El Campillo se volvió de Manzanares con la miel en los labios. Cayó por 1-0 en el feudo del segundo clasificado, un Manzanares que suma 34 puntos y está firmando una temporada enorme, pero el resultado no cuenta toda la historia de un partido abierto, con ida y vuelta, y con ocasiones desde el minuto 1 hasta el 90.
El guion arrancó con un Manzanares fiel a su plan: juego directo, sin asumir riesgos innecesarios, buscando continuamente la espalda de la defensa y cargando el juego a banda para provocar acciones de uno contra uno. El Campillo, lejos de encogerse, respondió con personalidad: supo correr bien las transiciones y ahí encontró sus mejores llegadas, castigando cada pérdida rival con verticalidad y sensación de peligro.
Tras el descanso llegó el golpe que decidió el choque. En el 50’, en una de esas acciones a la espalda que tanto había insistido el Manzanares, apareció Rebolledo para firmar el 1-0. Pero el Campillo no se cayó. Al contrario: con el marcador en contra dio un paso al frente y protagonizó sus mejores minutos con balón, consiguiendo superar la presión local y generando ocasiones que pudieron cambiar el destino del encuentro.
El partido, sin embargo, nunca se cerró. Mientras El Campillo encontraba caminos para atacar y amenazaba con el empate, el Manzanares también hacía daño en transiciones, manteniendo la sensación constante de que el siguiente golpe podía caer en cualquier área. Fue un pulso tenso, disputado y con alternativas, de esos que pueden cambiar de dueño en un detalle.
Al final, el marcador no se movió más. Un gol de Rebolledo en el 50’ bastó para que el Manzanares se quedara con los tres puntos, pero El Campillo dejó una imagen competitiva en un campo difícil: sostuvo el intercambio, tuvo sus opciones y peleó hasta el último minuto en un duelo que, por juego y ocasiones, pudo haber terminado de cualquier manera.
Los conquenses cerrarán el año recibiendo al Atlético Tomelloso la próxima semana.



































































