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Así han sido las segundas oportunidades en el banquillo del Conquense en el siglo XXI

Algo más de seis años después desde su último partido como entrenador del Conquense, el catalán Jordi Fabregat volverá a ligar su destino con el del equipo blanquinegro. En la primera etapa, que arrancó en verano de 2012 y se prolongó hasta enero de 2015, se resolvió con un ascenso a Segunda B en su primer año, salvación solvente en el segundo, y en penúltima posición en el momento de su marcha en el tercero.

Ahora llega con la complicada situación de revertir la dinámica negativa del equipo, que acumula seis partidos sin ganar y se ha hundido hasta la novena posición del subgrupo B de la Tercera División. Con 21 puntos, está a tres puntos de la sexta posición, puesto que marca la salvación y que deja opciones de seguir luchando por el ascenso. Precisamente, su ocupante es el CD Villacañas, próximo rival del Conquense en la siguiente jornada, en un choque que se jugará este sábado.

El regreso de Jordi Fabregat es el cuarto que se produce en lo que va de siglo. Con anterioridad, otros tres entrenadores también volvieron al Conquense tras una primera etapa exitosa. Sin embargo, el reto para el catalán será romper con la maldición de que las segundas oportunidades nunca fueron buenas. Así fue la trayectoria de los otros tres técnicos que volvieron al Conquense.

Miguel Zurro

El técnico vasco siempre tuvo buen ojo en la secretaría técnica y configuró un plantel que, posteriormente, tuvo en su figura al responsable como entrenador. Fichó por el Conquense en verano de 2002, en sustitución del sanclementino José Luis Sepúlveda, y estuvo al frente tres años en los que llevó al Conquense hasta su mejor momento histórico (fase de ascenso a Segunda A, eliminados con polémica por el Real Madrid Castilla) y destituido en la 05/06 tras una mala racha que llevó al equipo a puestos de descenso (acabó bajando).

Aun así, siempre ha mantenido relación con Cuenca (vive aquí) y con el Conquense, seis años después volvió a tomar las riendas del banquillo aunque su periplo duró solo trece jornadas. La temporada concluyó con descenso a Tercera División.

Antonio Cazalilla

El entrenador cordobés logró el ascenso a Segunda B en la 06/07 en una temporada fantástica, convirtiendo al Conquense en una apisonadora y siendo el mejor equipo de toda la Tercera División. Después, mantuvo el equipo titular en Segunda B e incorporó a jugadores que llegaron a Primera División (Raúl Fernández y Beñat Etxeberría) para salvar la categoría de manera solvente durante los dos años siguientes. Sin embargo, dejó de ser entrenador del Conquense para la 09/10.

Tino Luis Cabrera

De los cuatro entrenadores que han regresado al Conquense en lo que va de siglo, el canario es el único que no tiene un ascenso a Segunda B en su haber, si bien la milagrosa forma en que salvó al equipo del descenso en la 10/11 bien podría equipararse. Sustituyó a Miguel Zurro a falta de seis jornadas, en las que cosechó cuatro triunfos y dos empates para sacar a un Conquense que marchaba antepenúltimo y a seis puntos de la promoción de descenso. Se clasificó para dicha eliminatoria, en la que eliminó al Caudal de manera agónica (en la prórroga).

Su siguiente campaña fue todo lo contrario, con un equipo incapaz de lograr la victoria y que tardó trece encuentros en sumar el primer triunfo. Aguantó 20 jornadas y le sustituyó José Luis Montes, aunque finalmente no se pudo salvar la categoría.

Aun así, por contrato tenía que ser el entrenador para la 12/13, y el canario se presentó en Cuenca e incluso dirigió su primer entrenamiento. Sin embargo, dio la espantada y se marchó tras esa primera sesión. Era verano de 2012 y el Conquense encontró, casi de casualidad, a un entrenador que viajaba en primera instancia para firmar por La Roda y que acabó cruzando su camino con los blanquinegros. Nadie le conocía y su llegada llevó el runrún a los aficionados (muy quemados tras el descenso y lo ocurrido con Tino Luis Cabrera), aunque acabó ascendiendo al equipo y enamorando a la parroquia por su manera carismática de entrenar, hablar y relacionarse con la ciudad. Ese técnico era Jordi Fabregat, quien ahora afronta una segunda etapa que, espera, sea mucho mejor que la de sus precedesores.

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Alberto Val