Quién no ha pensado alguna vez que la asignatura de Educación Física solo estaba pensada para los alumnos más atléticos. Aquellos que cruzaban primero la línea de meta, que más canastas encestaban, que mayor coordinación tenían o que más habilidad mostraban con el balón. Eva Guijarro, doctora por la Universidad de Castilla-La Mancha, identificó esta lacra que convertía la asignatura para algunos en un verdadero castigo. Por ello, la mejora de la enseñanza deportiva se ha posicionado como el primer objetivo de su tesis doctoral, que presentó en diciembre de 2021 y que la tuvo durante cuatro años y medio focalizada en el estudio y la apuesta por una Educación Física inclusiva y flexible.
Con la mención en Educación Física dentro de la Facultad de Educación y tras realizar un máster de investigación, tuvo clara cuál sería la línea que iba a seguir: “Hasta esa fecha no se hacían muchas tesis de Educación Física y a partir de nuestra investigación sí que se han ido defendiendo más aquí”. Y es que la asignatura continúa teniendo limitaciones hoy en día y su contribución académica busca mejorar el deporte en las aulas: “Al final una tesis tiene que aportar algo a nivel práctico porque pasa por ayudar un poco a la problemática que tengamos”.
La temática gira en torno a la enseñanza de deportes a través de metodologías innovadoras con el objetivo de romper con las técnicas más tradicionales. También han buscado aumentar los niveles de actividad física y favorecer la práctica para todo el alumnado sin diferencias de género, edad o habilidad. Al final, lo que se consigue es mejorar el disfrute de todos los participantes.
La tesis se realizó por diferentes colegios de Cuenca que abrieron sus puertas a Eva y a la facultad de Educación para mejorar la asignatura y alejarse de cómo generaciones anteriores la entendían e impartían: “Lo que vimos es que la Educación Física estaba pensada para unos pocos, sobre todo para niños más habilidosos”. El alumnado que habitualmente se encontraba en un segundo plano en las clases puede ahora dar un paso al frente y disfrutar y aprender del deporte con más ilusión que obligación: “Queríamos una Educación Física para todos que se adaptara a lo que cada niño pudiese aportar”.
El método de enseñanza que ofrece la tesis se llama «modelo de educación deportiva» y asigna un rol a cada alumno según sus destrezas: “Hay preparadores físicos, jugadores, entrenadores, árbitros… No solo los alumnos más competentes son los que tienen más oportunidades de éxito. Queríamos que cada uno pudiese encontrar su lugar en el deporte porque todos tenemos un hueco”. Además, aprender el papel de cada peón en el juego les permite poner en práctica valores como la empatía: «Ya no buscan engañarte durante las jugadas, sino que se apoyan y al conocer otros roles como el de árbitro se ponen en su piel y no tratan de engañarles”.
Lo ha hecho con el baloncesto como deporte central por su bagaje deportivo. Exjugadora de fútbol y baloncesto, ha pasado por diferentes clubs de Cuenca, realizando sus prácticas como entrenadora de basket en las escuelas municipales y como entrenadora de balonmano en el Ciudad Encantada. Además, estuvo en el Ciudad Encantada de fútbol impartiendo datchball: “Desde el principio tenía claro que mi tesis iba a ir ligada al deporte».
Tras este largo proceso se encuentran resultados elaborados y, sobre todo, esperanzadores: “Hemos llegado a la conclusión de que cuando se utilizan diferentes métodos para enseñar deporte el alumnado, independientemente de su edad, de si han practicado deporte o no, mejoran su conocimiento del deporte y también la ejecución. Disfrutan y se implican”. Eva asegura que estas metodologías mejoran la responsabilidad personal del alumnado, aumentando su esfuerzo y su autonomía e incrementando su compromiso con una asignatura que algunos antes veían como un muro infranqueable. Otro de los resultados de esta tesis pasa por el aumento de las habilidades sociales: “Aprenden a cuidar a los compañeros, a ser consecuentes con sus acciones y a mejorar su deportividad».
Resultados gratificantes que muestran la cara más integradora del deporte. Todavía recuerda Eva a una alumna con síndrome de Down que no participaba en las clases y que gracias a estas nuevas técnicas empezó a formar parte de las dinámicas de grupo. Este es solo un grano de arena más que compone una montaña de buenas prácticas más que suficiente para que la tesis haya recibido el Premio Extraordinario de Doctorado de la mano de la Universidad de Castilla-La Mancha: “Era difícil porque se tienen en cuenta todas las tesis defendidas en ese curso y entraba dentro de la línea de humanidades, artes y educación. Son muchas áreas y no suele caer ninguna en educación y menos en la rama física”.
El reconocimiento le permite coger fuerzas para seguir explorando otras líneas de investigación con la mejora de la Educación Física como meta: “Trabajamos en la enseñanza deportiva y ahora estoy centrada en niños y niñas con bajo nivel de habilidad”. También habla de la repercusión que tiene esta asignatura en resolver problemáticas sociales: “Abordamos temas de igualdad de género e incluso de acoso escolar o sedentarismo. Está mejorando mucho aunque sea una de las asignaturas que menos se valora. Si se nos da tanta responsabilidad, algo estaremos haciendo bien”.
Porque la inclusión ha sido siempre el verdadero motor de sus investigaciones, una ardua tarea que busca alejarse de la mal llamada gimnasia y la mal impartida Educación Física y que rema a favor de una asignatura diversa que aúna deporte y didáctica.




































































