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El Conquense, a golpe de ambición y proyecto

Conquense

Reducir el crecimiento de la Balompédica a la inversión económica supone ignorar todo lo que está cambiando alrededor de un club que ha decidido dejar de conformarse.

Hay una frase que empieza a repetirse con demasiada facilidad cada vez que alguien habla del nuevo Conquense: “Claro, a golpe de talonario”. Se ha convertido en una especie de explicación universal para justificar el crecimiento de la Balompédica, como si detrás de cada fichaje, cada patrocinador, cada mejora en La Fuensanta o cada nuevo proyecto existiera únicamente una chequera dispuesta a pagar la factura. Es una explicación sencilla, rápida y cómoda. Y precisamente por eso resulta también demasiado pobre.

Porque nadie puede negar que el dinero es importante en el fútbol. Por supuesto que lo es. Con recursos se pueden contratar mejores jugadores, mejorar instalaciones, profesionalizar departamentos y afrontar proyectos que serían imposibles con presupuestos limitados. Pero hay una diferencia enorme entre tener dinero y saber qué hacer con él. Y ahí es donde el argumento del talonario empieza a quedarse corto.

Porque el dinero, por sí solo, no consigue que miles de personas vuelvan a La Fuensanta. No consigue que empresas que durante años permanecieron alejadas del fútbol conquense decidan apostar por el club. No consigue llenar un estadio, generar nuevas experiencias para los aficionados, impulsar una cantera, crear una estructura comercial o construir una identidad alrededor de una entidad deportiva. Y tampoco garantiza que una plantilla repleta de buenos jugadores funcione sobre el terreno de juego.

El fútbol español está lleno de ejemplos de clubes que gastaron mucho dinero y terminaron consiguiendo muy poco. También está lleno de proyectos que desaparecieron después de inversiones millonarias porque nadie supo convertir ese dinero en una estructura sostenible. El talonario puede abrir una puerta, pero no atraviesa el camino por sí solo.

Lo que está haciendo el Conquense es bastante más amplio. La entidad ha decidido invertir en el primer equipo, sí, pero también en aquello que rodea al primer equipo. Quiere una plantilla competitiva, con dos jugadores por puesto. Quiere mejores instalaciones. Quiere una Fuensanta más preparada para acoger al aficionado. Quiere una cantera con mayor peso. Quiere aumentar su masa social. Quiere atraer empresas y patrocinadores. Quiere generar nuevos ingresos. Quiere profesionalizar su estructura. Y, evidentemente, quiere ganar partidos y luchar por objetivos que durante demasiado tiempo parecieron demasiado ambiciosos para la realidad del fútbol conquense.

Todo eso requiere dinero. Pero también requiere gestión, planificación y ambición.

Y quizá ahí esté la verdadera diferencia.

Durante demasiado tiempo, en Cuenca se asumió que tener un club modesto era casi una obligación. Que había que competir con lo que hubiera, salvar cada temporada y conformarse con sobrevivir. Que aspirar a más podía ser incluso una temeridad. Ahora la Balompédica parece haber decidido romper con esa dinámica y plantearse una pregunta mucho más incómoda: ¿por qué no intentar ser mejores?

¿Por qué no fichar mejores futbolistas si existen los recursos para hacerlo? ¿Por qué no mejorar La Fuensanta si existe la posibilidad? ¿Por qué no intentar atraer a más empresas? ¿Por qué no buscar que haya más niños en la cantera? ¿Por qué no intentar que el estadio vuelva a ser un punto de encuentro para la ciudad? ¿Por qué no aspirar a ascender?

La respuesta parece evidente: porque todo eso cuesta dinero.

Pero también cuesta dinero competir en cualquier categoría. La diferencia está en qué se hace con él.

Cuando la inversión deja de ser un problema y se convierte en una virtud

Resulta curioso que cuando otros clubes aumentan su presupuesto, incorporan jugadores de nivel o consiguen importantes patrocinadores se hable de proyecto, crecimiento, ambición o buena gestión. Sin embargo, cuando ese mismo camino lo emprende el Conquense, aparece rápidamente el famoso “a golpe de talonario”.

Quizá haya llegado el momento de cambiar la perspectiva.

Puede discutirse cuánto dinero invierte el club. Puede analizarse si determinadas decisiones son acertadas. Se puede cuestionar si los fichajes responden a las necesidades deportivas, si las inversiones tendrán retorno o si los objetivos planteados son demasiado ambiciosos. Todo eso es perfectamente legítimo y forma parte del debate deportivo.

Lo que resulta mucho más difícil de sostener es que todo lo que está ocurriendo se explica únicamente por el dinero.

Porque si así fuera, bastaría con poner un cheque encima de la mesa y esperar resultados. Y cualquiera que conozca mínimamente el fútbol sabe que no funciona de esa manera.

El Conquense está intentando construir algo que va más allá de los noventa minutos de cada domingo. Está tratando de que el club tenga más aficionados, más empresas, más recursos, mejores instalaciones, una estructura deportiva más sólida y una mayor presencia dentro de la ciudad. Está intentando que el crecimiento del primer equipo vaya acompañado de un crecimiento de la entidad.

Quizá lo que molesta no sea el talonario, sino que el Conquense quiera competir

Hay una realidad que conviene asumir: el Conquense ha decidido competir.

No quiere limitarse a participar. No quiere que el objetivo sea simplemente terminar la temporada. No quiere conformarse con que La Fuensanta tenga actividad cada dos semanas. No quiere ser un club invisible para las empresas de la ciudad. No quiere que su cantera sea una cuestión secundaria. No quiere vivir permanentemente instalado en la resignación.

La apuesta económica es evidente y sería absurdo esconderla. Pero también lo es la apuesta institucional, deportiva y social. La Balompédica está intentando generar un círculo en el que mejores jugadores atraigan más aficionados, más aficionados hagan más atractivo el proyecto para los patrocinadores, más patrocinadores permitan seguir invirtiendo y una estructura más fuerte permita que el club sea menos dependiente de una única fuente de ingresos.

¿Funcionará? Esa será otra historia. El fútbol tendrá la última palabra. Se podrá ascender o no, los fichajes podrán rendir o no y las expectativas podrán cumplirse o quedarse cortas. Ninguna inversión garantiza resultados deportivos.

Pero hay algo que sí parece evidente: el Conquense ha dejado de tener miedo a intentar ser grande. Y quizá esa sea la principal novedad.

Que sigan contando el dinero

Por eso, quienes quieran seguir hablando del talonario pueden hacerlo. Pueden contar fichajes, presupuestos, patrocinadores e inversiones. Pueden calcular cuánto creen que cuesta cada pieza del proyecto y convertir cada decisión en una cuestión económica.

Mientras tanto, en Cuenca se pueden contar otras cosas. Se pueden contar los abonados que vuelven a La Fuensanta. Los niños que entran en la cantera. Las empresas que deciden apostar por la Balompédica. Las mejoras que se realizan en el estadio. Las nuevas experiencias para los aficionados. Los ingresos que el club intenta generar. La estructura que se pretende levantar. Y, por supuesto, los goles y los puntos que determinarán si toda esta apuesta termina teniendo recompensa deportiva.

Y después de tantos años escuchando que en Cuenca había que conformarse con tener un equipo, quizá haya llegado el momento de aceptar que la Balompédica quiere algo más: quiere tener un gran equipo.

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