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Antonio García Monedero: «Me gustaría volver al pasado y decirle a mi “yo” de niño “tranquilo, que vas a jugar”»

Quizás la vida le debía una segunda oportunidad. Antonio García Monedero juega actualmente en el Atlético Jareño. El fútbol que tantos quebraderos le trajo de pequeño ahora es el mismo deporte que saborea cada sábado, en cada entrenamiento, con cada salvación y cada vez que vive un ascenso.

Antes de que la pelota echara a rodar, probó otros deportes: practicó ajedrez con 9 años. Después hizo ping pong con un amigo cuando tenía 12 años: “Le hacía falta una pareja para competir a nivel provincial, pero tampoco se me daba muy bien. Ese mismo año hice alguna carrera de campo a través”.

Fue en el segundo año de cadete cuando decidió volver a probar suerte con el fútbol y se apuntó a la Escuela Municipal de Deporte de Motilla del Palancar, su pueblo natal. “Siempre se me había dado bastante mal, me quedaba en el banquillo y jugaba poco. Pero ese año empecé a jugar y ahí seguí hasta completar juvenil”. Y es que la historia de Antonio es el claro ejemplo de que la perseverancia, el trabajo y el ímpetu dan sus frutos: “Yo nunca pensé que fuera a jugar al fútbol porque se me daba mal. Luego el haber visto que trabajando de otra manera lo he conseguido, me ha hecho pensar que me gustaría volver al pasado y decirle a mi “yo” de niño “tranquilo, que vas a jugar””.

Tras acabar el fútbol base, tuvo que irse a estudiar a Madrid y dejó el fútbol federado. Serían solo cuatro años, pues nada más terminar la carrera regresó a su Motilla, aunque esta vez para jugar en Primera Autonómica en el Atlético Jareño. El sabor amargo del descenso el primer año pronto se convirtió para el ya periodista en un dulce olor a ascenso por partida doble: tan solo tres años después estaban ya en categoría Preferente: “Tuve la suerte de jugar en esos partidos, que creo que son la “Champions” de los jugadores amateur. Pero ya al pasar a categoría Preferente no me llamaba la atención porque no soy pretencioso, prefiero jugar y pasármelo bien en categorías más bajas”.

Por aquel entonces el Motilla acababa de descender y regresó a su tierra a jugar: “Esa primera temporada casi descendimos, pero salvamos el año. También es un recuerdo bonito luchar por no descender. Se llega a pasar mal, estábamos a siete puntos de la salvación, pero conseguimos encadenar once partidos seguidos sin perder”.

Ahora ha regresado al Jareño en el que dice haber encontrado un proyecto, cuando menos, ilusionante. Allí juega con dos primos hermanos bajo los mandos de una directiva joven e ilusionada. “Lo han hecho para que el club no se perdiera en el municipio. Acabamos de empezar y cuesta acoplarse, pero ahí estamos echando una mano”. Antonio completa los tres días de entrenamiento más la jornada del partido con ejercicios adicionales: “También hago estiramientos en casa, bicicleta estática…”.

En su faceta de jugador, se define como “currante”. “Soy una persona muy comprometida. Intento ser buen compañero: no quejarme, trabajar en mis errores e intentar sumar, soy lo contrario a lo que sería una estrella”. Y es que busca siempre su mejor versión en el plano físico y táctico. “Precisamente esto es lo que me ha hecho jugar, tener minutos y disfrutar muchísimo. Porque yo con el fútbol he disfrutado como el que más. He marcado solo un gol. Mis amigos me dicen que han visto más mi gol que los de Zidane”.

No olvida las amistades forjadas en el campo ni tampoco ese gusanillo que impera en el mundo del fútbol, siempre incierto: “Para mí el fútbol es la salsa de la vida: ver cada fin de semana contra qué equipo te toca, en qué campo, la adrenalina de saber si va por encima o por debajo de ti…”. Aun así, el camino tiene espinas, pero también rosas: “El fútbol es un deporte que te causa frustraciones. Pero cuando más disfruto es cuando me encuentro bien físicamente en lo personal. Así llego a balones que en otros momentos no podría. Para mí ha sido una superación personal”.

Del Real Madrid y apasionado de los Juegos Olímpicos, otra sorpresa que tenía guardada era su afición a la escalada. Pese a que confiesa no tener un espíritu aventurero desarrollado todavía, el año pasado comenzó a practicar este deporte en el silo de Chillarón, completándolo con algunas salidas a roca. Asegura que es un deporte que te ayuda a desconectar por la sensación de riesgo constante: “ahí arriba solo piensas en agarrarte a la roca lo más fuerte que puedes. Hay un punto de miedo cuando estás arriba”. Fortaleza psicológica, física y táctica son las tres claves para disfrutar de la escalada: “Tienes que dosificar bien las fuerzas para poder llegar lo más arriba posible. Hay un miedo a la caída que yo no me he llegado quitar y que hay que interiorizar, pero no he logrado alcanzar ese momento todavía. Estoy a ver si retomo ahora en noviembre otra vez”.

Para este año, le auguramos que disfrute desde las alturas en la escalada y desde el césped en el fútbol. Suerte no necesita, porque seguro que se deja el alma no para ganar, pero sí para divertirse. Y eso, al final, es lo que buscaba y busca. Y vaya si lo ha encontrado gracias a su esfuerzo, su pasión y, sobre todo, su eterna amabilidad y saber estar dentro del campo y detrás de la cámara. Así es Antonio, el jefe de prensa de la Diputación provincial de Cuenca.

 

 

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