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Jorge Domínguez, del tablero de ajedrez a la cantera del REBI Cuenca con la estrategia como bastión

Quién le iba a decir a Jorge Domínguez que aquel niño de diez años que quedó subcampeón de Cuenca de ajedrez acabaría aplicando esa visión estratégica al campo de juego como entrenador de balonmano de un equipo puntero. Domínguez es actualmente entrenador del equipo juvenil del Rebi Cuenca, pero no fue el balonmano el primer deporte que practicó. Comenzó a ejercitar su mente en el colegio Fray Luis de León, donde su profesor, el señor David, le reveló las bondades y los entresijos del tablero de ajedrez: “Hubo un boom en mi generación y le damos las gracias a señor David porque teníamos dos horas a la semana de práctica de ajedrez”. 

No tenía claro qué deporte marcaría su trayectoria en el futuro y prueba de ello es que ha competido en diversas disciplinas: baloncesto, fútbol o balonmano son solo algunas de ellas. Con la pelota entre los pies jugó en las Escuelas Municipales como centrocampista: “No se me daba mal, pero en categoría cadete estaba compaginando fútbol y balonmano y fue entonces cuando me decanté por el balonmano. No era especialmente bueno, pero cuando me enfoqué solo en él empecé a destacar”. Juega en la posición de central, desde donde resaltaban su buena visión de juego organizando al equipo y su hambre en el ataque. La faceta ofensiva de Domínguez hacía que su gen goleador marcara la diferencia y relata con especial añoro los quince goles que anotó en el Quijote Arena de Ciudad Real: “Fue un día en el que entraba todo y lo recuerdo con mucho cariño”. 

Como jugador, estuvo en categoría juvenil cuando el primer equipo estaba en Primera Nacional y más tarde también vivió el ascenso a División de Honor B. Justo antes del ascenso a ASOBAL, una lesión de rodilla truncó su buena proyección: “Fue un chasco tremendo. Me lesioné el cruzado anterior y el menisco. Aunque la operación salió bien no recuperé del todo. Ya me dediqué a trabar y a entrenar”. Dejó de formar parte de la primera plantilla y se mantuvo con la de Segunda Nacional. Pero al poco tiempo decidió dedicarse al balonmano solo fuera de la pista: “Después de entrenar a benjamines y alevines con 16 años, me dediqué solo a jugar y cuando me lesioné fue cuando empecé a entrenar otra vez”. No se le dio nada mal, pues un par de temporadas después de abandonar la competición, comenzó a entrenar a antiguos compañeros de equipo.

Desde entonces ha estado con el equipo de Segunda Nacional formando jugadores y nutriendo al Rebi Cuenca de canteranos. Un trabajo que Domínguez considera relevante desde la base: “Todos somos importantes, desde los entrenadores de los chicos más pequeños. Es verdad que cuanto más mayores son, más implicación táctica se requiere. Ahí es donde tienes que haber visto mucho balonmano”. Así, con los juveniles logró el subcampeonato de la Minicopa ASOBAL del pasado año. Una gesta complicada que, en palabras de Domínguez, tardará años en repetirse: “Tiene mucho mérito y es difícil que el primer equipo se clasifique para la copa ASOBAL y también que tengamos una generación tan buena capaz de ganar al juvenil de un equipo como es el Ademar León”. 

Ha nutrido al primer equipo con jugadores de calidad como Armando Arce o los actuales jugadores del Rebi Cuenca Jaime Colmena, David Notario, Héctor Chicano, o el reciente campeón de la copa 4 Naciones con España, Álvaro Martín. Esta proyección se consigue con multitud de ingredientes entre los que Domínguez destaca el sacrificio: “Un 80 % depende de los chicos y el otro 20 % de los entrenadores. Ellos tienen que poner de su parte y nosotros necesitamos saber tocar las teclas para que los chicos mejoren”. Ese compromiso se ve reflejado en los largos viajes que realizan en fin de semana y del que Domínguez, sacando provecho de su carácter afable, guarda alguna que otra anécdota: “Una vez en un pueblo de La Mancha del que no voy a decir el nombre, les ganamos y nos gritaban desde la grada que nos volviéramos a las montañas. Lo recuerdo con mucha gracia”. 

Compaginar entrenamientos, partidos y trabajo no es nada fácil y, a veces, la única solución pasa por invertir tiempo libre en el balonmano, una vicisitud que Domínguez conoce muy bien: “Tienes que tener mucha vocación. Cuando empecé tenía que compaginar mis entrenamientos, los entrenamientos como entrenador y sacar ratos para estudiar y más tarde para trabajar”. Y es que el nexo entre la cantera y el primer equipo no cuenta con una profesión sencilla, pues es auxiliar de enfermería en CADIG El Crisol, realizando turnos de muchas horas seguidas y reservando días libres y vacaciones para no faltar a su cita con los juveniles semana tras semana.

La empatía marca el rumbo de su buen hacer en el banquillo, a lo que se suma su excelente ojo en la táctica para darse cuenta del eslabón débil del oponente y de los puntos fuertes de su equipo. Una estrategia que aprendió sobre el tablero de ajedrez y que ha podido extrapolar fuera del deporte. Así, ha participado en varios concursos de televisión llevándose en todos ellos parte del bote: en La ruleta de la suerte ganó más de 2,000 euros; en Atrápame si puedes, 200 euros y en El cazador 67.000 euros a repartir entre tres. Fue en este último programa donde sus dotes de entrenador le llevaron a la victoria: “Al ir por equipos y no conocerte de antes, hice un poco de entrenador para enfocarnos todos en la misma línea de participación y conseguir el mayor número de aciertos posibles”. 

Sin techo en los concursos televisivos ni tampoco en el balonmano, parece que la táctica guía sus impulsos. Todo un acierto y un descanso saber que Jorge es el enlace entre la cantera y el balonmano profesional, entre la juventud y la experiencia. Sin presión, pero con responsabilidad, Jorge Domínguez seguirá haciendo del juvenil del Rebi Cuenca un equipo que gana y merece ganar. 

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Laura Benedicto Melero