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Ramón, portero histórico del Conquense, fue homenajeado por ex jugadores balompédicos

Ramón con placa

Ramón Núñez Calero (Cuenca, 1955), futbolísticamente Ramón, forma parte de la historia de la Unión Balompédica Conquense gracias a defender la portería del conjunto balompédico durante 17 temporadas en dos etapas diferentes. La primera desde la 1974/75 a la 1986/87 y, la segunda, desde la 1989/90 a la1992/93, tras la que se retiró.

Por ese motivo, por esas 17 temporadas en el club blanquinegro, ex jugadores balompédicos, muchos de ellos compañeros de vestuario, decidieron hacerle un homenaje en una sencilla comida en la que se le entregó una placa de agradecimiento por todo lo que les había enseñado. Fueron muchos los que se sumaron al homenaje, aunque también fueron muchos los que no pudieron estar presentes en la comida. Al final acudieron Álvarez, Pablo Rubio, Javi ‘Fiti’, Daniel Gil, Emilio Gil, Julián Zamora, Núñez (venido desde Madrid), Servi, Santi, Caro, Mateo, Isidoro Auñón, Fernando Arias, Ramírez, Jesús Garrido, Paco Castillo, Sepúlveda y Solera. No pudieron venir a la comida, pero se sumaron al homenaje Joaquín Caparrós, Antonio Taravilla, Juanjo Mantecón, Chele, Miguel Ortiz, Castellanos, Cava, Carboneras, Jesús Herraiz, Abarca, Susi, Huélamo, José García y Félix.

En nombre de todos los amigos de Ramón, tomó la palabra Isidoro Auñón, uno de los porteros que luchó por desbancar a Ramón de la portería. Sus palabras resumen lo que fue Ramón para todos.

“Hoy no es un día cualquiera. Hoy celebramos 17 años de entrega, de paradas imposibles, de garra bajo los palos y de ejemplo fuera del campo. Hoy rendimos homenaje a un hombre que ha sido más que un portero. Un referente, un amigo, un auténtico baluarte de la Unión Balompédica Conquense: Ramón Núñez.

Hablar de Ramón es hablar de seguridad, de reflejos felinos, de salidas firmes, de manos que parecían tener imán… pero también de humildad, de compañerismo, de respeto y de una actitud que nos enseñó a todos los que compartimos vestuario con él, que se puede competir con nobleza, sin dejar de ser una buena persona.

Tuve el privilegio, sí digo privilegio, de disputar con él el puesto de portero. Digo disputar y no pelear porque jamás hubo enemistad, ni celos, ni malos gestos. Sólo rivalidad sana, de la que forja carácter. Y, como yo, también estuvieron Juanjo Mantecón, Javi Solera y Alpuente. Todos nosotros fuimos, y lo digo con cariño, sufridores de su nivel porque, sí, Ramón era el titular y no por casualidad… pero nos obligaba sin querer a dar lo mejor de nosotros y eso nos hizo mejores.

Hoy, casi medio siglo después, miramos atrás con una sonrisa porque aquella pugna noble que tuvimos, ese duelo deportivo entre amigos, nos enriqueció como futbolistas y, sobre todo, como personas. Y aunque ya estemos en el atardecer de nuestras vidas, con las botas colgadas y las rodillas avisando, hay algo que sique intacto: el respeto, la admiración y la amistad que nació entonces y que sigue viva hoy. Celebramos lo que fuimos, lo que somos y lo que seguimos siendo: una familia unida por el fútbol y la amistad.

Brindemos por Ramón, por su fútbol, por su calidad humana, por su trayectoria y por todo lo que nos dio. Y brindemos también por todos los aquí presentes, por esta reunión entrañable que nos recuerda que, aunque el tiempo pase, lo vivido permanece. ¡Salud, fútbol y amistad eterna!”

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JL Pinós