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Conquense de nacimiento, taranconero de adopción y vocación, el corazón dividido lleno de bondad se paró en el día de la Patrona de Cuenca, Julián Saiz

Llegó a Tarancón al frente de una financiera, soltero joven, aquí encontraría el amor de su vida, tanto como profesaba a su ciudad natal, Cuenca y por su vocación de servicio,tanto en al ámbito profesional como social, pronto fue adoptado y como a todo buen taranconero, se encontró el apodo adecuado, con el que hasta el momento de su muerte era popularmente conocido, Julián “Fidecaya”-

Emparentó con una familia popular de nuestra ciudad, “Los minutos” y siguió, los pasos de la misma,si bien, en segunda linea, con discrepcion, de la que siempre hizo gala. Porque es uno de los peñista del Mosto, del grupo fundador, de la Pasión Viviente, en esa discreta segunda, pero importante linea. Esposo de una mujer inquieta y trabajadora, comprometida con el arte y la cultura local, de cuyo matrimonio, surgieron dos artistas, a los que siempre apoyó, pero posiblemente en la sombra, una artista polifacética, Nuria, que todavía esta por descubrir todo el talento. Y su afición taurina, en su hijo, que hizo sus pinitos como recortador, Jorge.

Siempre atento al acontecer taranconero, junto a la familia, pilar importante, un hombre que su profesionalmente se supo ganar el cariño y respeto de cuantos tuvieron contacto con él, en la calle, no había peatón e incluso conductor que no saludara a Julián Saiz “Fidecaya”.

Trabajador en entidades financieras, ademas de Tarancón, donde se inició y se jubiló también supo ganarse a los moteños, puesto que Mota del Cuervo ejerció con su entidad bancaria varios años, antes del regreso a Tarancón

Su vinculación con Cuenca, la capital, donde nació, con sus pasiones, por la Semana Santa y las fiestas de San Julián, sobre todo su feria taurina. La patrona de la capital, la Virgen de la Luz, se lo lleva todavía con mucha vida por delante, porque ese gran, el enorme corazón en esa figura, de no muchos kilos, se paró. En plena desescalada del Covid 19, no se lo lleva el virus, ha sido el infarto, que sentimos cuantos tuvimos ocasión de tener alguna experiencia con él.

La Semana Santa de Cuenca, a la que vinculó a la familia, su hija Nuria e incluso el nieto, la Hermandad Jesús Orando en el Huerto de San Esteban, de la que fue por turno Hermano Mayor el pasado 2017, guardará seguro un gran recuerdo. Ademas, las turbas, ese sentimiento que nos decía en Tarancón de “turbo al amanecer del Viernes Santo, con el clarín”, Camino del Calvario.

Y las fiestas y ferias del patrón, de San Julián, mulillero, conducía con la tralla a las mulillas en la plaza de la Capital, con gran maestría y es que había aprendido de su padre el conducir mulillas. Su padre agricultor en la San Isidro Labrador, en Cuenca el denominado de Abajo y habitualmente seguía los actos que allí se celebraban.

Pero sabia simultanear con Tarancón, junto a la familia y amigos, desde la Peña el Mosto, también de mulillero en la plaza portátil en las fiestas. Cercano, humano se unía a todos los movimientos festivos, sociales, culturales, tanto cuando estaba activo en la banca como en la jubilación.

Deja un gran vacío en la familia, a la que nos unimos en el sentimiento en el “duelo” para no olvidar, mas bien para recordar cuanto bonito vivido a su lado. Desde Rían, esposa, a Jorge y Nuria, hijos, nieto, cuñados y cuando se han visto como todo sorprendidos por la rotura de un gran corazón, que compartió con Cuenca y Tarancón, familia y sus pasiones y aficiones.

Julián Saiz Descalzo, Julián “Fidecaya”. No te olvidaremos.

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