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Análisis de Gerda: A Flame in Winter- Una enfermera en la Segunda Guerra Mundial

Pensar en un videojuego ambientado en la Segunda Guerra Mundial puede conducirnos a la idea de un juego que se desarrolla en medio de la batalla en el que nuestro personaje es un soldado que lucha por su vida y por la de su gente.

Gerda: A Flame in Winter busca romper con este tópico y nos muestra la guerra desde otro punto de vista, desde una enfermera mitad danesa mitad alemana que vive en Tinglev (Dinamarca) y que para salvar a su marido debe dejar atrás todo lo que algún día fue.

El juego comienza con la detención de nuestro marido por parte de la Gestapo, ya que sospechan de que él está implicado en una explosión que tuvo lugar en la fábrica de Algot Vestergaard, el magnate del pueblo con el que más adelante nos veremos las caras.

A partir de aquí, tendremos que tomar una serie de decisiones que darán rumbo a nuestro destino.

El juego se divide en capítulos, en los que escribimos en nuestro diario y que para cerrarlos debemos escoger entre tres opciones y cada una nos da un punto en función de lo que elijamos. Estas declaraciones pueden darnos compasión, percepción o ingenio.

En los primeros capítulos daba la casualidad de que la mayoría de las elecciones me daban ingenio, cosa que agradecía en muchas ocasiones, pero de las que me iba arrepintiendo cuando llegaba una ocasión en la que necesitaba compasión para, por ejemplo, consolar a una niña refugiada.

En este momento la realidad me dio en la cara y comprendí que una de las cosas que el juego te quiere enseñar es que al igual que Gerda, mucha gente ha tenido que callar para no resultar herida. Esto quiere decir, que, si quería tener algún punto de compasión para que en el futuro no me pasase lo de antes, necesitaba escribir en mi diario un final de capítulo en el que, en vez de pulsar la opción en la que me cagaba en todos los nazis pulsaba la que me hacía decir que la guerra nos está afectando a todos. Y qué rabia me dio tener que escribir eso en el diario, ya que no hacía distinción. Si eres compasivo, lo serás con todo el mundo.

Otras estadísticas que tenemos en el juego son la afiliación con los ‘’cuatro bandos’’ que hay: daneses, alemanes, resistencia e invasores (los nazis). A medida que daba respuestas y hacía preguntas en diferentes conversaciones iban subiendo o bajando puntos dependiendo del lado por el que tiraba la conversación y que por supuesto, también me conducía por los diferentes caminos posibles de la historia.

En mi caso, acabé el juego con +7 puntos con los daneses, +10 con los alemanes, -4 con los invasores y +21 con la resistencia. Y como podéis imaginaros, pasé de ser enfermera a ser una más de la resistencia de Tinglev.

El juego tiene diferentes finales, y por desgracia, a mí se me escapó de las manos el plan para salvar a mi marido.

Además de los bandos nos iremos encontrando con personajes nuevos en el juego que apuntaremos en nuestro diario con un leve comentario de quiénes son y los secretos que podamos descubrir sobre ellos. Esto es muy útil a la hora de saber con quién tengo que hablar y sobre qué para salir beneficiada.

También podemos aumentar o disminuir el grado de amistad que tenemos con los personajes que van desde nuestro padre que se ha unido a la Gestapo, pasando por el cura del pueblo hasta la coordinadora superior de la resistencia.

Una de las cosas que me parece muy interesante y que concuerda muy bien con el resto de las mecánicas es el azar relativo que hay al querer elegir ciertas opciones. El juego nos muestra en pantalla entre dos y cuatro opciones, que pueden ser una respuesta neutra, una respuesta que necesita de compasión, ingenio o percepción, otra que necesite un objeto que hemos encontrado por el camino y otra en la que el grado de acertar depende de la afinidad con los bandos. En esta última opción, el juego te muestra las posibilidades que tienes de salir victoriosa tirando un dado imaginario. He de decir que he tenido muy mala suerte con esto, ya que, independientemente de si lo tenía fácil o muy complicado, casi siempre salía perdiendo y eso me perjudicaba gravemente.

Además de esto, hay momentos en los que el juego nos pone una barrera para limitarnos acciones, con lo que hay que elegir bien qué exploramos para no malgastar el tiempo. Por ejemplo, en cierto momento debo explorar la fábrica y para ello puedo realizar ciertas acciones para conseguir pistas, pero debo tener en cuenta que en ese caso calculaba la inquietud del grupo, y si se llena esa barra no podría explorar más.

Estas mecánicas nos conducen a través de una historia que, aunque se desarrolla en poco más de tres días, nos permite entrar de lleno en el juego para conocer más o menos a todos sus personajes. Y esto es una cosa que hace muy bien Gerda, los personajes están muy bien construidos, cada uno tiene una personalidad trabajada que facilita que podamos decidir con quién queremos relacionarnos y conocer o no sus más profundos secretos que nos ayudarán de alguna forma u otra para conseguir nuestro objetivo.

En cuanto al apartado artístico del juego es una delicia. Tanto los escenarios, personajes, cuadros de diálogo… Es un juego precioso, en disonancia al contexto en el que ocurre la historia. He de decir que no tengo ni idea de pintura ni dibujo ni todo lo relacionado, pero literalmente me ha parecido como si estuviera dentro de un cuadro que cobra vida. Es un diseño suave, en el que no pueden reconocerse los rostros a no ser que entres en sus perfiles en el diario o aparezcan en los diálogos. Y esto es bueno, ya que lo importante en todo momento en el juego es entender cómo se vivió la invasión nazi en Tinglev y las relaciones entre sus gentes. Acompañando al apartado artístico, una música que me ha mostrado, podría decirse que, desde una pequeña ventana, al Tinvlev de 1945. Una música triste, casi imperceptible en los momentos en los que, por ejemplo, nos encontramos en medio de una carretera con nieve a la maldita Gestapo haciendo un control para poder entrar o salir del pueblo, pero también tensa, en aquellas situaciones en las que la vida de varias personas depende de ti y si fallas en algo todo el plan pensado desde el inicio del juego se va a la mierda.

Por ponerle una pega al juego sería la duración de los tiempos de carga que se medía con una vela consumiéndose en la esquina inferior derecha de la pantalla. La mayoría de las veces estos tiempos de carga eran un poco pesados, pero llevaderos al ser una novela visual de pocas horas.

 

En todo momento el jugador puede consultar su diario para ver los progresos que lleva con los personajes, lo que llevamos escrito en cada capítulo y una sección que a medida que vamos avanzando en el juego se desbloquean episodios y hechos que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial acompañados de fotografías reales. Y aunque no sea necesario para avanzar en la historia, recomiendo leerlos todos si quieres saber más y entrar de lleno en el contexto en el que se desarrolla el juego.

También recomiendo poner las voces de los diálogos en danés. En mi caso, como es un idioma que no escucho nunca, ha contribuido en meterme más en la historia.

No os voy a mentir, es un juego muy duro. Un juego en el que todas y cada una de las decisiones que tomas repercuten en el futuro y muchas veces te acabas arrepintiendo de haber o no haber ido a determinado punto en el mapa en el que claramente el juego te avisa de que, si no vas a ese lugar, NO podrás volver después, con lo que hay que elegir y te da esa horrible sensación de que no puedes salvar a todo el mundo de los nazis.

El juego de la desarrolladora PortaPlay y la distribuidora Don’t Nod es diferente porque te muestra cómo afectó la guerra a los pueblos desde dentro, entre otros la falta de alimentos y la ruptura de familias y amigos porque optan por bandos diferentes, como en el caso de la familia de la protagonista, en el que su madre al enterarse de la afiliación del padre de Gerda a la Gestapo decide huir del pueblo.

Aún sigo pensando si hubiera podido salvar a mi marido y a otras personas cercanas a mí (no digo más que es spoiler) si hubiera tenido relación con los altos mandos de la Gestapo, pero era imposible, con los nazis no se hacen tratos, se les escupe en la cara como mínimo.

 

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