Es la voz de la experiencia del deporte aficionado dentro de la Asociación de Clubs Deportivos de Cuenca (ACDC). La pediatra de leonesa Elisa Cueto llegó a Cuenca hace ya unos años por trabajo. Aterrizó con un bagaje deportivo que solo planeaba sobre la pista de baloncesto y, ya asentada en Cuenca, cambió la cancha por el pádel y el golf.
Sus primeros pasos botando el balón los dio con el equipo del colegio de las Josefinas de León. Asegura que a edades tan tempranas los deportes colectivos cobran especial importancia y por ello se apuntó a balonmano y baloncesto. Aunque pronto se decantó por practicar el segundo en solitario: “Ahora no soy alta, pero en su momento sí. Estuve jugando durante mi infancia y juventud en diferentes equipos y categorías de mi colegio hasta que me fui a estudiar a la universidad”.
Aunque acabó ocupando la posición de escolta y de base de manera ocasional, al principio jugaba como alero o pívot bajo por su envergadura: “Lo que mejor se me daba era el tiro a media distancia. Luego era muy luchadora y aunque el físico muchas veces no acompañe, si peleas y tratas de mejorar, te puedes defender”. Esa garra la sacaba en los partidos con mayor rivalidad frente a los equipos de Ponferrada y Valladolid: “Eran muy buenas en la región y cuando les ganábamos nos veníamos arriba”.
Tras participar en campeonatos provinciales y regionales, tuvo la oportunidad de vivir una experiencia de índole nacional. El campeonato de España se celebraba en León y, como anfitrionas, pudieron jugar los partidos clasificatorios: “Fue una experiencia muy buena, aunque en lo deportivo éramos un equipo mucho más pequeño que los que vinieron. Guardo un recuerdo estupendo”.
Ya en la universidad de Valladolid y mientras cursaba sus estudios de Medicina continuó jugando tras un breve parón para preparar selectividad. Lo hizo con el equipo de su colegio mayor, el María de Molina: “Jugué hasta los 23 años y lo dejé por tema de estudios”. Y es que el baloncesto ha ocupado siempre el primer puesto de su particular trayectoria tanto dentro como fuera de la cancha: “He estado ligada a él toda mi vida, además de como jugadora, como aficionada al equipo de mi ciudad y después viendo baloncesto por todos los sitios donde he ido viviendo”. Entonces llegó a Cuenca y, tras decir adiós a la canasta, saludó y abrazó otros deportes.
Antes de que la maternidad abriera y cerrara un paréntesis puntual en su práctica deportiva, Elisa probó con el gimnasio, aunque pronto lo abandonó: “A mi llegada a Cuenca, necesitaba hacer algo, pero lo que me gusta era estar al aire libre”.
Tras dejar atrás el deporte reglado y la disciplina más propia de la competición, se abrió a la actividad física por solo por diversión. En 2009 probó el pádel y jugando estuvo más de una década: “Me enganchó y me gustó mucho, conocí a mucha gente. Daba clase, entrenaba todas las semanas en el Club de Tenis con unas amigas. Jugábamos en fin de semana en invierno y en verano casi todos los días”. Con una rutina de cuatro sesiones a la semana, las mejoras llegaron casi desde el inicio y entonces el disfrute crecía cada vez más: “Yo llegué sin ninguna base y enseguida aprendes unos conceptos y unos movimientos a nivel de técnica y posicionamiento que te permiten pasarlo bien desde el principio jugando con gente de tu nivel”.
Su actitud peleona para coger cada rebote cerca de la canasta se hacía visible también en la red de pista, intentando devolver siempre la última bola hasta el tie-break. Sin embargo un problema en sus caderas limitaba sus movimientos e incrementaba su dolor tras cada partido. Entonces, tuvo que tomar la decisión de dejarlo de manera tosca: “Dije adiós de un día para otro. Para mí, era deporte, era un encuentro social, jugar con gente muy distinta”.
Pero Elisa sabía que el deporte debía seguir marcando su agenda y justo después de la pandemia comenzó a jugar al golf. Lo hizo gracias al padre de Rafa Reyes, presidente de la ACDC, jugador de un deporte que, para Elisa, seduce y mucho: “Cuando dejé de jugar al pádel creía que se me caía el mundo encima y ahora me arrepiento de no haber descubierto antes el golf. Pasas mucho tiempo y muy entretenido”. Saborea el ambiente basado en el compañerismo y la nula rivalidad: “La gente se cree que es un deporte muy parado, pero qué va. Tú puedes jugar con cualquiera persona de cualquier nivel porque cada uno juega en su categoría y con sus golpes”.
Aunque los comienzos fueron duros por el manejo de la técnica e incluso dejó de recibir clases durante unos meses. Pero Elisa volvió, probó y se enganchó: “Iba entrenando y corrigiendo hasta que logré pasar esa primera fase y ahora voy todos los días. El grupo del Cuenca Golf Club es estupendo y salimos fuera a jugar”.
ACDC
Vicepresidenta de la ACDC, Elisa asesora a la junta directiva. En el empeño de Reyes por abogar por el deporte para todos en la ciudad lo puso en busca de un perfil como el de Elisa para sopesar las decisiones de la entidad: “No era nadie en el deporte y no me veía. Pero dijo que quería que hubiera alguien en la asociación que no tuviera un interés personal en nada de lo que pudiera hacer la ACDC, sino que desde fuera pudiera dar su visión”.
Es la mirada pensativa y la opinión fundamentada. Sus palabras reposan sobre una base de conocimientos médicos que se funde con ese afán de Elisa por hacer de la práctica deportiva el mejor sabor de esta tarta conquense en forma de actividad física.


































































