Corría el minuto 67 y el Atlético Ibañés helaba el Municipal Fuente del Recreo de Minglanilla. Los conquenses necesitaban, al menos, puntuar contra su máximo rival al ascenso y el 0-1 dejaba a los conquenses fuera de la primera posición. Pero apenas hubo tiempo para el pesimismo ni el nerviosismo, porque el 1-1 llegó tan solo dos minutos después. Antonio González cabeceaba un centro para llevar la locura a las gradas y, tras más de veinte minutos agónicos por el resultado, se desató la fiesta.
Empezó en el campo y se trasladó a la fuente de la Plaza del Salero, donde jugadores, aficionados, directivos y cuerpo técnico celebraron un hito histórico: el Minglanilla regresaba a Preferente 17 años después. Una andadura muy larga, con muchos cambios desde entonces -directiva, plantilla, hasta la superficie del campo-, pero siempre con la ilusión por bandera de un pueblo y un club muy ligado a este deporte.
La última vez que el Minglanilla jugó en Preferente fue el 11 de mayo de 2008, en un derbi ante el extinto CD Cuenca (2-3 para los morados). Tan solo pudieron sumar 18 puntos en un año complicado, con una plantilla justa y que se fue desvaneciendo con el paso de las jornadas. Es tal la cantidad de años que han pasado que no hay supervivientes de aquella campaña, eso sí, como jugadores, puesto que el actual presidente Pedro José Sáez era el delegado del equipo, puesto que ocupa actualmente Javier Soria, jugador en aquella época del Minglanilla.
Porque si algo tiene el Minglanilla es el arraigo con los suyos. El padre del actual presidente, también llamado Pedro Sáez y que nos dejó en fechas recientes, dejó como legado a su familia el amor por el Minglanilla -por cierto, Pedro Sáez se involucró mucho en el pueblo, e incluso una sala de la Biblioteca Municipal lleva su nombre debido a su faceta como poeta-. Y Pedro José Sáez no solo se metió como jugador en sus años mozos y como delegado posteriormente, sino que tomó las riendas para que el club siguiera compitiendo. Sus dos hijos, Pedro (tercera generación ya) y Nacho (que llegó a debutar con el Conquense y jugó para San José Obrero, San Clemente y Campillo antes de volver a sus raíces) también forman parte de este hito.
La familia Sáez no es la única que se ha desvivido por el club, puesto que los apellidos Rubio Puig también están muy vinculados. Esta empresa familiar de muebles (renovando ahora mismo su tienda y con muchísimo trabajo principalmente en la zona de Valencia) ha dado jugadores y aficionados al Minglanilla, e incluso alguno de sus miembros fueron jugadores en aquella recordada 07/08. De hecho, el más cercano de repetir hazaña fue el meta Francisco Javier Rubio ‘Parru’, quien dejó el equipo justo esta campaña tras defender durante casi dos décadas la portería minglanillera.
La historia tiene un detalle con el goleador
Hay quien no cree en el karma, pero después de ver quién fue el goleador en el día decisivo, está claro que hay fuerzas externas que ayudan a redondear las historias. El 9 del Minglanilla, Antonio González, tuvo premio a su fidelidad. El futbolista es uno de los más deseados cada verano, por su capacidad de lucha, por su compromiso, por su buen hacer en el terreno de juego y, especialmente, por sus goles. No han sido pocos los equipos que han llamado a sus puertas y la respuesta siempre ha sido negativa. ¿El motivo? Él solo quiere jugar por y para su pueblo, con sus amigos y en su localidad.
Ese tanto de cabeza ya forma parte de la historia del Minglanilla, y Antonio González también le pone la rúbrica a esta página con un tanto -otro más de los muchos que ha marcado en los últimos años- que seguro no olvidará jamás. Será su oportunidad para jugar en Preferente, y qué mejor que hacerlo al lado de los suyos.
Más motivos para creer
Después de un periplo en Segunda Autonómica y regresar a Primera Autonómica en el fútbol post-pandemia (en la 20/21), el Minglanilla siempre ha rozado la épica para volver a Preferente. Cerca lo tuvo en la 22/23, aunque se quedaron fuera en la eliminatoria de ascenso contra el Patrimonio Almadén. Pero el runrún cada temporada era de que ese año, sí, podía ser el definitivo… hasta este curso.
A los mandos de la nave se puso un ‘inexperto’ José Mari Navarro. Decimos inexperto porque tomaba su primera aventura como entrenador después de ponerle fin a su extensa trayectoria deportiva dos décadas después (que le llevaron a jugar para Villarrobledo, La Roda, Socuéllamos, Quintanar del Rey, Almansa… y finalizar su trayectoria en su Motilla natal). Tras colgar las botas asumía la aventura del Minglanilla y el flechazo fue instantáneo desde el inicio, puesto que el club siempre ha ocupado puestos de cabeza para acabar ascendiendo. Buena culpa de ello tiene Víctor Madrigal, su amigo y segundo, quien contaba con mayor experiencia en los banquillos y que le ha ayudado a crecer como entrenador a la par que ambos disfrutaban de que su propuesta de juego tenía continuidad en el campo.
También supuso este año la vuelta a casa de Nacho Sáez, un futbolista con un cañón en pierna izquierda y un despliegue físico de otra categoría. Al jugador, al que quizá le ha faltado suerte para consolidarse en Tercera RFEF, optó por jugar en casa en vez de seguir buscando otros lugares. Regresó a su zona de confort y demostró que la categoría se le queda pequeña y, con él, ha ayudado a que también se le quede corta al Minglanilla.
En el mercado invernal también hubo otro jugador que se enroló a las filas del Minglanilla y que le dio solidez defensiva. El eterno capitán del Campillo, Carlos Álvarez ‘Pino’, decidió dejar su hogar por falta de minutos, bajó una categoría y se convirtió en capitán general de la defensa del equipo arlequinado para aportar su experiencia y fiabilidad a la causa. Spoiler: funcionó.
Jornada de infarto
Los mimbres se fueron colocando poco a poco y se llegó al tramo final con las piezas bien colocadas. El Minglanilla demostró ser el mejor equipo justo en el momento perfecto y el karma (volvemos a él) quiso que pudiera rubricarlo en casa, con los suyos. El ascenso, por histórico, hubiera sido más descafeínado en otras circunstancias, pero cuando años después se recuerde esta hazaña se hablará de lo épico que fue. Porque por unos minutos el ascenso estaba perdido, pero estarán de acuerdo con quien suscribe estas palabras, ¿no se disfruta más subiendo de esta forma?
Que lo celebre Minglanilla. Y que lo disfrute el fútbol conquense. Enhorabuena a todos.


































































