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Análisis de Ikai: Terror, nervios y yokais

Si sois de los que rellenaban el Workbook de inglés a toda prisa mientras la profesora empezaba a corregir los ejercicios que no hiciste, sabréis lo que es escribir con tensión, presión y miedo. Y parecerá una tontería, pero tener que escribir palabras en un idioma que no dominas sin cometer faltas de ortografía y ante la inminente llegada de una entidad que te pondrá a juicio, es cuando menos aterrador. Pues bien, en el juego del que hablaremos a continuación no se nos examina de inglés, pero sí que nos propone escribir extraños símbolos bien y rápido, porque algo viene hacia nosotros, y ni es la profe, ni viene a revisar los deberes. 

Ikai es un videojuego de terror y puzles desarrollado como el primer título del estudio español Endflame. En el juego controlamos a Naoko, una sacerdotisa que vive tranquilamente en el santuario de una pequeña villa del Japón feudal. La cotidianidad de los días de Naoko se rompe cuando un día comienzan a suceder cosas extrañas a su alrededor causadas por yokais, criaturas mitológicas del folclore japonés. Aunque en la cultura japonesa no todos estos seres son peligrosos, los presentes en esta historia son letales y aterradores. Nuestra protagonista se verá rodeada por estas entidades malignas que invaden su hogar y no tendrá más remedio que huir de ellas y detenerlas con sellos de protección para poder salir con vida. 

Si algo define bien con pocas palabras esta obra es tensión y ansiedad. Lejos de ser el típico juego de miedo con abundantes jumpscares, Ikai nos mantendrá con un nerviosismo constante desde el primer minuto, aunque no tengamos frente a nosotros al monstruo, porque muchas veces no sabremos siquiera a que nos estamos enfrentando. Durante lo que dure la aventura (en torno a unas 3 horas) nos veremos envueltos en una atmósfera de inquietud y angustia favorecida por una cuidada ambientación y escenarios que, además de recrear con mimo la cultura japonesa, ponen los pelos de punta a la hora de explorarlos. 

No obstante, los máximos responsables de que nos tiemblen las manos serán las criaturas demoniacas que acechan en la oscuridad. Sin entrar en spoilers, he de decir que hay más de una, que hay que llevar a cabo distintas estrategias para sobrevivir y que todas ellas dan muy mal rollo. Aunque los enemigos serán muy diferentes entre sí, hay un elemento que será común en cada encuentro con estos seres: la necesidad de escribir un sello protector para confinarlos definitivamente.  

Es aquí donde empieza a cobrar sentido lo que comentaba al principio. Para escapar de los monstruos, Naoko tendrá que escribir distintos sellos en papel y colocarlos en determinadas zonas. Para ello, necesitaremos situarnos en alguna mesa de las que hay por el escenario y, con el pincel (que manejaremos con el joystick o el ratón), seguir las líneas que el juego nos indique hasta terminar el sello. Pero lo que puede parecer sencillo en un primer momento se torna algo complicado si comenzamos a añadir más factores a la ecuación. Los sellos deben terminarse antes de que nos encuentre el yokai de turno y acabe con nosotros (además de darnos un susto de muerte), por lo que la tensión y los nervios ya están asegurados desde el segundo en el que colocamos el pincel en el papel. Mientras estemos a lo nuestro con el símbolo protector, escucharemos puertas abrirse y sonidos de ultratumba que nos alertarán de que el enemigo se acerca cada vez más, algo que no ayuda mucho a tener el pulso firme. Y es que, si perdemos los nervios y nos salimos de las líneas, tendremos que volver a empezar el sello desde el principio. También habrá que tener en cuenta la iluminación, ya que, si nos situamos en una habitación sin suficiente luz, nos será más difícil seguir las líneas y las probabilidades de que nos den caza aumentarán considerablemente. 

La escritura de sellos de protección es una mecánica sencilla, pero funciona realmente bien a la hora de producir escalofríos y mantener la tensión en el cuerpo. Sin embargo, Ikai presenta algunas otras mecánicas y situaciones tal vez no tan interesantes ni igual de disfrutables. Este es el caso de las secciones en las que lo único que podremos hacer es escondernos del monstruo y esperar a que pase de largo sin vernos. Si bien puede funcionar lo de ocultarnos de la criatura para generar terror, se hace un tanto cansado cuando estamos obligados a tener que agacharnos cada cuatro pasos. 

Los puzles, por otro lado, resultan en ocasiones más confusos de la cuenta. No son especialmente complicados, aunque tampoco son un paseo ni mucho menos. La mayor dificultad al resolverlos recae en que la solución, que a menudo es más simple de lo que aparenta, suele ocultarse tras una capa de confusión y una ausencia de indicaciones claras de lo que se debe hacer para seguir avanzando. 

Tampoco destaca demasiado en el apartado técnico, pues el juego adolece de ir un tanto justo con unos gráficos y texturas que cumplen, pero que no sorprenden. No es así en el apartado sonoro. El ruido de los cajones al abrirse, las respiraciones de los espíritus o hasta los pasos sobre la madera están diseñados para evocar pavor y alejar cualquier atisbo de tranquilidad que pudiéramos tener jugando. El título se ve favorecido también por un correcto doblaje al inglés, pero más aún por un superior en todos los aspectos doblaje al japonés, que además de ayudar a la inmersión dentro de su mundo, nos deleita con unas voces realmente convincentes para ser un juego indie. 

Al final, todo lo que queda tras haber superado Ikai es la sensación de estar ante un título al que se le ha puesto cariño, pero que no está exento de fallos. Es un juego especialmente recomendable para los aficionados a la cultura japonesa, sobre todo en lo que respecta a los yokai y los mitos del país nipón. También cumple como juego de terror y su corta duración se ajusta lo suficiente para que las horas que nos dure esta aventura estemos aterrados. Y es que, aunque decaiga en algunos puzles y secciones concretas, es un título interesante que maneja realmente bien la tensión y que sabe cómo jugar con su ambientación y sus influencias. 

 

 

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