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Lolo Ramírez, un campeón de Europa en el Sport Villamayor

Todavía recuerda Lolo Ramírez las primeras pachangas que ganaba en el municipio conquense de Hontanaya. Por entonces, el fútbol sala era un juego de niños y la idea de dedicarse a ello como profesional tan solo se esbozaba y dibujaba en destellos de calidad: “En absoluto me imaginaba llegar tan lejos, demasiado. Es más, mi sueño era ser jugador profesional”.  Y vaya si lo ha conseguido: internacional con la Selección Española de fútbol, el actual ala y cierre del Sport Villamayor y el Asorcas Castellón lleva el fútbol sala en su ADN.

Lo cierto es que Lolo ya despuntaba sobre la pista hace 20 años, cuando competía y ganaba las maratones de los pueblos de la zona junto a sus amigos. Victorias que les sirvieron para dar el paso al fútbol sala federado, quedando campeón de liga en 2011 y 2012 con el Hontanaya: “Fueron dos años inolvidables”, cuenta Lolo con añoranza.

Sus dificultades auditivas nunca se convirtieron en una barrera en lo deportivo. Prueba de ello es que acumula una trayectoria amplia y cargada de experiencia en el fútbol sala castellanomanchego: del C.D. Hontanaya pasó al equipo vecino del Pedernoso para dar el salto al Racing Alcázar de Ciudad Real el año siguiente y más tarde al Minaya FS de Albacete.De cada club se lleva un pedacito, pues “te enseñan de una forma u otra, aprendes tácticas… son totalmente diferentes”. 

Por Castilla-La Mancha dio a conocer su “zurdita” con pases milimétricos, pero no fue hasta 2018 cuando decidió salir de su región para dar el salto al primer club específico para sordos en el que militó, el CDS Huelva: “Estaba en el Racing Alcázar y el club me comunicó que el entrenador de Huelva buscaba personas con problemas de audición y a raíz de ahí no dudé en ir”. Dos años después se vistió con la camiseta del Granada y acabó recayendo más tarde en el Asorcas Castellón, donde quedó subcampeón de Liga Nacional de fútbol sala el pasado año: “Cuando se llega a la final se vive todo a flor de piel, con nervios, con ilusión… una montaña rusa. Fue espectacular”.

Todos ellos son equipos que luchan en favor del deporte adaptado e inclusivo, lo que le ha servido para que la Selección Española de Fútbol Sala para sordos se fijara en él y, desde 2019, ha sido un habitual en las convocatorias con la Roja. Recuerda con especial cariño la primera llamada: “Fue en Sierra Nevada. Luego hubo otra preselección en León donde luchábamos para ir al Mundial y precisamente para mí fue lo más triste porque no pude ir por lesión grave». No desistió y al recuperarse siguió luchando por vestirse con la camiseta de España en competición oficial.

Dejó de soñar para aterrizar en una realidad que hasta entonces no era capaz de imaginar. Y es que en 2022 se alzó con el Europeo de Fútbol Sala con la camiseta de la Roja: “Ahí solo me sale decir INOLVIDABLE. Dos semanas de trabajo duro, entrenar, competir y llegar donde hemos llegado: conseguir el mejor título”. Una emoción que se palpa en sus besos a la copa, sus gestos de alegría y el cariño que atesoró en el recibimiento preparado por Hontanaya para aupar a su campeón: «Mi pueblo, mi gente es como mi segunda familia. No puedo tener queja de ellos. El trato recibido, el apoyo tanto en la distancia como en mi pueblo ha sido brutal. Pero sobre todo mi familia ha estado ahí apoyando al pie de cañón”.

Ha forjado una trayectoria admirable en el fútbol sala nacional, pero Lolo cree que todavía no tiene techo y que le queda mucho camino por recorrer, muchos campeonatos por hacer, muchos logros que celebrar y muchos mensajes que transmitir a través del deporte. Y es que también es monitor de pádel y socorrista: “Todos los deportes hacen que nos unamos entre los equipos, al final te llevas buenas personas, buenos compañeros. También me ha servido para enseñar y aprender signos», vitales para la comunicación con Lolo en la pista. 

Ahora el de Hontanaya sueña con otro reto más que factible: las Olimpiadas para sordos que se celebrarán en marzo en Turquía. Presente en la última convocatoria de la Selección Española celebrada en noviembre, a sus 34 años sigue ayudando al equipo con sus pases al hueco. Él mismo asegura que estará en la élite hasta que el corazón aguante, le guíe y le siga acompañando en su baile con el balón.

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