Deporte y trabajo. Trabajo y deporte. La actividad física ocupa todos sus huecos de ocio al día, incluidos los fines de semana, cuando la directora y fundadora del CD Hoz del Júcar acompaña a sus patinadoras a las competiciones. Ahora Elvira Villarreal solo entrena, pero todavía recuerda sus inicios sobre los patines cuando vivía en Barcelona. Empezó a asistir a clases con siete años, pero antes ya patinaba con sus vecinas en la calle. Era un juego que acabó convirtiendo en su modo de vida. Entonces practicaba patinaje de velocidad: “Se me daba muy bien la rapidez en pista. Ya iba tres días a la semana a entrenar y dos horas diarias. Pero me divertía mucho porque los ejercicios eran muy lúdicos”.

Al llegar a Cuenca con 15 años quería seguir surcando las hoces sobre ruedas y se topó con una coyuntura que no esperaba: no había patinaje en la ciudad. Con su padre se plantó en el Instituto Municipal de Deportes para preguntar por esta actividad y entonces le ofrecieron a ella dar clases. Reconoce que no tenía experiencia alguna, pero sin titubeos dijo que se atrevía: “Soy muy echada para adelante y así empecé en la pista de El Vivero los sábados por la mañana”. Algo que comenzó de manera fortuita la acabó aupando como la pionera del patinaje en Cuenca, para su sorpresa, en la rama artística: “La gente te pedía sobre todo patinaje artístico, que se veía más. Pero como tengo creatividad empecé a hacer bailes para exhibiciones como en la carrera del Pavo, que la primera la hice con mi hermano y luego fui haciendo con los niños. Me costó el cambio de la velocidad al artístico, pero vi que a la gente le gustaba más”.

Desde que se sacara el título de monitora de patinaje con 16 años no ha parado de innovar, de inventar y de formarse, incluso como juez: “Se tiene una visión distinta porque, aunque no quieras, ves más los fallos, pero aprendes de otros clubs y me sirve a mí también como entrenadora”. Aunque siempre bajo la máxima de “disfrutar del deporte”, eslogan de su CD Hoz del Júcar, en el que se puso al frente hace ya 37 años. Por sus manos han pasado tantas patinadoras que ahora imparte clases a los hijos de sus primeras alumnas.
En su equipo también cuenta con monitoras que se formaron con Elvira, todo un orgullo para la maestra: “No puedo dejarlo porque me da la vida y además me encanta trabajar con niños. Me hacen vivir una segunda juventud porque sigo sus locuras”. Con ellos baila, participa en las cabalgatas de Reyes y San Julián y, con todo, consigue encender esa chispa que le ayuda a seguir brillando. Empatía y adaptación son la máxima en sus clases para que cada niño exprima el entrenamiento como quiera: “Quiero disfrutar con ellos. No me tienen como entrenadora, soy como su segunda madre porque es algo muy familiar”.

En la actualidad, solo entrena al grupo de competición, pero cuenta con monitoras que le ayudan a mantener el club y que permiten que siga creciendo: “Yo empecé con unos 15 niños, pero ahora solo en competición somos 50 y en total tendremos 270 niños más las escuelas municipales. Es una satisfacción tremenda”. A todos ellos les aconseja que para ser un buen patinador la mejor herramienta es la actitud: “Lo más importante es tener ganas de trabajar. Siempre está la niña que en cualquier deporte tiene un don; pero las niñas que trabajan sacan antes los giros que aquellas que se les da muy bien pero no se esfuerzan”.
Eso sí, si tiene que elegir, se queda con la modalidad de velocidad: “Creo que tus orígenes siempre llaman y es que he disfrutado mucho en mi juventud”. Sigue viendo las pruebas en televisión y disfruta de cuando competía: “Es lo que he vivido de siempre y aunque no lo haga ahí está presente”. De hecho en velocidad fue tercera de España, aunque con humildad cuenta que no le costó trabajo: “He disfrutado y no me ha supuesto ningún esfuerzo entrenar y trabajar porque siempre he intentado disfrutar de lo que hago”.

POLIFACÉTICA
Además del patinaje, Elvira ha practicado otros deportes, todos ellos caracterizados por el dinamismo, la energía y la agilidad. Cuando cursaba 7.º y 8.º de EGB y todavía vivía en Barcelona se apuntó a gimnasia deportiva, llegando incluso a competir: “Se necesita mucho entrenamiento y ya al terminar el colegio tuve que dejarlo. En lo que más destacaba es en la parte de suelo”.
En Cuenca también probó gimnasia rítmica durante un año en las escuelas municipales y después atletismo. Fue tras realizar las pruebas físicas en el instituto cuando un profesor captó enseguida su habilidad y le propuso unirse al Club Atletismo Cuenca. Ha probado todas las disciplinas, desde lanzamiento de jabalina, pasando por salto de valla o longitud a carreras de media distancia, aunque su mayor destreza no era el fondo, sino la velocidad. Incluso participó en carreras de cross y se clasificó para varios campeonatos de España.

Siguió su periplo en el fútbol sala en una de las primeras ligas femeninas que se organizaron en la ciudad. Jugaba con el club La Venta con las chicas de su pueblo, Villar de Olalla, y estuvieron compitiendo un par de temporadas. Ocupaba la posición de delantera por su rapidez: “Estaba habituado a correr, al patinaje y siempre trabajaba la velocidad. Fue una época muy buena”.
Ha vertebrado todas las etapas de su vida a partir del deporte: “Me ha gustado siempre. Me gusta moverme y probar”. Tanto es así que ahora se ha apuntado a hacer ballet clásico. También ha asistido a clases de yoga impartido clases de aerobic y bailes de salón, siendo el tango argentino su debilidad, pero también impartía en sus clases vals, swing o merengue. Ahora sigue bailando sobre los patines, aquellos que se calzó siendo una niña y que han perdurado intactos pese al sacrificio y el paso del tiempo.


































































