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Julián Garde: “El deporte me apasiona, es mi segunda vida”

Capitanear el barco de la Universidad de Castilla-La Mancha no debe ser tarea fácil, aunque Julián Garde sabe lo que es lidiar contra las aguas bravas. El rector de la UCLM lleva vinculado a los deportes acuáticos desde muy temprana edad. Aunque recuerda que aprendió a nadar tarde, pronto comenzó a practicar natación tanto en piscina como en aguas abiertas. A los 13 años se adentró en el mundo del waterpolo, del que todavía no ha salido. “Empecé a jugar en categoría infantil. Me acuerdo porque fui a un campeonato de España con la selección de Madrid”.

En la capital desarrolló su trayectoria deportiva más fructífera en este deporte, pasando primero por las filas del Club Las Encinas de Boadilla y más tarde con el ya extinto Club Natación Ondarreta. Con este último, consiguió ascender una división por temporada hasta llegar a Primera Nacional. Cuando se marchó, el equipo consiguió llegar a División de Honor, manteniéndose varios años. Regresó a Madrid y cruzó el Atlántico para disputar en 2007 el campeonato del Mundo Máster de waterpolo en EE. UU. Con el Real Canoe Natación Club de Madrid.

Dejó Madrid en 1992 y regresó a tierras castellanomanchegas donde, en 2010, creó el Club Waterpolo Albacete. Fundó el equipo, compitió como jugador y entrenador y también alcanzó la presidencia. Tuvo que marcharse del club tras aceptar el nuevo reto de dirigir la UCLM como rector. Nunca se desvinculará ya del equipo, que lo nombró presidente de honor después de abandonar su cargo.

Competir al más alto nivel requiere de tenacidad y sacrificio, habilidades que Julián conoce bien: “Mi mayor destreza como jugador de waterpolo ha sido el esfuerzo. Entrenaba mucho y muy duro para poder jugar en el Ondarreta, con jugadores de una calidad extraordinaria”. Allí coincidió con compañeros que más tarde han jugado y ganado con la Selección Española absoluta. Recuerda compartir vestuario con el campeón olímpico Iván Moro (consiguiendo la medalla de oro en Atlanta en 1996) y con los campeones del mundo de Fukuoka 2001 Daniel Moro y Javier Sánchez-Toril. También coincidió con el actual seleccionador de la absoluta de waterpolo femenino, Miki Oca.

En la actualidad, continúa vinculado a los deportes acuáticos, pero ha decidido añadirles un plus solidario. Junto a seis amigos, fundó la asociación “Una brazada un céntimo”, en la que realiza travesías solitarias todos los años con la intención de recaudar fondos para donarlos a niños que, por motivos diversos, tienen problemas para practicar deporte. En 2012 comenzó esta aventura, mismo año en el que cruzó el estrecho de Gibraltar. Tuvo que prepararse con mayor ahínco tanto mental como físicamente para superar un reto de tal magnitud.

Imagen de Facebook de Una brazada un céntimo

Como principales dificultades, relata que tuvo que hacer frente a las corrientes: “son muy rápidas y, para avanzar, tienes que nadar más rápido que ellas”. También tuvieron que lidiar con el tráfico marítimo y, pese haberse preparado a conciencia, se encontraron con varias vicisitudes que alargaron el tiempo previsto hasta llegar a la isla de Perejil: “Al final, tardamos cinco horas y veinte minutos en cruzarlo e hicimos 21 kilómetros para recaudar fondos”.

Julián Garde cruzando el estrecho de Gibraltar

Es frecuente que Julián participe en estas brazadas anuales, para las que se prepara durante todo el año. Otra de las que guarda con mayor nostalgia es la realizada en 2015. Hace ya siete años que viajó hacia tierras asturianas para descender la ría de Navia.

Julián ha conseguido incorporar el deporte en su día a día: “A mí el deporte me apasiona, es mi segunda vida”. Por ello, no solo disfruta de él como profesional, sino también como hobby, practicando otros deportes como el baloncesto y el  fútbol con su grupo de amigos, disciplinas que también disfruta como espectador, aunque no son las que más le apasionan. Continúa viendo y disfrutando desde la butaca partidos de waterpolo. El último tuvo lugar el pasado fin de semana en Madrid, donde acudió para vivir un partido de ascenso a División de Honor femenina.

Todos los deportes que ha practicado han sido en equipo, lo que le ha ayudado a desarrollar valores que más tarde ha podido aplicar a su vida personal y profesional: “Por ejemplo, el waterpolo, que es minoritario y pseudoamateur, potencia mucho la confianza y la dependencia en los demás y te hace ser más generoso. La piscina cubre entera y ya solo con aguantar el partido es un gran esfuerzo. Se sufre mucho y la ayuda de los compañeros y su confianza es fundamental para sacar adelante los partidos”.

SU AFICIÓN POR EL BALONMANO

Es habitual ver a Julián en el Sargal disfrutando de las noches mágicas del Incarlopsa Cuenca en el Sargal. Reconoce que encuentra parecidos entre el waterpolo y el balonmano: “El balonmano me apasiona porque la forma de jugar en estático entre el balonmano y el waterpolo es muy parecida, sobre todo en ataque. Pero el balonmano es mucho más vistoso porque es más rápido. El waterpolo, al jugarse en el agua, es mucho más lento”.

Dividido entre ambas disciplinas, los dos son los deportes que más disfruta como espectador. “Me aficioné al balonmano hace relativamente poco. Inicialmente lo hice viendo un partido del equipo de Cuenca”. Ahora también sigue a otros equipos castellanomanchegos, como el Pozuelo de Calatrava o el Bolaños.

Pese a las ataduras de su cargo como rector, Julián continúa haciendo hueco al deporte en una agenda más que atareada y ajetreada. El Incarlopsa Cuenca siempre será su casa en un deporte que ha descubierto desde la grada, pero que vive como si estuviera en el campo. Aunque su corazón sigue copado por el waterpolo, el deporte que impulsó su carrera deportiva, que más tarde continuó desde el banquillo y que, sobre todo, le ha ayudado a formarse como jugador y persona.

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Laura Benedicto Melero