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ASERCO, deporte siempre con la equipación violeta

Como cada 25 de noviembre, Loles Ayllón, Chus Ayllón y Rocío Blasco salen a batallar contra la violencia de género. Lo hacen en el mismo equipo, con la camiseta de color morado y con la misma garra y la misma fuerza con la que empezaron a trabajar el primer día por y para la mujer desde ASERCO. Esta red de recursos para mujeres víctimas de violencia de género cuenta con una casa de acogida para aquellas que sufren esta lacra social.

Las tres han luchado siempre por la igualdad en todos los ámbitos, incluido en el deporte. Y es que Rocío ha seguido con sumo detalle los pasos de sus dos referentes en lo profesional y también en lo personal. Las hermanas le han transmitido esa ilusión por disfrutar de un trabajo, más que enriquecedor, vital para seguir mirando el mundo desde una lupa de cristal violeta.

 

LOLES Y CHUS AYLLÓN BELMAR 

Nacieron juntas y así han crecido siempre practicando deporte. Loles y Chus han sido conscientes de la importancia de la actividad física desde pequeñas. Vivir en un pueblo les permitía ir a la escuela andando, corretear por los campos en bici o jugar en la calle.Fue durante la adolescencia y, sobre todo, en la edad adulta cuando las dos encontraron en el deporte un aliciente primordial para llevar una vida saludable.

Chus relata cómo en el colegio del municipio crearon un equipo femenino que primero practicó voleibol, después balonmano y, por último, fútbol sala. Aquí Chus y Loles separaron sus caminos y fue solo la segunda, actual presidenta de ASERCO, la que decidió continuar su trayectoria deportiva enredándose el balón entre los pies. Menuda y veloz, era la “Butragueño” del equipo. Así la llamaba su entrenador Manolo, mítico míster de fútbol sala en Cuenca.

Aunque lo más importante para Loles no era su olfato goleador como delantera del equipo, sino la armonía entre compañeras (palpable en las anécdotas que guarda de los viajes en furgoneta) y, sobre todo, la fidelidad de su afición. “Llevábamos a un grupo de chicos seguidores increíble. Venían a vernos nuestras parejas y nuestros amigos para animarnos siempre”.

Alguna que otra lesión e incluso la rotura de un diente al chocarse con la portera de su equipo la apartaron del terreno de juego. Eso sí, entre risas de alegría y sonrisas de nostalgia evoca estos momentos que no hacen más que reforzar su idea de que el deporte es una buena terapia para fomentar la igualdad: “Por aquel entonces el fútbol femenino ya empezaba a despuntar y hay que seguir apostando por él. Hoy las leyes ya empiezan a garantizarlo”.

Quien conoce a las hermanas sabe que su día empieza muy temprano recorriendo los caminos de Villar de Olalla, su municipio natal. Cámara en mano, retratan los paisajes que desentrañan a pie: “Es también una forma de desconexión y desahogo mental. Llevábamos a nuestros hijos al colegio y nos íbamos a andar durante un par de horas al campo. Esa caminata por la mañana respirando aire puro nos ayuda a ponernos las pilas para el resto del día”.

Su objetivo no es otro que despejar la mente y activar el cuerpo. Aunque para Chus, caminar es también una forma de socializar: “Se crea un vínculo importante porque siempre te encuentras con la misma gente y te relacionas con ellos. Caminar para nosotras es importante a nivel emocional, social, físico y mental”. Tanto es así que ya han trazado la provincia a través de los senderos. Destacan las rutas de la Serranía: desde Uña a Lagunaseca, pasando por Beteta o la ruta del Escalerón. Aunque sin duda, para ellas, lo más gratificante no reside en culminar las caminatas, sino en haber cambiado el humo del cigarro por el aire fresco del campo: “Hemos sustituido el tabaco por el senderismo y es el mayor logro de nuestra vida”, comenta Chus con entusiasmo.

 

No conformes con conocer la provincia, salen por España en busca de nuevos caminos en los que marcar sus huellas. Siempre acompañadas de su fiel grupo de amigos “Los chocolates”, ya han viajado hasta Valencia, Teruel, Huesca, Pirineos o Gredos para continuar haciendo del senderismo el motor de su día a día deportivo. Su próximo objetivo se encuentra en la Sierra del Segura.

Además, Loles ha pasado del paso al galope y sale a correr. Lo complementa con otras disciplinas como el pilates o el yoga: “Esta actividad me parece muy importante para aprender a conectar con nosotras mismas, descansar, conocernos… Esto lo hace el deporte, que nos ayuda a tener una consciencia plena de cómo somos, quiénes somos y dónde estamos”.

 

ROCÍO BLASCO RECUENCO

La pequeña del grupo tardó menos en embarcarse en el mundo del deporte. Fiel seguidora y admiradora de Chus y Loles, reconoce que las dos han sido siempre ese espejo en el que se ha mirado una y otra vez. Quizás por ello estudió trabajo social y quién sabe si también siguió los pasos de Loles al convertirse en la delantera del Villar de Olalla unas cuantas generaciones después.

En 1996, con tan solo 10 años, se apuntó a fútbol sala en el equipo del municipio con el Nene y Marcos pizarra en mano. Tras pasar por las categorías de alevín, infantil y cadete tuvo que abandonar la disciplina al culminar el primer año de juvenil. La liga femenina en Cuenca acababa ahí y a Rocío no le quedaba otra que dejar de meter goles en la competición federada, aunque continuó apuntándose a torneos para seguir sumando anécdotas que contar después.

Todavía recuerda salir de un pueblo corriendo porque la masa enfurecida del municipio se cabreó con los goles del equipo visitante. Aunque con más cariño relata los viajes con las amigas en el autobús. Sus frágiles tobillos también le recuerdan de vez en cuando aquella época en la que tenía que cuidarlos cual cristal. Quiso probar suerte en fútbol 11, pero tener que trasladarse hasta Cuenca todos los días era entonces tarea imposible.

Aunque sin duda se queda con su victoria en el Villar de Olalla al acabar la liga como campeonas provinciales. En Ciudad Real no consiguieron la primera posición regional, pero sí un más que meritorio segundo puesto que mostraba la buena cantera de futbolistas que el municipio había conseguido consagrar a base de apostar por el deporte y la igualdad.

Ha compartido otras inquietudes deportivas con Chus y Loles, como el aerobic, el combat o incluso la actividad de baile en el pueblo, pero lo que caracteriza a Rocío en esta última etapa deportiva es su dominio con la pala. Desde 2012 comenzó a jugar al pádel recibiendo clases y ese mismo año compitió en el Torneo Leticia Castillejo.

No tardaría en ubicarse en el olimpo de este deporte en Cuenca: tres años después ganó el III Circuito Diputación con su compañera Cristina Vila. Dice que se retiró en lo más alto, pero lo cierto es que después ha continuado ganando torneos y compitiendo con otras compañeras como Marta Pérez o con su pareja de vida y de juego, Jorge Noheda, en categoría mixta.

EL DEPORTE Y LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Chus, Rocío y Loles han traslado su faceta deportiva a su labor en ASERCO. Lo hacen desde el programa Cuídate, centrado en la mejora física y emocional a través de los hábitos saludables. Y es que el deporte puede ser un punto de apoyo para las víctimas que desean continuar erguidas en este proceso lento y angustioso, pero necesario. En la actualidad, dos mujeres de su casa de acogida se encuentran dentro de esta iniciativa. Una de ellas acude al gimnasio y la otra disfruta del senderismo por Cuenca: “Nosotras las animamos e incluso las acompañamos”.

Han llegado a organizar actividades como yoga o aerobic dentro del recurso y tampoco se olvidan de los menores: cuentan con programas especiales vinculados con las escuelas deportivas y los clubs de la ciudad para facilitar su integración. “Así ven que su bienestar en parte depende de la práctica deportiva”.

Y es que las tres continúan sembrando valores teñidos de violeta, palabras cargadas de matices morados y, sobre todo, coloreando las sonrisas que un día la violencia machista quiso pintar de negro. Desde ASERCO, desde sus casas, desde su pueblo, desde su familia y desde el deporte, Rocío, Loles y Chus seguirán luchando por ti, por mí, por ellas y por todas nosotras.

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