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Árbitros conquenses cuelgan el silbato y se ponen el mono de trabajo para luchar contra el coronavirus

Dos semanas después del Estado de Alarma decretado por la pandemia de coronavirus los sanitarios siguen trabajando incansablemente, convirtiéndose en un ejemplo de profesionalidad y entereza. Entre estos modelos de conducta hay colegiados en toda España a los que habitualmente vemos cada fin de semana sobre las pistas o campos de juego. Una actividad, logicamente, paralizada y secundaria en estos momentos.

En Cuenca hay algunos de ellos que están ejerciendo en este sector durante la crisis, como el quintanareño David Cambronero, actualmente en Segunda División B (y cuarto árbitro en Primera y Segunda) y graduado en Enfermería. En esta crisis sanitaria ha apartado el silbato para trabajar en la Unidad de Infecciosos por Covid-19, Hospital Marina Baixa – Villajoyosa, donde está aportando su granito de arena para ayudar a superar está crisis. Al colegiado le pilló el Estado de Alarma «por sorpresa», lo que al principio le generó «cierta frustación» a causa de que todos los partidos de final de temporada se veían afectados. En este sentido no es «un reto fácil» mantener las condiciones físicas bajo el confinamiento, aunque asegura que «todos los hechos te brindan alguna oportunidad». En su caso, la crisis sanitaria le ha permitido «ayudar a la sociedad como enfermero y poder trabajar y servir para aquellos que más lo necesitan». 

El colegiado quintanareño se presentó de manera voluntaria a la bolsa de empleo extraordinaria, lo que llevó a ser contratado a las pocas horas en el hospital alicantino en el que ejerce como refuerzo. «En estos momentos, me doy cuenta de que en
todas las situaciones de la vida es necesario un árbitro. Alguien que pare este partido. Que detenga la jugada y saque tarjeta roja a este virus que tanto nos está haciendo sufrir», resalta. En su faceta como enfermero, «también juego un papel protagonista en este partido, le planto cara a la injusticia e intento no saltarme el reglamento de este nuevo juego que conlleva quedarnos en casa». 

Asegura que la tensión que se vive en los hospitales es enorme, pero «está prohibido desmoronarse, dejarse llevar por la incertidumbre, el miedo al contagio o la peligrosidad de tomar una decisión equivocada. En estos momentos, más que nunca es cuando uno apuesta con fuerza y valentía por los valores, las convicciones y lucha para que cada jugador tenga la oportunidad de marcarse un gol y salir airoso de esta experiencia tan fatídica». Para él y sus compañeros, los aplausos que se dan cada día a su sector son muy necesarios e insuflan energía nueva para afrontar cada día. «La afición que despierta este partido cada día a las 20.00h no nos deja al margen. Por eso, como árbitro y enfermero, espero que esa afición siga saliendo a celebrar cada gol que marcamos en este partido, porque esta vez a diferencia del resto de partidos que árbitro, los goles los marcamos todos juntos».

Su experiencia como árbitro, en la que debe tomar decisiones con las pulsaciones elevadas en cuestión de segundos, le permite «poner toda mi atención en las actividades que como enfermero debo realizar para cuidar a mis pacientes», como podría ser vestirse con diferentes capas (2 mascarillas, dos pantallas protectoras de ojos, dos batas, dos guantes…) para entrar a tratar a un paciente aquejado de esta infección y, de esa forma, no cometer ningún error; así como «mantener la calma cuando debes realizar alguna técnica de enfermería (por ejemplo, realizar una gasometría) que no te permite guardar la distancia de seguridad». Por último, atestigua que el hecho de ser árbitro le hace tener una «fe ciega en el trabajo en equipo ymultidisciplinar junto a mis compañeros». 

Por su parte, uno de los colegiados más laureados del deporte conquense es Israel Martínez Segovia, quien ejerce como árbitro en la máxima categoría del fútbol sala nacional. En su caso, está trabajando en Cuenca como conductor de ambulancias y este periodo no se le podrá ver manejando los partidos de la élite. El trencilla conquense pide «tranquilidad a todo el mundo porque vamos a salir», ya que asegura que «todos los sanitarios nos estamos empleando a fondo». Como su compañero de profesión David Cambronero, también tiene un deseo: «Que sigan aplaudiendo desde las ventanas porque nos dan muchas fuerzas». Manda un mensaje a todos los ciudadanos: «GRACIAS POR QUEDARTE EN CASA».

En estos momentos, queda en un segundo plano su faceta como árbitro, y tiene claro que «mi prioridad es trabajar para combatir al coronavirus y cuidar de mi familia». Eso sí, el confinamiento no le impide hacer deporte. «Esta situación no quita que en mi casa junto a mis hijos hagamos carreras, eslalon y el que pierda hace 2 flexiones», señala.

En este caso, ya no ejerce como colegiado pero ha estado muy ligado a este estamento. El conquense Rubén Moriana, que llegó a dirigir partidos en Tercera División y asistente en Segunda B, está ayudando desde su puesto de trabajo como conductor de ambulancias a superar esta situación. El que fuera jugador y directivo de la Balona Conquense durante la pasada campaña manda un mensaje muy sencillo, «que cada uno debe aportar lo que esté en su mano, concienciarse de la gravedad de la situación y hacer un esfuerzo». Asegura que es difícil, pero «hay que tener contacto con el menor número de personas y salir lo menos posible a la calle, hay mucha gente muriendo, los recursos sanitarios están desbordados, y está en nuestra mano reducirlo lo máximo y lo antes posible». Moriana reconoce que el fútbol «ha sido mi vida, porque vivía por y para ello», pero también resalta que «mi trabajo actual en una ambulancia es vocacional, y aunque estoy viviendo situaciones duras y complicadas en mi puesto de trabajo, tengo la posibilidad de poder ayudar y poner mi granito de arena en esta situación». Por último, el exárbitro señala que «al igual que yo he valorado y valoro mucho el deporte, es buen momento para que la sociedad valore también el ámbito sanitario y la labor que se está haciendo».

A nivel nacional también hay otros ejemplos de árbitros que están ayudando en esta situación. Es el caso de Carlos Rabadán, enfermero de Atención Primaria del Departamento Valencia-La Fe en el Centro de Salud Trinitat y colegiado de Primera División de fútbol sala. «Cuántas veces hemos escuchado aquello de ‘los partidos de ganan por pequeños detalles’, pues ese pequeño detalle que Tú puedes aportar es Ser Responsable en casa. Este partido lo jugamos todos juntos y lo ganaremos como equipo local. En cuanto venzamos está adversidad estaremos disfrutando de aquellas cosas que nos gustan como es un partido de fútbol sala». Y por su puesto, como sanitario lanza un mensaje esperanzador. «Los profesionales sanitarios salimos por ti. Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para que pronto TÚ puedas salir. Muchas gracias por vuestras muestras de apoyo que recibimos todas las tardes a las 20.00h, nos animan a seguir cuidando de vosotros. Gracias por el esfuerzo que estáis haciendo siguiendo las instrucciones sanitarias, juntos lo vamos a lograr. Mucho ánimo».

Otro de los colegiados sanitarios es Antonio Martínez, enfermero en el Hospital General Universitario de Ciudad Real (Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil) y árbitro asistente en Segunda División. «Mucho ánimo y fuerza a los compañeros que están al pie del cañón. Y sobre todo, a las personas que lo están sufriendo. Cualquier ayuda es un mundo, gracias a todos los sectores que se están entregando en cuerpo y alma para que esto sea lo mas llevadero posible. Saldremos de esta. La vacuna somos todos, quédate en casa», recalca finalmente

Otro protagonista es Daniel Yuste. Médico de cabecera en las localidades valencianas de Xàtiva y Ontinyent (pendiente de traslado por el avance del Covid-19) y árbitro de Segunda División B e internacional de fútbol playa. «Con el esfuerzo de todos llegaremos antes a la meta. Que esta situación no nos quite las ganas de luchar. En breve volveremos a la normalidad y ánimo porque juntos saldremos antes de ésta. ¡Salud a todos!», afirma con convencimiento.

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Alberto Val