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Ana Belén Álvaro, la conquense que tocó el cielo del baloncesto y vuelve a casa para amadrinar los 50 años del CB Cuenca Femenino

Foto CB Cuenca Femenino

De las pistas exteriores de El Sargal a unos Juegos Olímpicos y a lo más alto del podio europeo. La historia de Ana Belén Álvaro es la de una conquense que salió muy joven de su tierra para construir una de las grandes trayectorias del baloncesto femenino español. Más de 200 internacionalidades con España, olímpica en Barcelona 92, campeona de Europa en 1993, dos veces elegida mejor base de Europa y miembro del Hall of Fame del baloncesto español. Una carrera que ahora vuelve, de alguna manera, al lugar donde comenzó.

El CB Cuenca Femenino ha cumplido 50 años de historia y eligió a Ana Belén Álvaro como madrina de sus bodas de oro. Una elección cargada de simbolismo para una entidad que lleva cinco décadas formando jugadoras y manteniendo vivo el baloncesto femenino en la ciudad.

«Para mí significa un orgullo poder estar con ellos en una celebración tan importante. Son 50 años de un club de baloncesto femenino y, cuando ellos empezaron, era una época difícil para el deporte en general y para el deporte femenino en particular», reconocía Álvaro. El aniversario tuvo además un importante componente emocional, ya que le permitió reencontrarse con antiguas compañeras a las que llevaba décadas sin ver.

Un regreso a aquellos años de El Sargal

La celebración terminó convirtiéndose en un viaje hacia su adolescencia. Entre las presentes había jugadoras con las que había coincidido cuando apenas tenía 14 años en los Juegos de Castilla-La Mancha. «Fue muy emotivo porque había jugadoras que no veía desde entonces. Ese reencuentro ya no era solamente por la fiesta de la celebración, sino por volver a ver a esas personas y recordar cosas de cuando teníamos 14, 15 o 16 años».

Aquellos recuerdos pertenecen a un baloncesto muy diferente al actual. Álvaro habla de pistas de cemento, caídas que terminaban con heridas y encuentros disputados incluso cuando el suelo estaba ligeramente mojado. Condiciones que ahora pueden resultar sorprendentes, pero a las que entonces apenas prestaban atención porque lo verdaderamente importante era tener un balón entre las manos: «Lo que recuerdo de esos años es una felicidad máxima por jugar al baloncesto. No nos quejábamos en absoluto, éramos felices jugando».

Aunque salió muy joven de Cuenca y ya desarrollaba su carrera en Cataluña, la ciudad continuó formando parte de aquellos primeros años. Durante sus vacaciones regresaba a casa y el baloncesto volvía a aparecer. Especialmente vivo mantiene el recuerdo de acercarse con su balón a las pistas exteriores de El Sargal para lanzar a canasta o de aquel verano en el que preparó los Juegos de Castilla-La Mancha con el club conquense. Lo que después sería una carrera extraordinaria era entonces, simplemente, una diversión.

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De Cuenca a unos Juegos Olímpicos

Aquella niña terminó llegando hasta Barcelona 92. Ana Belén Álvaro formó parte de una generación que vivió en primera persona un momento determinante para el crecimiento del deporte femenino en España y considera que la preparación de los Juegos supuso un punto de inflexión. Las instituciones comenzaron a invertir mayores recursos y la selección pudo trabajar durante varios años con unas condiciones que permitieron a sus integrantes entrenarse, viajar y adquirir experiencia internacional.

«El germen fue ahí, porque las instituciones se volcaron. Nosotras pudimos entrenar cuatro años en Madrid, formándonos y viajando para coger experiencia», recuerda. Para la conquense, aquella apuesta demostró que el respaldo al deporte podía traducirse posteriormente en grandes resultados y sentó unas bases que el baloncesto femenino aprovecharía durante los siguientes años.

Y el gran premio no tardó en llegar. Solo un año después de Barcelona, España se proclamó campeona de Europa en 1993 con Ana Belén Álvaro formando parte de aquella histórica selección. El oro fue, según recuerda, consecuencia de todo el trabajo acumulado durante la preparación olímpica y ayudó a impulsar definitivamente un baloncesto femenino que comenzó a ganar peso, atraer patrocinadores y mejorar sus estructuras.

«No hay nada gratuito»

Su trayectoria permite ahora a Álvaro observar el baloncesto desde otra perspectiva. Vinculada a la formación de jóvenes, la campeona europea tiene claro cuál es el principal mensaje que intenta transmitir a las nuevas generaciones. Disfrutar resulta imprescindible, pero alcanzar objetivos requiere también una dedicación que va mucho más allá del talento.

«Tienen que saber que no hay nada gratuito. Tienen que entrenar, tienen que ser felices haciendo lo que hacen, pero hay que entrenar mucho y tener un compromiso muy fuerte», explica. Una exigencia que acompaña con otra enseñanza adquirida durante tantos años de competición: saber continuar cuando los resultados o el rendimiento no acompañan.

Álvaro insiste en que no conviene desmotivarse cuando aparecen las dificultades porque forman parte del propio deporte: «Habrá momentos muy felices y otros menos felices, pero si de verdad te gusta tienes que seguir y seguir». Ella misma recuerda que nunca se impuso grandes metas cuando era pequeña y que fue avanzando a medida que aparecían oportunidades, aunque siempre con una enorme dedicación detrás: «Para mí era una pasión. Le dedicaba muchísimas horas. Esto no es entrenar dos horas al día y ya está, es muchísimo más».

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La campeona que vuelve a sus orígenes

Después de más de 200 partidos con España, unos Juegos Olímpicos, un Europeo y una carrera repleta de títulos nacionales y continentales, regresar a El Sargal despertó inevitablemente recuerdos. «Se me despierta cuando yo tenía 14 años», explicaba Álvaro al echar la vista atrás y recordar los entrenamientos, los Juegos de Castilla-La Mancha y aquellas vacaciones en las que aprovechaba cualquier momento libre para bajar con su balón a las pistas exteriores.

También encontró un escenario diferente al de entonces. La histórica pista central de El Sargal tiene ahora al balonmano como principal protagonista, mientras que el CB Cuenca Femenino disputa sus encuentros en la pista Esperanza Calvo. Álvaro destacó las mejoras realizadas en esta última instalación y, especialmente, el ambiente que se ha generado alrededor de un club que continúa trabajando para que nuevas generaciones de niñas puedan practicar baloncesto en Cuenca.

La celebración dejó también una camiseta conmemorativa del 50 aniversario en manos de su madrina y una promesa: intentar regresar para presenciar algún encuentro cuando sus responsabilidades profesionales en Valencia se lo permitan. Una posibilidad que cerraría todavía más el círculo entre aquella niña que lanzaba a canasta en El Sargal y la campeona de Europa que ahora contempla cómo otras jóvenes comienzan su propio camino.

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Mario Gómez