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Tejer contra la Covid-19: La artesana Rebeca Marín organiza talleres de relajación con ganchillo en el Espacio Liberum

Son tiempos convulsos. Todos estamos sometidos a mucha tensión y la incertidumbre no nos permite relajarnos ni sobre lo que ocurre ni sobre lo que deparará el futuro. En estas épocas, se agradece un espacio para la desconexión que nos permita relajarnos del estrés de la vida. El ganchillo puede ser una de las mejores formas de conseguirlo. Se desarrolla la motricidad, se agudiza el ingenio, se trabaja la concentración y se fomenta la autonomía y la realización personal al poder ver y tocar aquello que se aprende y se construye.

Rebeca Marín lleva practicando ganchillo desde hace casi una década y ha encontrado en esta actividad un método para superar problemas y hacerse a sí misma. Catalana de nacimiento y conquense a adopción, ahora quiere llevar los beneficios que a ella le ha supuesto esta práctica a todos aquellos que estén dispuestos a probar: “A mí el ganchillo me ha ayudado en situaciones complicadas y viendo mi propia experiencia creo que le puede ir bien a otras personas” considera.

Para ello, lleva a cabo unos talleres de relajación a través del ganchillo en el Espacio Liberum, centro de piscología. Pese a que el espacio tiene que ver con el tratamiento psicológico, los talleres no suponen una terapia como tal, pero sí que se utilizan el ganchillo como método de evasión de los problemas cotidianos para concentrarse únicamente en tejer: “Aprendiendo a hacer ganchillo y a tejer nos relajamos y no pensamos en otras cosas más que lo que tienes delante. No es una terapia psicológica sino un taller para aprender y a partir de ahí conseguir concentrarte” cuenta Rebeca.

Los sábados por la mañana durante una hora y media, los participantes se concentran solamente en la prenda que deben confeccionar con sus propias manos, una labor de extrema concentración que les permite evadirse de los problemas mundanos. De momento hay un grupo para las 12:00 pero ya están elaborando un segundo para las 10:00. Está abierto para cualquier persona a partir de los ochos años, que es cuando la motricidad está algo más desarrollada. Por la situación sanitaria los grupos son de unas cinco o seis personas: “Aunque es un espacio grande, para garantizar que estemos separados y cada uno en su puesto, estamos limitando el aforo a esa cifra”.

Ahora mismo cuentan con dos niños de ocho años, una madre de uno de estos niños y un hombre de más de 60 años. Además se han interesado por el taller tres mujeres de entre 30 y 45 años: “Como la franja de edad es totalmente abierta, no hay un grupo definido ni un patrón en cuanto a los años que tienen los que vienen”.

El primer taller ya tuvo lugar el pasado sábado 19 con resultados sorprendentes: “Vinieron una madre y una hija y la niña estuvo concentradísima aprendiendo a hacer ganchillo. La madre se quedó maravillada al ver que su hija, que es muy inquieta, aguantaba una hora y media sentada haciendo esto”.

Rebeca ya contribuyó con el ganchillo a combatir la pandemia de la Covid-19 con la realización de un patrón para tejer un chal que donó para un libro digital que recaudó más de 3.000 euros. Por aquel entonces, ya confesaba a Eldeporteconquense.es su deseo de compartir cursos y poder ayudar a otra gente con su pasión.

Con este taller, Rebeca desea que “la gente desconecte aunque sea un ratito para no pensar en toda la situación que estamos viviendo”. La idea es que se tejan los problemas para hacer puntos y conseguir que se conviertan en una prenda de relajación hecha por uno mismo para vestirla frente a los contratiempos de la vida.

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J.I. Cantero