
El REBI Cuenca sufrió este lunes por la noche una pérdida de esas que duelen, porque uno de sus hombres de confianza en la última década (llegó en 2014) se despidió del club. El periodista de este medio de comunicación, Carlos Ruiz Massó, no seguirá en el REBI Cuenca después de más de una década trabajando por y para el equipo conquense de Asobal. De momento, no hay sustituto en el club, lo que significa que el apartado de comunicación está sin personal. Cierto es que, desde la confirmación de su marcha, ya se está trabajando en encontrarle recambio, pero de momento no hay nada cerrado ni confirmado.
La marcha de Massó del club -por cierto, no ha recibido ningún mensaje de agradecimiento por parte del club- puede parecer la de una persona más que decide desligar sus caminos y centrarse en otros proyectos. Lo cual es lícito y hasta entendible, porque trabajar para un equipo de las características del REBI Cuenca, por todo lo que conlleva, desgasta mucho. Sin embargo, su baja es más importante que la de simplemente estar por un periodo sin gabinete de comunicación, porque Massó se convirtió por derecho propio durante todo este periplo en patrimonio del club. Y no lo digo yo por pelotear a mi compañero de trabajo, amigo y socio fundador de este medio de comunicación al igual que quien suscribe este artículo, sino porque su labor en el club ha ido más allá de trabajar en las redes sociales y elaborar las notas de prensa o pensar en cómo presentar las campañas de abonados.
Pocos recordarán que Massó empezó su idilio con el balonmano, del que se ha ido convirtiendo en experto poco a poco y mediante trabajo, a través de las tertulias. Comenzó allá por 2012 en Cope Cuenca y poco después siguió en Ser Cuenca, hablando de un club que siguió con pasión. Tanta que se acabó convirtiendo en su voz, porque en ese 2014 comenzó su andadura como speaker, con su manera tan particular y única de hacer las presentaciones de los jugadores de casa. Una labor que no suele estar destinada para el responsable del gabinete de comunicación, pero que siguió compaginando porque le apasionaba hacerlo.
Massó incluso entró como directivo en 2019, en aquella junta directiva liderada por Ramón Fernández y en la que entraron diferentes nombres como Joaquín Soria, Ana Belén Bodoque, Julio Ortega o Irene Rocamora. Pero ese periplo, como el de esa junta directiva, duró un año. Sin embargo, Massó siguió ligado al club y asumió, ya como personal externo, las labores de comunicación.
Toda esa labor era visible y conocida. Quizá no lo sea tanto que Massó ha trabajado a órdenes del club, ya sea para convencer a jugadores para seguir (como sucedió con Thiago Alves cuando tenía novias por toda España), recoger a jugadores en el aeropuerto, realizar informes para el club en diferentes apartados, ayudar en la captación de socios e incluso patrocinadores, convencer a personas cercanas para que estén en taquilla o demás puestos necesarios, tantear jugadores con posibilidad de venir… La lista de tareas es tan larga que solo se puede definir de una forma: es un hombre de club.
Con su marcha, el REBI Cuenca pierde parte de su identidad. Porque es difícil hablar del balonmano en la última década y no recordar con cariño la labor de Carlos Ruiz Massó en el club.
Sin fotógrafo y diseñador
Si bien era el responsable del gabinete de comunicación del REBI Cuenca, con el paso de los años amplió el personal que trabajaba en este área. Debido a las exigencias de Asobal, el club necesitaba fotógrafo (todos los equipos de Asobal deben remitir una serie de fotos de los partidos de casa) y Massó ‘fichó’ a Juan Alberto Lillo.
Asimismo, en el último año aumentó su plantilla con Mario Gómez como diseñador a la hora de preparar diferentes contenidos en redes sociales, así como material audiovisual.
Ambos tampoco seguirán en el club, puesto que se marchan con la persona que les contrató para esas tareas.



































































