Corredora popular tardía, pero exitosa. Luz Moya no entiende la vida sin el deporte, mucho menos sin el atletismo. Lo descubrió en la edad adulta, pero no dudó ni un momento en apretarse las zapatillas, colgarse el dorsal y acariciar con sorpresa y esfuerzo varios podios. Antes de correr ha practicado otros deportes que sin duda han marcado su condición física, aunque no haya decidido dedicarse en cuerpo y alma a ninguno de ellos: “Me gusta mucho el deporte. No entiendo la vida sin practicar alguno. De hecho, soy muy aficionada, tengo mucha energía y me gusta canalizarla a través del deporte”.

Sus primeros coqueteos con la actividad física llegaron en el colegio. Allí no tenía dónde elegir y tuvo que jugar al baloncesto. Reconoce que no era lo suyo, pero las opciones escaseaban. El abanico de posibilidades se abrió un poco más en su etapa universitaria y al baloncesto se le sumó el tenis, aunque con modestia vuelve a recalcar que tampoco fue su deporte estrella. Sus dotes de liderazgo salieron a relucir durante este momento, cuando decidió ocuparse de la coordinación de deportes del colegio mayor de la Universidad Complutense de Madrid.
No le tembló el pulso al aceptar el cargo ni tampoco al proponer nuevas actividades. Contrató a una monitora de fitness y también a un monitor de ping pong y junto a otros tres compañeros formaron un equipo: “Sí que sabía jugar al ping pong porque en mi casa teníamos mesa y siempre jugaba cuando venían amigos. Pensé en montar un equipo y lo hicimos.Sabíamos pelotear y poco más y así nos lo hizo ver el monitor al que fuimos a contratar al preguntarnos que qué palas utilizábamos y nosotras no sabíamos que había diferentes palas según la goma o empuñadura”.
Con trabajo y curiosidad aprendieron a jugar y participaron en varios campeonatos de la universidad e incluso en una competición que organizó El Corte Inglés. Años más tarde cogería la raqueta de nuevo: el pádel llamó a su puerta, aunque pronto lo dejó para dedicarse en cuerpo y alma a preparar una maratón.

En la universidad empezó a hacer sus primeros pinitos en el mundo del atletismo. Los pocos ratos que le quedaban libres después de estudiar y el equipo de ping pong los dedicaba a salir a hacer footing por la ciudad universitaria. En Madrid continuó viviendo un tiempo y siguió vinculada al deporte. Tras finalizar sus estudios y dar sus primeros pasos en el mundo laboral pudo permitirse un sueño que llevaba tiempo intentando cumplir: “Me apunté a un gimnasio que siempre me había encantado pero que antes no podía permitirme. Mis primeros años de vida laboral lo que hice fue trabajo de sala en ese gimnasio donde se practicaban diversas disciplinas como aerobic, step, yoga, strech y también me apunte a la sala de cardio y musculación”.
Los primeros días tuvo que esforzarse el doble para alcanzar el ritmo vertiginoso de las clases, pero en menos de un mes se acostumbró a base de entrenamiento y perseverancia: “Enseguida me mimeticé con mis compañeras, terminaba la clase y ya pedíamos otra. No me rendí, fui aprendiendo poco a poco”.
Regresar a Cuenca y reencontrarse con sus raíces. En su ciudad fue donde Luz comenzó a desenmarañar su glorioso camino en el atletismo. Antes, probó diversas actividades en las escuelas municipales de la ciudad: “Siempre me han parecido una buena oportunidad para iniciarte en el deporte”. También probó el spinning y su ADN adictivo le hizo entrenar cada vez más sobre los pedales: “Cada vez me gustaba más, los monitores te motivaban y acababas la clase dándolo todo, luego empecé a combinarlo con correr”. Ya no había vuelta atrás.
El atletismo, su gran pasión

Tras sus primeros paseos disfrutando de las vistas de la Hoz poco a poco y paso a paso empezó a correr. Lo hacía sola y así compitió en su primera carrera “Hoz del Huécar”. En sus prematuros 15 kilómetros como competidora un escalofrío recorrió su cuerpo al cruzar la línea de llegada: “Cuando alcancé la meta pensé: “Esto me gusta muchísimo”. La siguiente carrera en la que participé fue en la del Pavo”. En la tradicional competición navideña le acompañaron su marido y un amigo.
El Pavo fue su primera medalla de plata y aunque no iba concienciada con subirse al podio, su buena actitud y actuación durante la carrera y los ánimos de más de un corredor le hicieron presagiar lo que estaba a punto de ocurrir: “Cuando íbamos por el centro de recepción de turistas un amigo me dijo que iba muy bien en la categoría de mujeres. El final en el puente de San Antón fue muy duro, pensaba que no podía más. No recuerdo cómo subí ese tramo. Ver las listas y ver tu nombre arriba es una satisfacción muy grande”.

Semanas después recibió la llamada del Club de Atletismo de Cuenca y se enfundó su camiseta. También se unió al grupo de corredores “Los Hombres de Paco” y se apuntó a la Escuela del Corredor, gestionada por los atletas Alberto Fernández y Sonia Plaza: “Esto nos dio la oportunidad de empezar a entrenar con gente licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte además de ser unos conocidos corredores conquenses que nos servían de referencia, así comencé a entrenar siguiendo un entreno pensado con un objetivo concreto y siempre dentro de las posibilidades de cada uno”.
El oro llegó en la carrera “Corre y emprende” que organizó la CEOE CEPYME de Cuenca. 10 kilómetros que recorrían el centro de la ciudad, una gozada visual para conocer Cuenca desde otro prisma: “Tuve el primer puesto en la categoría de empresarias y también en la categoría de veteranas. Dos podios en Cuenca fueron para mí un orgullo. Me gustó mucho la carrera por los resultados y el recorrido”. Ni qué decir tiene que en la provincia ha participado en multitud de ocasiones en los circuitos de la Diputación Provincial de Cuenca.

No tardaría en adueñarse de nuevos retos para seguir progresando y después de haber corrido bastantes medias maratones y sentir que esa distancia la tenía dominada, se hizo a la idea de correr su primera maratón. La distancia reina la esperó en Sevilla: “Alcanzar la meta a fue increíble porque pude disfrutar de toda la carrera, lo importante es el entrenamiento, son muchos meses, y si quieres llegar al objetivo con éxito hay que cumplirlo a rajatabla y así lo hice, dando igual la meteorología o el resto de los factores, si preparas un maratón hay que dedicarse a tiempo completo, los nervios de los días previos a la puesta en escena fueron inevitables , porque habiendo corrido como máximo 24 kilómetros no sabía cómo iba a afrontar una maratón de 42 kilómetros. Pero lo importante es la calidad del entrenamiento y tuve la suerte de entrenar con buenos profesionales”.
Luz ha conseguido varios logros deportivos fuera de Cuenca. En Requena corrió una 15 K como chequeo a la media maratón de Valencia para la que se estaba preparando. Allí volvió a colgarse otra plata: “Me vine arriba, cogí el micrófono y les invité a todos a venir a Cuenca a correr”.
Corriendo al máximo nivel, su gen de profesional sanitaria se hizo visible en su preocupación por su estado físico. La farmacéutica, presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Cuenca, acudía a Madrid para realizarse pruebas de esfuerzo y cerciorarse de que su cuerpo estaba en sintonía con su mente y, sobre todo, con sus ganas de seguir inmersa en el mundo de la carrera continua: “Aun siendo una corredora popular hay que vigilar muy de cerca las condiciones físicas para afrontar los retos con las mayores garantías. Hoy en día he rebajado bastante mi actividad de corredora, mantengo 2 días de entrenamiento funcional y trato de salir tres a correr”.
Queda claro que prefiere el asfalto a la montaña, correr a la raqueta y disfrutar del camino a marcarse objetivos. Quizás, si Luz hubiera sabido de sus aptitudes físicas se hubiera iniciado en el atletismo durante su juventud. Ahora echa la vista atrás y siente orgullo de todos los sprints finales que, cargados esfuerzo y tesón, le han ayudado tantas veces a cruzar la línea de meta.




































































