Paula Villalvila es una joven voluntaria del Equipo de Sensibilización e Información ante Emergencias (ESIE) de Cruz Roja que se desplazó desde Castilla-La Mancha a Cataluña el pasado 27 de marzo hasta el 29 del mismo mes. Un grupo de ocho personas de la región llevaron a cabo el refuerzo solicitado por Cataluña por todas las familias y niños desde Ucrania que estaban llegando a la comunidad, y los cuales, necesitaban ayuda.
Paula Villalvila no se lo pensó y fue uno de los tres conquenses que decidió viajar hasta tierras catalanas para ayudar a los niños, los cuales necesitaban la ayuda de profesionales. «Nos activaron los compañeros de Barcelona, la mayoría no podían y subimos ocho desde Castilla-La Mancha, fue muy rápido. Yo no lo pensé mucho era mi primera oportunidad y en esta crisis no la quise desaprovechar para ayudar a los que más lo necesitan».

Su principal función era estar con los más pequeños, para buscar que se evadieran de todo lo sufrido en Ucrania por la guerra. «Era una zona delimitada de mesas con muchos juegos, espacio más amplio para que los niños pudieran correr, ellos querían jugar y hacer cosas. Estaban en un espacio de adultos y algunos niños eran más reticentes y se quedaban en las sillas con sus padres, pero por lo general, buscaban evadirse de su situación jugando con nosotros y otros niños», señalaba,
El idioma no era un problema. «Algunos sí hablaban inglés y manteníamos conversaciones más larga, una niña fue con la que más pude hablar, me contó lo que pasó donde vivía, me contaba que había tenido que venir por las explosiones de su ciudad», aseguraba la voluntaria emocionada.

Una experiencia enriquecedora que será difícil de olvidar. «Me regaló un origami de papelito, tras hacerle yo un dibujo, otra chica nos dibujó a nosotros, otro me dio un caramelo, era una forma de agradecer que hubiéramos estado con ellos. La experiencia ha sido muy buena, muy satisfactoria, es complejo por lo que están viviendo pero estoy muy feliz de haber estado allí».
Si la vuelven a llamar, irá sin pensarlo. «Si nos vuelven a activar estaré encantada, ahora ayudo a familias ucranianas que han llegado a Cuenca, alrededor de 100 han venido aquí y estoy muy feliz de poder aportarles lo que pueda», sentenciaba.






































































