La derrota del Motilla ante el Manzanares dejó un poso de incredulidad en el ambiente. Un 0-1 que no refleja lo visto sobre la pista y que castiga en exceso a un Motilla muy superior durante buena parte del encuentro.
El arranque fue igualado, especialmente durante la primera media hora, con alternativas y ritmo parejo. Sin embargo, las primeras ocasiones claras llevaron sello local. Guillermo avisó con un disparo que se marchó por poco, William no llegó a rematar con precisión un buen centro y Jesús probó fortuna desde la frontal. El gol, sin embargo, cayó del lado visitante.
En una acción desgraciada tras un saque de esquina a favor del Motilla, el balón quedó suelto en la frontal cuando los locales intentaban golpear o despejar. El rechace impactó en un rival y dio lugar a una contra bien ejecutada por el Manzanares, que aprovechó un tres contra dos para marcar con un disparo lejano de Ángel Ruiz en el minuto 15. Sería el único tanto del partido.
A partir de ahí, el encuentro se convirtió en un monólogo del Motilla. Dominio, posesión y llegadas constantes frente a un rival replegado cuyo mejor hombre fue, sin discusión, su portero. Así lo reconocieron incluso desde el bando visitante.
La segunda mitad fue un auténtico asedio. El Manzanares, que acabó con dos jugadores menos por las expulsiones de Antonio Espinosa en el 75′ y de Appiah en el 88′, apenas inquietó la portería local, mientras que el Motilla acumuló ocasiones claras: una intervención salvadora a mano cambiada tras disparo de Josep, otro tiro potente de Guillermo bien blocado abajo y un gol de Jesús anulado por fuera de juego muy protestado, al llegar el jugador desde atrás tras un rechace del guardameta.
Nada quiso entrar. El balón se negó a premiar el esfuerzo, el juego y la superioridad de un Motilla que se marchó con las manos vacías, pero con la sensación de haberlo hecho todo para ganar.
Los rojillos cierran el año décimos con 20 puntos, cuatro por encima del descenso.




































































