Han pasado 48 horas desde el mazazo de la promoción de ascenso a Primera RFEF. Parecía todo destinado a que el sueño, esta vez, iba a cumplirse, con una Fuensanta como nunca (¡más de 7.000 personas en pleno puente de la Virgen de la Luz!), valiendo cualquier victoria para ascender y con el aliento y apoyo de toda la sociedad conquense -algo que tanto se ha reclamado desde anteriores directivas-. Por La Fuensanta hubo exjugadores, miembros y deportistas de otros clubes y disciplinas, autoridades… nadie quería perderse lo que estaba llamado a ser un día histórico para el fútbol castellano-manchego. Si hasta se jugaba en el Día de la Región…
Pero el fútbol, más que caprichoso, suele ser justo. Y quizá el mensaje que mandó el otro día fue que el momento del ascenso llegará, pero no era todavía. Porque enfrente estaba una UD Ourense renacida (coge el puesto del difunto CD Ourense, el club histórico de la ciudad) que hizo más méritos en la eliminatoria, y que también han hecho un trabajo descomunal en los últimos años (siete ascensos en doce años). Solo podía subir uno y la moneda para Cuenca salió cruz.
No hay que desanimarse, ni despotricar por no conseguirlo. Que nadie lo olvide, solo es fútbol. Y los clubes, tarde o temprano, acaban llegando hasta donde su afición quiere. Y si Cuenca quiere equipo en Primera RFEF, lo tendrá. Porque el verdadero ascenso no ha sido deportivo, si no social. El club, muerto hace un año, ha renacido con una fuerza descomunal, y el verdadero apoyo se verá este verano, con una campaña de socios que debe captar a muchos más que el año anterior, con una Fuensanta que tenga un color similar a la promoción de ascenso a lo largo de toda la temporada.
El grupo inversor formado por Luis Alonso e Íñigo Asensio han mostrado el camino, han enseñado que se puede, y en un solo año como miembros del Conquense se han quedado a 90 minutos de conseguir algo que jamás se ha logrado en 80 años de historia. Lejos de suponer una derrota, es la confirmación de que se están haciendo bien las cosas.
El actual Conquense tiene muy poco que ver al del último lustro. Y eso sí que es un ascenso. Sigamos disfrutando de la Balompédica, porque puede que no haya que esperar 21 años para vivir un partido similar al del otro día.



































































