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Óscar Noheda, un piloto de karts con cuatro ascensos en el fútbol conquense

Óscar Noheda sabe bien qué supone tomar las riendas de un equipo y alcanzar el éxito. Ahora lo hace como piloto del team Karting Cuenca Motor 4×4, pero en su etapa como portero ya lo consiguió desde la retaguardia, intentando frenar las contras del rival con sus paradas. Así vivió cuatro ascensos, aunque, quizás, el primero de ellos fuera el más especial. Formó parte de aquella generación que consiguió el ascenso del Conquense juvenil a División de Honor.

Pero antes de vivir el fútbol de manera plena compartía sus horas de entrenamiento con el baloncesto. Jugaba en el equipo de su colegio, Santa Ana, y ocupaba la posición de alero. Su velocidad sumada a su buen manejo de la técnica le convertían en una pieza clave del equipo. Tanto era así que fue convocado por la selección de Castilla-La Mancha en categoría alevín y cadete y llegó a disputar un campeonato de España en Lloret de Mar: “Es verdad que destacaba más en baloncesto. Pero con los años no podía compaginar los dos deportes con los estudios y tuve que elegir. Me quedé con el fútbol, que era el que más chispa me daba”.

En el deporte rey dio sus primeros pasos en la Escuela Municipal hasta la categoría cadete y pasó a la UB Conquense para saborear allí los tres últimos años del fútbol más vistoso como juvenil. Su primer año vistiendo de blanquinegro lo grabó a fuego en su retina y también en las páginas de sus álbumes. Óscar guarda imágenes y recortes de periódico que enmarcan aquella época con sumo detalle, sobre todo, la recta final, con ese ansiado ascenso a División de Honor: “El año siguiente fue muy bonito porque jugamos contra jugadores que llegaron a Primera División. Recuerdo a Soldado o de la Red”.

Pero la complicada categoría avocó al Conquense al descenso de nuevo y Óscar, en su último año como juvenil, jugó durante toda la temporada ya en categoría sénior con el Conquense B, sumando así el segundo ascenso en su palmarés en apenas dos años: “Recuerdo que jugué con Mikel Rico, que años después llegó al Athletic de Bilbao. Subimos a Tercera división y era un gran logro porque el primer equipo estaba en Segunda B, solo una categoría por encima y yo entrenaba también con ellos como tercer portero”. Continuó en el filial balompédico hasta que el entonces presidente, Ángel Pérez, decidiera prescindir de un equipo que prometía, con jugadores más que conocidos en el panorama futbolístico conquense actual como los entrenadores Futre o Iván Mateo o el periodista deportivo Alberto Val.

Entonces comenzó otra etapa, ya en el fútbol modesto, pero igual de gratificante para Óscar: “Juan Ramón, segundo entrenador del equipo, se fue a dirigir el Campillo de Altobuey y muchos jugadores nos fuimos con él a Segunda Autonómica. En dos años ascendimos el equipo a Preferente, consiguiendo así dos ascensos más”. Casi 10 años militó en las filas del Campillo, hasta que los viajes, el trabajo y el deporte dejaron de ser compatibles y tuvo que colgar los guantes con 35 años.

Mantiene los buenos reflejos que le hicieron acudir a convocatorias con la selección de Castilla-La Mancha o entrenar en Segunda B cuando todavía era juvenil. Ahora, esa capacidad de reacción la emplea para dirigir el volante y tomar las curvas dentro del kart. Tras dejar el fútbol, se embarcó en un nuevo reto deportivo y formo junto al grupo de amigos de su pueblo, Villar de Olalla, el Team Karting Cuenca 4×4 Motor: “Iba los lunes a trabajar a Estepona y volvía el miércoles a Campillo a entrenar. El jueves me iba a Zaragoza y regresaba el viernes para entrenar otra vez y ya jugar. Por eso cambié a los karts”. Este año participarán ya en un circuito más profesional en la primera Copa Monomarca YOI 111. Comenzarán esta nueva andadura en Sevilla y pasarán por otros circuitos como Tarancón o Corral de Calatrava.

Y muestra de que Óscar prefiere practicar a ver deporte, también probó con el pádel y estuvo unos meses participando en campeonatos. Pero la falta de tiempo para entrenar, copado por completo ahora por los karts, le obligó a dejar la pala y ahora solo compite de manera aficionada.

Aunque su época dorada a nivel deportivo siempre será bajo palos. Evocando aquellos años se emociona y, con nostalgia, se imagina de nuevo cubriendo la portería, estirando la manopla para seguir soñando con el ascenso y recordando los buenos momentos junto a sus compañeros de vestuario.

 

 

 

 

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Laura Benedicto Melero