Sergio García Ferrero es el fisioterapeuta de la Unión Balompédica Conquense. Nació en Madrid, hace 30 años, llegó de manera inesperada a la Balompédica, por lo menos para él, al inicio de esta temporada por recomendación del entrenador del Moscardó al técnico blanquinegro Rober Gutiérrez. Ejerce su labor como fisioterapeuta en el Conquense por la mañana, también en los partidos, y por las tardes trabaja de manera particular en Madrid, donde vive. Todos los días coge el ave de Madrid a Cuenca y viceversa. Una paliza que Sergio lleva con una sonrisa en la boca por su amor al fútbol y a su profesión.
Ha trabajado en el Atlético de Madrid femenino y en el Moscardó en Tercera. Después se marchó fuera de Madrid una época, fuera del ámbito deportivo, y de repente, cuando vuelve a su casa en la Plaza Conde de Casal, recibe la llamada inesperada del entrenador balompédico.
Para Sergio, el deporte es como una bendita droga. Ha jugado al baloncesto durante muchos años, también ha tenido experiencia como jugador de fútbol, por eso dice entender perfectamente a los jugadores.
¿Por qué estás en el Conquense?
– Es curioso porque no me esperaba que me llamaran. Lo hizo Rober, por recomendación del entrenador que tuve en el Moscardó que le comentó que era con el que mejor había trabajado, me dijo que tenía un proyecto bonito para intentar ascender y no me lo pensé. Me sentí agradecido porque yo quería volver a trabajar en el fútbol ya que mi idea es intentar conseguir llegar a lo que no he conseguido llegar como jugador, aunque sea como profesional.
¿Cómo se lleva trabajar por la mañana en Cuenca y por la tarde en Madrid?
– Cuando vengo en agosto al Conquense, vine con una ilusión tremenda, ilusión que ahora mismo no la he perdido, más como está el equipo, pero es verdad que se hace más cuesta arriba de lo que yo pensaba. Al final, son tantos los trayectos que hay que hacer desde casa al ave, del ave al entrenamiento, regreso al ave y desplazamiento a casa para llegar, comer y empezar a trabajar como fisio de manera particular con los muchos clientes que tengo en Madrid. Pero bueno, somos jóvenes y estamos dispuestos a sacrificarnos mientras nos dé el cuerpo.

¿Cómo se trabaja de fisioterapeuta en un equipo como el Conquense?
– Solo estoy yo para veinte jugadores por lo que mi papel principal es, dentro del tiempo que tengo, ver a todos los que pueda y hacer un trabajo más de prevención que de curación. Cuando hay una lesión tienes que afrontarla y curarla, pero cuando hay una pequeña molestia, hay que prevenir para evitar que se lleguen a lesionar. Mis medios son mis manos, salvo alguna punción seca y un aparato de electroterapia que me ayuda mucho, por lo que doy mucho masaje, mucho ejercicio preventivo y mucho miofascial. También me apoyo mucho en la clínica Magdala, hablo mucho con Ramón para que me apoye cuando hay un problema más grave y necesitamos un estudio con técnicas que aquí no tenemos. Con eso y con mis manos, vamos solucionando todos los problemas. Y está funcionando, viendo que las recuperaciones son rápidas y están todos los jugadores bastante sanos.
Al día de hoy, ¿ha habido más o menos lesiones de las previstas?
– En cuanto a las incidencias, estamos en la normalidad. Al principio de la temporada, por las cargas, ha habido alguna lesión muscular más constante, pero en esta segunda fase de la temporada, gracias al trabajo de Jesús como preparador físico, estamos con menos lesiones de las que cabría esperar.
Ahora llegan tres partidos en ocho días, ¿temes que lleguen lesiones musculares?
– Siempre tienes ese temor, puede pasar en cualquier momento. Por eso es muy importante la comunicación entre el cuerpo técnico, para ajustar las cargas, escuchar lo que dicen los jugadores, cómo se sienten. Es un trabajo de optimización, no consiste en otra cosa, optimizar las cargas en los entrenamientos y mi posterior trabajo de descargas para evitar los máximos riesgos posibles.
Se dice que la plantilla del Conquense se comporta de manera muy profesional en el día a día como deportistas.
– Es verdad que, dentro de la poca experiencia que tengo en el fútbol, aunque he pasado por varios equipos, sí que puedo confirmar que hay muchos jugadores infinitamente más profesionales que en categorías superiores. He conocido aquí a jugadores que se desviven por el fútbol, que su rutina en el día a día es por y para al fútbol: alimentación, prevención, movilidad antes del entrenamiento… y eso es muy importante. Concretamente, quiero señalar a Jairo Cárcaba al que más veo trabajar por y para ello, un jugador con mucha experiencia en el fútbol, pero creo que, igual que él, todos los demás trabajan mucho en el tema de la prevención, nos preguntan, nos escuchan y buscan ser mejores futbolistas en el futuro.
¿Cuál es la lesión que más guerra de ha dado esta temporada?
– En el primer equipo, lo que se dice grave, no ha habido ninguna que haya durado más de un mes y medio, tal vez el tobillo de Marcos Recuenco, lo más reciente, con una rotura completa de un ligamento y rotura parcial de otro. Es algo que te da miedo por si, cuando vuelve, no esté bien cicatrizado el ligamento y por eso hay que marcar bien los plazos de recuperación. También tuvo problemas, al principio de la temporada, Perujo con los isquios, con recaída, y siempre buscas prevenir para que no vuelva a recaer. Donde sí ha habido lesiones graves es en la cantera con fracturas de tibia y peroné o roturas de cruzado. En el primer equipo, toco madera porque de momento nos hemos librado.
¿Qué queda de aquel masajista que salía a los terrenos de juego con una botella de ‘agua milagrosa’?
– Era una cosa más mental para que se quedaran tranquilos. Sí es cierto que el frío, a corto plazo, es un analgésico potente.
El sábado se juega un partido difícil e importante en Puertollano. ¿El Conquense llega sano?
– El Conquense va más sano que en todo el año. Estoy muy contento y orgulloso de que no haya un lesionado ahora mismo y poder disfrutar y vigilar de los entrenamientos desde fuera.


































































