La Semana Santa ha dado un respiro a los equipos de la Segunda B de Fútbol Sala, que llegan a este parón para recargar pilas y afrontar el último mes de competición con la mayor de las garantías. El FS VivoCuenca afronta estos días para seguir alimentando sus opciones de permanencia, a pesar de lo complicado que parece a tenor de la clasificación. Con todo, los de Manolo Moya han dejado atrás aquellos meses infernales de noviembre y diciembre, donde desconectaron y dejaron de competir (su seña de identidad) y, en estos momentos, al menos tienen las sensaciones de que pueden ser capaces de ganar a cualquier rival.
Ante el segundo (ahora tercero) GH Distribución Moral se quedaron a 14 segundos de derrotarles. Y ese empate en El Sargal (6-6) es el último partido que disputaron, en el que por el desarrollo del encuentro y el poco tiempo en el que se firmaron las tablas dejó un sabor amargo para los conquenses. Con 21 puntos en la tabla, la salvación se queda a seis que marca el Tres Cantos. Entre medias, el FS VivoCuenca también debe superar a Villalba (23) y Cobisa (24).
El empate no solo impidió que los conquenses se acercarán más, si no que les deja contra las cuerdas debido a que los madrileños les tienen el goalaverage ganado. Esto obliga a que, de los cuatro partidos que restan, los conquenses deban como mínimo ganar tres y que el Villalba como mucho sume un par de empates. La cosa cambia si hay empates con más equipos, ya que los azulones se lo tienen ganado a Villalba y el Cobisa debe visitar El Sargal (en la ida empataron a 4).
Sea como fuere, el FS VivoCuenca es consciente de lo delicada de su situación. Todo lo que no sea ganar cada partido puede suponer el descenso matemático, una presión añadida a cada jornada aunque no olvidemos que esta temporada, por complicada que sea, está siendo un premio al buen trabajo de los últimos años. Y esa ilusión permanece y a ella se aferran para mantener el sueño de la Segunda B vivo.



































































