Hay algo romántico en las vueltas a «casa». Lo hizo Rober Gutiérrez, en aquella emblemática última rueda de prensa de la campaña 22/23 en la que resaltó su intención de continuar en la Balompédica con una frase ya en la memoria: «La obra está inacabada». El almeriense retornó y selló el ascenso junto un cuerpo técnico en el que llegó el eldense Mario Cartagena, pero que no pudo saborear en primera persona tras su marcha en el mercado invernal a La Nucía, la «casa» que le dio la oportunidad de entrenar al frente del primer equipo.
Pasado el tiempo, Cartagena retornará finalmente de nuevo a la Balompédica: «Vuelvo porque el míster quiere, porque sé lo que quiere el equipo, sé lo que se me va a pedir, Rober sabe lo que puedo dar y creo que uno tiene que ir donde lo quieren, y más cuando un amigo se lo pide. Me apetece volver a Cuenca».
El que volverá a ser el segundo de a bordo de Rober Gutiérrez admite que pese a su marcha nunca perdió la comunicación con el equipo y el cuerpo técnico. «Hablábamos a diario de cómo iba el equipo», declara Mario que afirma que vivió el ascenso «con mucha alegría y como un conquense más», alegrándose «por los futbolistas y por la ciudad», señalando la «temporada maravillosa» del club por el ascenso del primer equipo, filial y juvenil.
Cuando le preguntamos a él por la clave de este ascenso a Segunda RFEF, el preparador es claro: «Humildad y ganas de triunfar». Cartagena expone que «en un vestuario con tantos grandes jugadores, los egos se apartaron y todo fue en base al colectivo, se dejaron guiar por un entrenador y todos remaron en la misma dirección desde el primer momento».

Ese factor de «unión» fue el añadido, ya que el técnico destaca que además de ese «hambre de títulos», el vestuario se unió «a raíz de ganar partidos, pero también de la adversidades que todos conocimos, eso hizo que el equipo se uniera más aún y por eso fue más impresionante lo que hicieron estos jugadores».
NUEVO RETO
Pero quien crea que el regreso del técnico levantino ha sido tranquilo está muy equivocado. «Los cuerpos técnicos no paramos durante toda la temporada y ahora estamos todo el día viendo partidos y jugadores, hay que intentar como sea acertar como se acertó la temporada pasada, hacer un equipo y afrontar un año con las mayores garantías».
Así, en esta vuelta, Cartagena no se esconde bajo «posibles», sino que remarca la fórmula que el considera única para asegurar, como mínimo, un rendimiento a la altura: «Uno no deja su casa y su familia para ir a Cuenca para ver qué pasa. Si cogemos este reto es para seguir haciendo historia en el Conquense y seguir mejorando al club y a partir de ahí tener los pies en la tierra», por eso considera que «lo primero es salvarse y a partir de ahí ver qué podemos conseguir», sin olvidar la condición de equipo recién ascendido «y que va a costar mucho, pero con esfuerzo y trabajo se pueden conseguir grandes cosas».




































































