Pone fin a una larga trayectoria en el fútbol modesto, ese que tantas alegrías le ha dado y que ha exprimido al máximo, también en lo personal. Gabriel Ponce es el capitán del C.F. Villalpardo. Se quita la camiseta de jugador, pero se pone la bufanda de aficionado del equipo de su pueblo, de sus raíces, de sus inicios y también de su final. Se despedía con lágrimas contenidas, mostrando que los colores se sienten y se disfrutan también en la categoría más baja del fútbol nacional. Charlamos con Gabriel tras anunciar su retirada.
Cuelgas las botas. La 2022/23 ha sido tu última temporada como jugador. ¿Cómo ha sido tomar la decisión después de tantos años?
Ha sido una decisión bastante premeditada. Años atrás ya me lo empecé a plantear, sobre todo el pasado año. Este ha sido bastante duro a nivel de resultados y al final cuando no tienes esa ilusión por estar en una zona buena de la clasificación se hace más duro. Te vas haciendo mayor y decides que ya ha llegado el momento. También ves a los jóvenes que llegan tan fuertes y te cuesta seguir algunos ritmos, así que hasta aquí.
¿Ha sido duro para ti?
Sí, principalmente porque es algo que me encanta. Del fútbol lo he disfrutado todo: desde un entrenamiento con lluvia hasta un partido en el mejor campo que te puedas imaginar. Una de las mejores sensaciones de mi vida ha sido saltar al campo con el brazalete de capitán, sentir ese hormigueo antes del saludo y esas ganas de ganar el partido. Es algo que nunca he sentido con otro deporte.
En tantos años jugando, decías que lo has disfrutado todo. ¿Recuerdas también haber vivido la cara amarga del deporte?
Sí, a nivel de resultados ha habido momentos duros, igual que de lesiones de compañeros. Yo he tenido la suerte de no lesionarme nunca, lo que me ha permitido tener una carrera tan larga. Hemos tenido también sustos dentro del campo. Recuerdo un compañero que estuvo a punto de tragarse la lengua tras un choque con el portero. Estuvimos ya todo el partido nerviosos. Pero los malos momentos han sido solo por las lesiones porque al final el que juega al fútbol sabe que puede ganar o perder y esto es un deporte.
Recalcabas también lo bonito que es saltar al campo con el brazalete de capitán. Desde esta posición y como veterano del equipo, ¿qué inculcabas a los jugadores más jóvenes que llegaban?

Siempre he tratado de inculcar a los más jóvenes la pasión por el fútbol. No hay otra cosa que haga que juegues con tanta intensidad que tener pasión por lo que haces. Quizás cada persona lo siente de una manera y hay gente que parece que no se esfuerza pero ese es su rango. Siempre he intentado también que se den cuenta de que hay que tener paciencia: cuando eres joven y entras a un equipo amateur en el que ya hay jugadores consagrados más mayores es muy difícil jugar como titular. Tienes que aprender de todo lo que ves y poco a poco ir haciéndote hueco.
También les has transmitido otros valores, como por ejemplo el de la igualdad y el respeto, portando el brazalete de capitán con la bandera LGTB+
Lo vi hace unos años en un partido de la Premiere League. Lo estuve buscando, me costó mucho, pero lo encontré. Intentaba transmitir igualdad, que todos somos iguales. Lo peor del fútbol son los clichés, los estereotipos y la poca conciencia de igualdad que existe. De hecho, a muchos futbolistas les cuesta salir del armario, es un tema muy tabú aunque poco a poco y con suerte se está normalizando. Yo quería mostrar que incluso en la última categoría del fútbol español cualquier jugador que quiera mostrarse tal como es va a contar con el apoyo de un equipo como Villalpardo y creo que todos debemos remar en esa dirección.
Desde que lo llevo ha habido jugadores rivales que me han dicho que está muy bien y que se alegran de que lo lleve, pero lo cierto es que no he visto a nadie más llevarlo. Es un detalle y también lo que quería es que cunda el ejemplo haciendo un poco de crítica social dentro de un deporte que a nivel de crítica social tiene más bien poca.
Es algo que te diferencia del resto y habla de ti como persona. ¿Qué te hace destacar dentro del campo jugando?
Como jugador me ha diferenciado el carácter. A nivel de calidad nunca he sido el mejor de ningún equipo, no he destacado por velocidad o por toque de balón, aunque quizás ha sido por esto último por lo que he jugado. Digamos que me ha diferenciado la intensidad, el carácter competitivo y las ganas de ganar y la constancia. Ha habido años en los que no he jugado de titular de inicio y he acabado siéndolo por ser constante, trabajar, trabajar y trabajar.
Dejas el medio del campo un poco huérfano. ¿Qué te dicen?
Los compañeros me dicen que me jubile, pero en tono de broma. Pero el equipo en el medio del campo tiene a jugadores con mucha calidad. No hacen justicia los resultados que hemos tenido con el nivel en esta zona del campo, quizás nos faltaba pólvora arriba. Me quedo tranquilo porque hay jugadores como Antonio, Rubén o Víctor que en el centro van a cumplir con total garantía.
Tu papel ha sido clave tanto dentro como fuera del campo para mantener el fútbol en Villalpardo. Has tenido que involucrarte también en la gestión del equipo.
Lo he hecho con compromiso. Al final en los pueblos pequeños nos tenemos que buscar la vida para conseguir financiación. Hablamos de que con tasas de la Federación, árbitros, viajes… una temporada te puede costar 30.000 euros y con la cuota de los abonados no da. Yo he ayudado a la directiva, este último año además mi hermana era la presidenta, mi novia la tesorera y yo también tenía cargo. La directiva tiene que encargarse de mil cosas, desde pintar las líneas del campo de tierra que todavía tenemos a hacer bocadillos o estar en la barra. Todo lo que he hecho ha sido intentar comprometerme al máximo para que haya fútbol en Villalpardo porque en un pueblo la vida con o sin fútbol se nota.
Ya tienes experiencia en la gestión. ¿Te planteas tu futuro en el fútbol desde los despachos?
Ahora mismo estoy sacándome el curso de entrenador y cuando lo termine miraré entrenar en algún equipo. Mi camino va más ligado a ser entrenador que a los despachos. Seguiré echando una mano en la directiva, pero en principio nunca como presidente. Me apetece un año de descanso y luego mirar el tema de entrenador porque me gusta mucho la táctica y enseñar a los chavales.
Solo te fuiste a jugar a El Herrumblar cuando no había equipo en tu pueblo. ¿Hubo muchos cambios para ti en esa temporada?
Al final los dos son pueblos donde la gente es muy cercana y el cariño lo notas desde el primer día. Empecé jugando poco porque el entrenador no me conocía. Comencé de suplente y en el tercer partido marqué un gol y ya entré en los planes del entrenador a jugar de titular. Fue una temporada muy buena porque teníamos a un compañero con mucho gol y al final es lo que te da todo. Tuve el cariño del pueblo, que devolvían de sobra la entrega que yo pongo. Siempre me mato en el campo y ellos lo supieron ver. Al año siguiente dije que si había fútbol en mi pueblo me iría porque Villalpardo es lo que he mamado desde pequeño y ya con 12 años quería jugar en mi pueblo.
Después de toda una vida jugando al fútbol modesto en una categoría amateur. ¿Qué te ha aportado estar tantos años ahí?
Lo que te da el fútbol modesto son amistades. Yo en el campo me dejo la piel y no tengo amigos, voy a tope en cada partido. Pero cuando el árbitro pita el final somos personas, sabemos que los dos luchamos por el objetivo de ganar pero cuando acaba tenemos que saber que los dos hemos luchado, hemos competido y tenemos que darnos la mano y evitar conflictos. Me quedo con poder ir por casi todos los pueblos, que me conozcan y poder hablar con jugadores con los que me enfrenté hace años.
Tú que has sido un hombre de club, ¿cómo definirías tu trayectoria en Villalpardo?
Ha sido una trayectoria longeva y con suerte por evitar las lesiones. Aunque hay trabajo detrás, entreno la fuerza en CrossFit. Ha habido altibajos por las temporadas que no han sido todo lo buenas que podían ser. Esto es fútbol amateur y a veces puedes tener más o menos compromiso por estudios, trabajo o tiempo. Pero ha sido una trayectoria muy satisfactoria que he disfrutado mucho y me llevo una cantidad de amigos que he hecho dentro de los vestuarios que es impagable.
Último recuerdo, tu último partido. ¿Qué te llevas de ese momento?
Ha sido muy emocionante. Según avanzaba hacia el centro del campo ya tenía ganas de llorar sabiendo que iba a ser la última vez que iba a disfrutar del fútbol en mi pueblo. En el descanso me dieron una sorpresa con una camiseta y ahí no lloré porque íbamos perdiendo y quería remontar. Cuando me cambiaron también fue muy emocionante, que la gente te agradezca algo que has hecho por ti, por disfrutar y porque te gusta el fútbol … es muy bueno. Yo nunca he jugado para nadie, sino para mí.

































































