PARTIDAZO. Así, con mayúsculas, porque estamos acostumbrados a vivir auténticas fiestas en El Sargal a través del balonmano, pero lo vivido en la mañana de este domingo también es digno de elogio. Un equipo con apenas cuatro años de vida, el FS VivoCuenca, fue capaz de atraer unos mil aficionados a uno de sus encuentros. No era para menos, porque visitaba Cuenca el segundo clasificado, el Sierra San Vicente, y el ascenso estaba en juego, pero eso solo sirve para poner en contexto una realidad: Cuenca quiere fútbol sala.
Quien no viviera en primera persona el encuentro quizá se quede solo con el dato, pero cabe destacar que las dos aficiones -vinieron en torno a 150 aficionados visitantes- convivieron en armonía con el único propósito de animar a los suyos. Como muestra de deportividad, a pesar de todo lo que se jugaban unos y otros, fue que al término del partido ambos equipos fueron ovacionados por parte de las dos aficiones. Y es que esto es deporte, en las que unas veces se gana y en la mayoría se pierde, pero no por ello se debe faltar al respeto a nadie y sí aplaudir el esfuerzo y compromiso.
Dentro de la pista, el partido no deslució para nada. El FS VivoCuenca y el Sierra San Vicente se dejaron el alma para sumar los tres puntos, en un partido con minutos en los que parecía un correcalles y en que el ninguno especuló con ir hacia portería contraria. Hubo ocasiones por dóquier, acciones técnicas que alabar, alternativas en el marcador, emoción hasta el final… El empate pudo desagradar a ambos, pero quizá fue lo más justo por lo visto en la cancha.
Sea como fuere, el 14 de mayo de 2023 quedará para el recuerdo del fútbol sala conquense, porque la realidad fue que en El Sargal se vivió una auténtica fiesta.



































































