustaría: “Yo estoy muy cómodo en la autopublicación y mientras haya personas dispuestas a comprarlo y están contentos con el resultado, no tengo que volverme loco con una editorial”.
El objetivo sigue siendo el mismo, llegar a más gente y que su novelas resulten entretenidas. Además aspira a dar un salto cualitativo fuera de las fronteras conquenses y llegar a más gente y más lugares: “Este año voy a intentar contactar con blogueros para que me la reseñen y que si les gusta se produzca el boca a boca para que otras personas la lean y sigan dando su opinión”.
Una de las cosas que más valora de sí mismo es que considera que no engaña a nadie en sus novelas. Pone todas las pistas entre las páginas y el final es perfectamente asumible con lo que se cuenta: “Si a mí alguien me dice que el final era previsible yo casi que me da una alegría. Mis libros no engañan a nadie. Yo pongo ahí todas las pistas y si al final alguien lo ha acertado pues es que ha estado atento y ha leído bien la novela”.
Por este motivo, en muchos libros añade un epílogo en el que cuenta qué ha ocurrido después. Es su forma de aportar una profundidad psicológica y que sus novelas no se conviertan en crímenes sueltos y desprovistos de su factor más humano: “La gente cambia a partir de un hecho taumático y por eso siempre cuento un poquito qué ocurre con los personajes después de la historia que se narra y por ver que lo que ocurre tiene una repercusión”.
De su huella como escritor, Val espera que sus novelas supongan una “lectura fresca” perse a que ese término esté bastante denostado en la literatura: “Para mí que mis novelas se consideren una lectura fresca de verano sería todo un honor. Yo quiero que las historias sean entretenidas y sean de las que se devoran en poco tiempo”.
Val dese que no solo se le lea a él sino que la gente lea, algo que ha conseguido al menos con sus allegados: “Hay amigos míos que no leían nada y a raíz de mis libros le han dado continuidad a la lectura. Sé de dos personas que se han animado también a escribir a partir de las mías”.
Su mayor miedo en el mundo literario es pensar que no vale para ello: “Mi mayor temor es si lo hago bien o lo hago mal. Que haya mensajes buenos ayuda al margen de que mis libros no tienen que gustar a todo el mundo” afirma.
Alberto Val está haciendo más que bien el posicionarse como uno de los nuevos escritores conquenses con más ritmo y proyección de los últimos tiempos. Su flecha amarilla seguro que señala a un futuro todavía más prometedor.



































































