El Campillo se volvió de La Roda con las manos vacías (2-1) tras un partido que dejó un sabor especialmente amargo: fue superior en tramos largos, mandó con balón y territorio, pero acabó castigado por dos acciones puntuales y por no convertir su buen arranque en ventaja.
Desde el pitido inicial, el guion pareció escrito a favor de los visitantes. El Campillo salió con personalidad, dominando desde el principio, instalándose cerca del área rival y acumulando situaciones de peligro alrededor de la zona de remate. Hubo ritmo, intención y presencia ofensiva, pero faltó la última decisión: ese toque final, ese disparo limpio, ese centro con premio. Y cuando perdonas, el fútbol suele devolverlo con intereses.
Tras ese inicio prometedor, el encuentro entró en una fase de unos quince minutos de juego más pobre y directo. Se corrió más de lo que se jugó, el balón voló por encima del centro del campo y el partido se desplazó demasiado hacia campo campillero. En ese tramo, con menos control y más segundas jugadas, llegó el golpe: el 1-0 para La Roda, un gol en el minuto 30 de Raúl Martínez que cambió el paisaje sin cambiar del todo la actitud.
Porque, lejos de venirse abajo, el Campillo volvió a asumir el mando. Recuperó la iniciativa y el dominio territorial, aunque ya sin tantas llegadas claras como en el arranque. La Roda se defendía con orden, cerrando espacios, y el Campillo lo intentaba desde la posesión, pero le costaba transformar control en ocasiones francas. Con el partido en ese equilibrio incómodo —uno llevando el balón y el otro llevando el marcador— se llegó al descanso.
La segunda parte fue un monólogo en campo de La Roda. El Campillo apretó, encerró al rival y consiguió que el partido se jugara donde quería: lejos de su portería. Sin embargo, el ritmo se fue rompiendo cada vez más con las constantes pérdidas de tiempo del conjunto local. Hubo muchas interrupciones, poco juego real y una sensación continua de que el reloj corría más que el balón. Aun así, los visitantes insistieron, empujaron y encontraron el premio que venían mereciendo: el empate, a base de persistencia y de creer en el plan con el gol de Juan Antonio Simarro en el minuto 79.
Con el 1-1, el Campillo parecía más cerca del segundo. Pero el fútbol, caprichoso, guardaba su puñal para el final. En el último minuto, un balón dividido en el medio campo —de esos que deciden partidos— cayó del lado local. La Roda transitó con velocidad, encontró el camino hacia portería y marcó Julio Cabañero el 2-1 ya en el descuento, cuando no quedaba margen para responder.
Derrota dura por cómo se produjo y por lo que se vio sobre el césped: un Campillo que empezó mandando, que llevó el peso durante muchos minutos y que no supo convertir sus mejores momentos en goles. La Roda, en cambio, fue más efectiva y letal cuando el partido se rompió. Un 2-1 que se explica en dos acciones… y en todo lo que el Campillo hizo antes sin premio.
Se quedan los conquenses en zona peligrosa con 17 puntos y su cuarta derrota seguida.


































































