Entre las dos instantáneas que ilustran este artículo tan solo han pasado dos horas, pero mucho ha cambiado el rostro del protagonista. Mario Gómez, meta del FS VivoCuenca, es uno de los almas del equipo, tanto por lo que aporta en la cancha -el único con experiencia en Segunda B- como fuera -ayuda al club en entrenamientos con porteros, en redes sociales y en cuidar la imagen de los azulones-. Pero el sábado 14 de junio empezó siendo portero de Tercera División y, poco después, acabó en Segunda B.
En la primera foto se le ve concentrado, serio, puede que tensionado. Por delante, un partido crucial, donde él y los suyos debían remontar el 6-5 de la ida para acabar consiguiendo el objetivo.
En la segunda, la alegría desbordada, la satisfacción por el trabajo de todo un año, la ilusión por lo que han conseguido. Objetivo cumplido, momento para hacer florecer toda la tensión y que Mario aprovechó para gritar desde el suelo, pero no uno de sus gritos habituales en la cancha para despertar a los suyos, sino para quitarse toda la rabia acumulada de dentro por, por fin, lograr el ascenso.
Por cierto, entre medias de una y otra se vio la cara habitual del guardameta, aquella en la que se convierte en un muro infranqueable y desde su posición es donde se suele construir cada una de las victorias del FS VivoCuenca. De hecho, el momento más complicado del partido le tuvo como protagonista: con 5-2 en el marcador, detuvo un doble penalti a Joselu a falta de solo tres minutos. Su parada certificó el ascenso.
La que habéis liado, Mario y compañía. La Segunda B es vuestra.

































































