Inicio Noticias Más Deporte Miguel Romero: “Hay valores que solo los da el deporte”

Miguel Romero: “Hay valores que solo los da el deporte”

 

De jugador amateur a entrenador profesional, compaginando el mundo de la docencia con el deporte y convirtiéndose más tarde en asesor deportivo. Miguel Romero ha cosechado una fructífera trayectoria deportiva tanto en el terreno de juego como en el aula y, más tarde, en los despachos.

El cronista de la provincia alberga amplios conocimientos sobre el deporte y la actividad física que ha plasmado incluso en libros destinados a profesores sobre baloncesto, atletismo y fútbol. Recientemente, Miguel ha publicado su nueva obra: Caballeros de conquista… y mujeres de armas tomar. Génesis de la aventura americana; pero continúa haciendo un hueco al deporte para evocar su vasta trayectoria con añoranza.

SU NIÑEZ Y SU ADOLESCENCIA, MARCADAS POR LA ESCASEZ DE RECURSOS DEPORTIVOS

Antes, solo se jugaba al fútbol porque era lo más fácil”. Ni pistas ni canastas ni material tenían. Con un toque de imaginación, inventaban las porterías cuando salían a jugar a la calle o en el patio del colegio. Fue de hecho en su etapa escolar cuando se dio cuenta de que su devenir deportivo estaría vinculado al atletismo y también a los saltos. En el juego del pañuelo era siempre el más veloz y destacaba por su rapidez en las pruebas atléticas. Así, empezó a conocer sus cualidades físicas a partir de los nueve años pese a la escasez de recursos: “Las circunstancias que entonces había no eran las más propicias y yo pasé mi edad escolar en un pueblo. Lógicamente no teníamos las condiciones adecuadas para poder ejercitar el deporte como ahora podemos comprobar”.

Continuó sus estudios de Bachillerato ya en la capital conquense y fue aquí donde empezó a saborear la actividad de la gimnasia, que comenzaba a incluirse por aquel entonces en los planes de estudio: El salto del potro o el salto del caballo le ayudaban a demostrar las habilidades deportivas que él mismo había identificado de pequeño y que continuó trabajando más tardé cuando decidió cursar Magisterio. “Aquí comencé a participar en competiciones locales, regionales e incluso alguna nacional y fue entonces cuando me di cuenta de que lo que más me gustaban eran los deportes de equipo”. Aunque nunca dejó de lado el atletismo y llegó a participar en diversas competiciones, entre las que destacaban sus resultados en salto de altura.

Durante esta primera etapa de formación descubrió que el deporte “es fundamental para desarrollar tus aptitudes y entender tu libertad. No era algo encorsetado, como podía ser el aprendizaje de cualquier materia académica. Esto me inició en mi camino deportivo a partir de la madurez”. Desde este momento, no dudó en que lo que realmente le apasionaba era poder poner en práctica con sus alumnos todo lo que él no pudo realizar en su etapa infantil en el plano deportivo dentro del colegio. Para ello, se especializó como maestro de Educación Física.

Miguel Romero en el C.B. Olympia

EN LA MADUREZ, JUGADOR Y ENTRENADOR

 “Esta etapa es en la que más satisfecho me sentí”. Miguel compaginó la docencia con una vida proactiva dentro del deporte. Ganó diversos torneos, como el campeonato regional de fútbol con el colegio Astrana Marín, el provincial de balonmano femenino con el colegio de Cañaveras y el provincial de baloncesto con el Carmen.  El fútbol y el baloncesto coparon gran parte de su trayectoria semiprofesional; en el primero destacando como jugador y en el segundo como entrenador.

Miguel Romero, portero con la UB Conquense en 1977

Su tesón y regularidad lo convertían en un jugador polivalente y constante dentro del terreno de juego. Pisó el césped durante 15 años como jugador federado y pasó por las filas de la UB Conquense, enfundándose los guantes para ser el cerrojo bajo palos. Como portero destacaba, aunque en sus primeros años también jugó de interior y en los últimos retrasó su posición hasta la zaga, en la que aguantó hasta cumplir 42 años: “La edad y mi condición física me obligaron a optar por un puesto más defensivo”, confiesa Miguel. Lejos de quedarse solo bajo dominios conquenses, exploró otras ligas regionales, visitando tierras catalanas y vistiendo la camiseta del Calella, aunque navegó por otros equipos de su provincia, como el San José Obrero o el Cuenca CF.

También se lanzó a la cancha poco tiempo después, pues la curiosidad por conocer el baloncesto a nivel más técnico empezó a aflorar en él, llegándose a formar en Cáceres como entrenador superior. Jugó de alero en Deportes Peter y más tarde en Deportes Coas, destacando por sus buenas acciones ofensivas: “Siempre estaba presto al ataque”. Al mismo tiempo, fue entrenador den las escuelas municipales de baloncesto en categoría juvenil (después llamado CB Cuenca) y previamente tomó las riendas del equipo femenino de baloncesto juvenil de la ciudad, con las que compitió en primera y segunda Nacional durante 17 años.

Con ellas saboreó el oro tres años consecutivos en el Torneo Internacional de baloncesto de Ibiza. Fue desde el banquillo desde donde pudo descubrir la riqueza de valores que atesoran los deportes de equipo: “disciplina, tenacidad, esfuerzo, compromiso… son valores eternos que quedan para siempre como herencia del deporte. Hay valores que solo los da el deporte”. Su objetivo era el de exprimir a cada jugador al máximo, quedándose siempre con su mejor versión para potenciarla y guiarla.

Miguel Romero con el CB Femenino Cuenca. Campeonas de segunda division

Esta etapa le empujó a continuar formándose como profesional y por ello considera que esta doble faceta de jugador y entrenador “fue la más larga y también la más interesante, satisfactoria e ilusionante”. También en la que cosechó más éxitos, pues fue reconocido como mejor entrenador regional en 1990 y 1991 y el Ayuntamiento de Cuenca le otorgó una placa conmemorativa por su desarrollo deportivo en equipos de Cuenca en 2010. Pero sobre todo recuerda la medalla de plata de la Junta por su labor deportiva, recibida en 2005.

 

Además, confiesa que desde el banquillo siempre ha considerado al factor psicológico una clave primordial para ayudar a los jugadores a madurar tanto física como mentalmente: “trabajaba el pre y el postpartido para que los jugadores valoraran su esfuerzo con lo que había y no habían hecho. Conseguí hacer un equipo que también fuera siempre un grupo de amigos y funcionó, porque muchos de ellos recuerdan todavía lo que en su día sintieron y me lo hacen llegar”.

 

EL DISFRUTE DEL DEPORTE COMO ASESOR Y APASIONADO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

 El tiempo ha mermado su actividad deportiva y ahora solo practica senderismo físico y cultural con el club Cuencleta. Con ellos disfruta también del patrimonio histórico y natural en sus caminatas por los senderos conquenses, diseccionando nuestra provincia, sus parajes y sus monumentos. Aunque no olvida que también se calzó los esquís durante veinte años con un grupo organizado en la provincia.

Sin embargo, tras dejar el terreno de juego continuó vinculado al deporte, esta vez, desde los despachos. “Me sentía ya con la experiencia suficiente para enseñarle a los demás aquello que ya conocía. Lo puse en práctica de manera administrativa como asesor y como formador”. Por ello, fue asesor deportivo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para la organización de campeonatos y juegos deportivos en Cuenca y participó como inspector dentro de la Comisión deportiva de la región para potenciar las competiciones de primaria, secundaria y bachillerato.

Continuó también vinculado con el Conquense durante cinco años como secretario técnico del club y siguió ligado al baloncesto elaborando fichas técnicas para preparar a los futuros entrenadores de baloncesto. Y aunque pensemos que lo ha conseguido todo, quedan algunas pinceladas: Miguel ha sido speaker en la Carrera del Pavo, la vuelta ciclista de Castilla-La Mancha y de España y en el Triatlón de Cuenca.

Primero fue joven y aprendiz. Después continuó formándose como jugador y formando a sus alumnos como entrenador. Y para acabar, culminó su bagaje deportivo con una última etapa de disfrute y de recuerdo, “apoyando y sintiéndome libre en las actividades que mi cuerpo y mi edad me permiten desarrollar”. Miguel Romero ha saboreado el deporte en todas sus facetas, siempre con el deporte en equipo como la brújula encargada de guiar los pasos de sus jugadores, a los que les ha enseñado el valor de compartir el amor por una misma pasión.

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